Buscando destino a: Jonathan Kuminga
El próximo 15 de enero los Warriors podrán traspasar a Jonathan Kuminga. La situación parece inevitable que se resuelva con un traspaso.
La situación de Jonathan Kuminga con los Golden State Warriors hace tiempo que pasó el punto de ser insostenible.
Hay un momento en toda relación tóxica de la NBA donde las cartas ya están sobre la mesa y la resolución de la partida es inminente. Para Jonathan Kuminga y los Golden State Warriors, ese momento ocurrió oficialmente hace unas noches en el Barclays Center. Estamos hablando de un escenario clásico de preservación de activos disfrazado de decisión técnica: cuatro DNPs consecutivos en aquel momento (son ya seis ahora mismo), escasos minutos en solo cuatro partidos en todo diciembre, y la humillación final de ser el único jugador disponible que no pisó la cancha contra los Nets, mientras Steve Kerr vaciaba el banquillo utilizando a 13 de sus 14 hombres.
Cuando ves a los Warriors rotar a todo el mundo menos a su antigua promesa, no necesitas ser un experto en lenguaje corporal o lectura de toma de decisiones de los entrenadores para entender que Kuminga ya tiene un pie y medio fuera de San Francisco.
Steve Kerr intentó vendernos la narrativa habitual en la rueda de prensa, soltando esa frase de “esto le pasa a todo el mundo, excepto a las estrellas”, lo cual ya de por sí es un recadillo a Kuminga, y hablando sobre el ritmo y la disponibilidad. Pero seamos serios por un segundo. Cuando estás dando minutos a Gui Santos por encima de un tipo que promediaba 17 puntos hace un mes, no es una cuestión de “ritmo”. Es una decisión tomada en los despachos.
Kerr, quien nunca ha tenido miedo de enviar mensajes sutiles y no tan sutiles a través de sus rotaciones, básicamente ha colgado el cartel de “en venta hasta final de existencias” en Kuminga. Incluso Buddy Hield, que se suponía que iba a perder protagonismo con el regreso de Melton, jugó sus minutos. La exclusión de Kuminga no es un castigo, es un envoltorio de plástico de burbujas para evitar que se rompa antes de ser enviado por Seur a otra franquicia.
Aquí es donde entra mi parte favorita, la relacionada con el convenio colectivo y sus recovecos. Como decía Marc Stein en su último artículo mencionando al jugador, esto ya no se trata de baloncesto, se trata de matemáticas. Kuminga es un contrato andante de 22.5 millones de dólares con una opción de equipo de 24.3 millones para el año que viene. En el idioma de los despachos de la NBA, eso se traduce como “el salario de relleno perfecto para un traspaso grande”. Con la fecha mágica del 15 de enero acercándose, el día en el que Kuminga puede ser traspasado, los Warriors están alineando sus fichas.
Ponerlo a jugar ahora es un riesgo innecesario. Si le da por torcerse un tobillo en los minutos de la basura contra Brooklyn su valor se desplomaría aún más. Los Warriors han hecho un cálculo, y aunque su salida de la rotación también le hace perder valor, han decidido que prefieren mantenerlo aislado de posibles riesgos, ya que tampoco consideran que su impacto en la pista les lleve a victorias.
Esto se veía venir desde kilómetros de distancia, era la resolución más esperada. La relación Kerr-Kuminga siempre ha tenido esa tensión incómoda de un entrenador al que no le gusta un jugador, pero durante un tiempo tiene que guardar las apariencias y darle minutos porque es una apuesta del que está en los despachos. Kerr, un purista del movimiento del balón, nunca ha digerido la selección de tiros de Kuminga. En la temporada pasada se hizo viral una jugada en la que Kuminga decidió ignorar a Stephen Curry para jugarse un uno contra uno, y ese tipo de herejía baloncestística no se olvida en Golden State. Súmale a eso una agencia libre restringida desastrosa en verano que terminó en este contrato puente de dos años (renunciando a su cláusula anti-traspaso, un detalle crucial), y tienes la receta perfecta para un divorcio telegrafiado.
Lo más frustrante para los fans de los Warriors supongo que es el “lo que pudo haber sido”. Ya no solo por estos últimos años. Incluso al inicio de esta misma temporada Kuminga parecía haber dado el salto, mejorando sus números a 17.2 puntos con un 51% en tiros y palabras bonitas tanto suyas como de Steve Kerr. Pero desde el 7 de noviembre su producción se ha desplomado a unos tristes 6.3 puntos por partido, y Kerr hace tiempo que se lo cargó de la rotación principal. Otra vez.
En los veteranos Warriors no hay paciencia para el desarrollo de un jugador de su tipo, y menos cuando está cantado que quieres salir de allí porque no casas con el entrenador. Jugadores como Hield, Moody y Podziemski igual tienen menos talento que él, pero entienden el ecosistema en el que se encuentran y se adaptan a él, mientras que Kuminga, con su nivel atlético de élite pero su toma de decisiones cuestionable, se ha convertido en una pieza que no encaja en el rompecabezas.
Kerr lo dijo claramente tras el partido de los Nets: “hay un camino, pero ahora mismo no se encuentra en él”.
Traducción: el camino lleva a la puerta de salida. ¿Hacia dónde? Tengo 6 equipos en mente.




