El Prestigio: Me da miedo la futura reforma de la lotería del draft
Para qué tocas. No toques tanto.
Puede que la película te guste más o menos, conozco a gente que la odia y a otra que la ama, pero hay una escena fantástica en la parte final de El Truco Final en la que el personaje de Michael Caine explica que todo gran truco de magia consta de tres actos. La primera parte es “La Promesa”, donde el mago te muestra algo ordinario. La segunda es “El Giro”, donde ese algo ordinario hace algo extraordinario. Pero no es suficiente, porque hacer que algo desaparezca no tiene mérito por sí solo, para que sea realmente impactante tienes que traerlo de vuelta. Ahí es donde entra la tercera parte, la más difícil, la que da nombre a la película en inglés: “El Prestigio”.
¿Hacia dónde va Kike esta vez?, os preguntaréis. Pues voy a que, en la NBA actual, Adam Silver se ha convertido en el mago supremo. Y su último gran truco de prestidigitación consiste en hacernos mirar fijamente a un problema fabricado y exagerado para que ignoremos el verdadero elefante que está destrozando la habitación.
Ese problema sobredimensionado es el tanking. Y su “solución” es una inminente reforma de la lotería del draft que amenaza con destruir uno de los pocos eventos genuinamente emocionantes que le quedaban al aficionado de a pie.
Tanking nuevo, tanking viejo
La cruzada de la liga contra el tanking no es nueva. Pasó en los 80, y por eso se creó la lotería. Pasó en los 2000 también, y desde los días en los que Sam Hinkie instauró “The Process” en Philadelphia, la oficina de la NBA ha vivido aterrorizada por la idea de que los equipos pierdan partidos a propósito para acumular selecciones altas en el draft. Aquel trauma generó una sobrerreacción que culminó en los cambios de probabilidades de la lotería en 2019.
En aquel momento, la liga aplanó las probabilidades de manera drástica. Le quitó al peor equipo de la liga su tradicional 25% de probabilidades de llevarse el número uno y otorgó a los tres peores equipos un idéntico 14% de opciones cada uno. El sistema anterior también utilizaba la lotería únicamente para seleccionar las tres primeras elecciones, mientras que los equipos restantes se colocaban según su récord. El nuevo sistema pasó a sortear cuatro selecciones a través de la lotería, añadiendo supuestamente más incentivos para que los equipos compitieran, ya que la incertidumbre se extendía a un rango más amplio de posiciones.
Además, se añadió el torneo de Play-In, un invento que durante su primer par de temporadas funcionó razonablemente bien para mantener a los equipos de la zona media compitiendo hasta abril en lugar de tirar la toalla a mediados de febrero, pero que enl as últimas temporadas ya no ha cumplido esa función porque en el All Star ya todos sabíamos los 10 equipos de cada lado del cuadro. La idea era motivar a los clasificados en las posiciones 9 y 10 de cada conferencia a seguir peleando al final de la temporada en lugar de dejarse llevar buscando mejores probabilidades en el draft. Ha tenido éxito en ese sentido a medias, dependiendo de cada temporada y de cada equipo concreto.
Hasta cierto punto, estas medidas funcionaron. No hemos vuelto a ver un “Proceso” tan descarado, tan explícito y tan extremo como el de Hinkie. Pero hemos visto cómo una versión del tanking más light que esa se ha extendido a más equipos.
Aquella reforma de la lotería del draft hizo que el tanking se extendiera, se democratizara, que no quedara reservado solo a unos pocos. Uno pensaría que, vistos los resultados, lo lógico habría sido recoger cable, admitir el error y volver a un sistema anterior, en el que tankeaban 3 o 4 equipos, en vez de 10.
Pero no, parece que los tiros no van por ahí. Y por eso tengo miedo con la decisión que puedan tomar.
El diagnóstico equivocado
Mi opinión, y sé que sería impopular en los pasillos de las oficinas de Park Avenue, es que este discurso alrededor del problema del tanking está absolutamente alejado de la realidad y sobredimensionado por una temporada en la que se junta que hay una camada buena con la necesidad de los medios por dramatizar para ganar clicks y visualizaciones. Esta polémica todavía bebe mucho de fantasmas del pasado como los 76ers de Hinkie, o de cuestiones muy puntuales como la de los Dallas Mavericks al final de la temporada 2023. Lo dije en diciembre y lo sigo diciendo ahora: el problema estructural del tanking de hoy es el mismo que el de hace uno o dos años. Lo que cambia es la camada del draft y las circunstancias individuales de los equipos implicados.
Entiendo que haya un miedo atroz a que alguien decida hacer otro Hinkie. Pero la cruda realidad de la NBA es que siempre ha habido y siempre habrá un porcentaje de la liga, quizás hasta un tercio, y más aún si añades dos franquicias más, compuesto de equipos que son naturalmente malos, o como mínimo mediocres. Equipos mermados por plagas de lesiones. Franquicias lastradas por una gerencia negligente e incompetente. No tiene por qué haber necesariamente tanking maquiavélico detrás de ellos.
Y sin embargo, tras la última reunión de la Junta de Gobernadores, Adam Silver ha salido a la palestra con una narrativa apocalíptica. Ha declarado que la liga necesita hacer algo “más extremo”, que los incentivos no cuadran y que van a “arreglarlo, y punto” de cara a la próxima temporada. Para ello, se ha convocado una votación extraordinaria en mayo. Según le han filtrado a Shams Charania, en la última reunión se han presentado tres propuestas integrales, tres engendros matemáticos que supondrían un desvío radical del sistema actual.
Pero además de diseccionar estas aberraciones (sobre las cuales ya han dicho que no son las ideas finales al ver el mal recibimiento), tenemos que hablar de por qué están haciendo esto realmente. Porque el mago está preparando su truco, y mientras te hace desviar la atención con una mano hacia las pelotas de ping-pong, con la otra te saca una moneda de la oreja.
Las tres propuestas: no sé cuál me gusta menos
Las tres propuestas comparten un denominador común que, por sí solo, ya supone una revolución conceptual: incluir a equipos que han llegado a la postemporada en el proceso de la lotería del draft. A partir de ahí, cada una diverge hacia su propia versión del caos. Vamos a diseccionarlas, porque la complejidad de las mismas hace que tengamos que leer alguna de ellas varias ocasiones para entenderlas.




