NBA con Contexto

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La NBA de los fondos de inversión

Veinte de las treinta franquicias de la liga tienen ya alguna conexión con el capital privado. ¿Cuáles son las normas? ¿Qué se gana, y se pierde, en este matrimonio de conveniencia?

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Kike García
jul 12, 2026
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Cuando hace unas semanas saltó la noticia de que los Celtics enviaban a Jaylen Brown, MVP de las Finales de 2024, a los Sixers a cambio de Paul George, dos primeras rondas y dos segundas rondas del Draft, la primera reacción fue de estupefacción. De intentar encontrar respuestas que pudieran justificar lo que había pasado. Y, una vez procesado todo, muchos concluyeron que había que mirar hacia arriba, hacia los despachos.

🚨¿QUÉ NARICES HA PASADO EN LA NBA?🚨 (Día 2 de mercado)

Kike García
·
Jul 2
🚨¿QUÉ NARICES HA PASADO EN LA NBA?🚨 (Día 2 de mercado)

Vaya semanas absolutamente locas que llevamos en la NBA. Hacía siglos que no veíamos algo así.

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Sí, había que mirar hacia Brad Stevens. Pero también a Bill Chisholm y, sobre todo, hacia Sixth Street, el gigante del capital privado que sostiene una parte sustancial del accionariado verde.

La sospecha, justa o injusta, ya está instalada: que las decisiones deportivas de una franquicia campeona hace dos años responden hoy a una lógica de cartera de inversión antes que a una lógica de banderas colgadas del techo del TD Garden.

Esa sospecha es el síntoma de una transformación mucho más profunda que el mercado de traspasos de este verano. Según los datos de PitchBook recogidos por Front Office Sports, veinte de las treinta franquicias de la NBA llegaron a la temporada 2025-26 con algún tipo de conexión con el capital privado, aunque menos de diez tienen fondos invirtiendo directamente en su capital. Hace apenas un lustro, esa cifra era prácticamente cero, porque la liga ni siquiera contemplaba un cauce formal para que un fondo institucional comprara participaciones minoritarias. Hoy ese tipo de dinero está dejando de convertirse en la excepción para ser la norma.

Y esa norma está creciendo a una velocidad vertiginosa. En apenas doce meses hemos visto la aprobación unánime de la venta de los Lakers a Mark Walter por una valoración de 10.000 millones de dólares, la cifra más alta jamás pagada por el control de un equipo en el deporte profesional, el cierre definitivo de la compra de los Celtics por 6.100 millones y la compra de los Trail Blazers por el grupo de Tom Dundon a una valoración combinada de unos 4.100 millones. Tres de las cuatro ventas de control más caras de la historia de la liga, concentradas en solo doce meses.

Detrás de cada una de ellas, de forma más o menos visible, hay estructuras de capital que habrían sido impensables en la NBA de David Stern. Fondos con participaciones preferentes, cierres en dos fases, sindicatos de inversores reclutados contrarreloj para cumplir el reglamento.

Repito. Veinte de las treinta franquicias de la liga tienen ya alguna conexión con el capital privado. Mientras los Lakers se venden por 10.000 millones y Boston digiere el adiós de Jaylen Brown, vamos a intentar entender quién es realmente el dueño de la NBA, qué normas regulan la entrada de los fondos y qué se gana o se pierde en este matrimonio de conveniencia.

Este artículo es un mapa de ese nuevo territorio: las normas, los actores, los casos recientes y el debate de fondo sobre cómo puede ser todo esto perjudicial para el baloncesto.

De activo trofeo a vehículo de inversión

Durante décadas, poseer una franquicia NBA fue lo que los banqueros de inversión llaman un “activo trofeo”. Algo que un multimillonario compraba por prestigio, por pasión o por vanidad, asumiendo que la rentabilidad, si llegaba, sería un efecto secundario. Otros lo compraban como juguete. Era el equipo de su ciudad y siempre pensaron que podían construir una plantilla campeona, así que se lo compraron para ver si era verdad.

Ese modelo funcionó mientras los precios lo permitieron. Y dejó de funcionar cuando las valoraciones crecieron hasta tal punto que dejaron de permitirlo.

El punto de inflexión en cuanto a su regulación llegó cuando Adam Silver propuso en 2019 abrir la puerta a que fondos de capital privado compraran participaciones minoritarias, una estructura que se formalizó en enero de 2021. La NBA se convirtió así en la primera gran liga estadounidense en aceptar dinero de “private equity”, un camino que después recorrerían NHL, MLB, MLS y, finalmente, la reticente NFL.

La lógica de Silver era, y sigue siendo, basada en los números y en la necesidad de que el crecimiento sea constante. El propio comisionado lo explicó sin rodeos en 2023. La liga abrió las puertas a los fondos porque, sencillamente, se estaba quedando sin individuos capaces de firmar cheques de ese tamaño, especialmente para participaciones menores en franquicias que no otorgan el control del equipo.

Y abrirse a que entren los grandes tiburones en tus aguas te permite moverte en tamaños más grandes, pero corres el riesgo de que alguno te muerda.

Vamos a pensarlo desde la perspectiva de un propietario minoritario clásico. Alguien que compró el 20% de una franquicia en los años noventa por unas decenas de millones se encuentra hoy con que su participación vale casi mil millones o más, pero no tiene a quién vendérsela, porque la cantidad de compradores privados con esa liquidez y sin ambición de mandar en el equipo es minúscula o inexistente.

Los fondos resuelven ese problema de liquidez.

La explosión de valoraciones alimentada por el acuerdo de derechos televisivos de once años y 76.000 millones de dólares con Disney, NBCUniversal y Amazon, que más que duplicó el valor anual del contrato anterior, no ha hecho más que agrandar el problema que los fondos vienen a resolver. Cada franquicia ingresa ahora en torno a 200 millones anuales solo por la televisión nacional, antes de vender una sola entrada de su estadio. Ese suelo de ingresos garantizados y crecientes es, precisamente, lo que convierte a una franquicia de la NBA en un activo tan atractivo para convertirse en una inversión. Flujos predecibles, escasez estructural (solo hay treinta de este tipo en concreto en todo el mundo) y una demanda de contenido en directo que resiste todas las disrupciones del entretenimiento.

Alex Michael, director gerente del banco de inversión LionTree, lo resumió en Front Office Sports con una frase. “Las franquicias NBA han pasado de ser activos trofeo a ser vehículos de inversión atractivos para el dinero institucional, desde el los fondos privados hasta los fondos soberanos. La cuestión, como veremos, es que un vehículo de inversión tiene pasajeros con billete de ida y vuelta que deciden hacia dónde se mueve. Y los aficionados no van dentro de ese vehículo.

Qué puede y qué no puede hacer un fondo

El marco regulatorio que la NBA construyó en 2021 es deliberadamente restrictivo, y entenderlo es imprescindible para comprender todo lo demás, empezando por el lío de la propiedad de los Boston Celtics.

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