NBA con Contexto

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Las verdades y mentiras del éxito televisivo de la NBA esta temporada

La liga firma su mejor año de audiencias en casi tres décadas, estrena con nota a Prime Video y NBC, y al mismo tiempo aprende a maquillar un escenario que se encoge bajo sus pies.

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Kike García
jul 05, 2026
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La NBA cerró la temporada de su nuevo contrato televisivo con un titular irresistible: las Finales entre Knicks y Spurs promediaron 20,6 millones de espectadores en ABC y ESPN, la cifra más alta desde 1998, el año en que Michael Jordan se despidió de los Bulls levantando su sexto anillo. El quinto y definitivo partido, la coronación de Nueva York tras 53 años de sequía, llegó a 24,5 millones de media y tuvo un pico de 33 millones en los minutos finales.

Después de un lustro de Finales anémicas, 34 partidos consecutivos por debajo de los 14 millones entre 2020 y 2025, la liga vuelve a sentirse grande.

El relato de éxito no se limita a junio. La temporada regular promedió 1,78 millones de espectadores entre NBC/Peacock, ESPN/ABC y Prime Video, un 16% más que el año anterior y la mejor marca en siete años en sus socios principales. NBC, de vuelta al baloncesto tras 24 años de ausencia, promedió 2,8 millones y más que duplicó las ventanas equivalentes de la temporada pasada. Y por encima de todo flota esa cifra colosal a la que la liga le ha dado tanto bombo, y que dice que 170 millones de personas vieron algún partido durante el curso, un 86% más que el año anterior y, según la NBA, la mayor cifra en 24 años. Aunque me gustaría saber cómo se calcula ese dato.

El problema es que casi ninguno de esos números significa exactamente lo que parece significar, o al menos hay que ponerles matices. Detrás de todos estos grandes titulares hay una metodología de medición modificada en varias ocasiones, un universo televisivo que se vacía, una cuota de pantalla que sube precisamente porque cada vez hay menos gente delante del televisor, y una métrica estrella, el famoso “alcance”, diseñada para no poder compararse con nada.

La NBA no miente en sus números, que han sido excelentes, pero ha aprendido a elegir qué verdad cuenta. Y tratar de separar lo real de lo inflado es el ejercicio más útil que se puede hacer con este balance.

Por qué no tiene sentido comparar 2026 con 1998

Empecemos por la trampa más elegante, la del “desde 1998”. Porque es cierta y es engañosa a la vez. Y parece que se lleva por delante a aquellos enfrentamientos entre LeBron James, Stephen Curry y compañía.

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