¿Está enviando Sam Presti un mensaje al propietario de los Thunder?
Sam Presti dispara en la prensa.
Hay ejecutivos que administran su palabras públicas como quien administra sus primeras rondas de Draft futura, y Sam Presti es el ejemplo canónico. El general manager de Oklahoma City no concede entrevistas a los medios. Comparece en el inicio de curso, comparece en el final del curso, en ambos casos se puede tirar hasta dos horas de reloj hablando con los medios, y entre medias deja que sus movimientos hablen por él.
Por eso, cuando accedió a sentarse esta semana con Justin Martinez de The Oklahoman la noticia no fue tanto lo que dijo, que también, como el hecho mismo de que lo dijera, y lo que eso significaba. Un único reportero, un único medio, un mensaje calibrado al milímetro y posiblemente iniciado desde el mismo ejecutivo de los Thunder. En la economía comunicativa de Presti, una entrevista voluntaria de este tipo es un acontecimiento tan revelador como el propio traspaso que la motiva.
El traspaso, claro, es la salida de Lu Dort rumbo a los Hawks dentro de una operación a tres bandas que envió a Zaccharie Risacher a Dallas, a Ryan Nembhard a Atlanta y otorgó a Oklahoma City tres segundas rondas y, sobre todo, mucho ahorro económico. Dort, el canadiense undrafted de 2019, el jugador con más antigüedad de la plantilla, posiblemente el mejor defensor perimetral de un equipo campeón hace apenas un año, se marcha por un puñado de picks de segunda ronda que en el mercado valen lo que vale el papel en el que están impresos. Y Presti, en lugar de vestir la jugada con eufemismos deportivos, como habría hecho la gran mayoría de los ejecutivos de la liga, la etiquetó con una franqueza casi provocadora.
Fue, reconoció, una decisión financiera. Económica. Que venía desde arriba. Reconocimiento que solo alguien con la seguridad laboral de Presti se puede permitir.
Esa frase, “fue una decisión financiera”, es el eje sobre el que gira todo lo demás, porque un directivo tan meticuloso con el lenguaje y con sus apariciones no sale a pronunciarla por casualidad. Alrededor de ella se ha construido, en las últimas horas, una lectura que trasciende el baloncesto: la sospecha de que Presti no estaba hablándole a la afición ni a los periodistas, sino a dos audiencias muy concretas sentadas mucho más cerca de él.
Una está en el palco.
La otra lleva el peso de ser el jugador franquicia sobre los hombros.




