Lo que sabemos, y lo que intuimos, de la nueva venta de los Lakers
Los Lakers cambian de dueño otra vez: dentro de la operación de 12.500 millones que reordena el poder en la NBA. Otra vez.
Josh Kushner y Bob Iger se lían la manta a la cabeza y compran la franquicia más icónica del baloncesto a un Mark Walter investigado por la fiscalía federal de Manhattan menos de un año después de que este cerrara su adquisición.
Así, como titular, no está mal. Pero hay mucho más.
Detrás de esta nueva venta récord hay:
30 años de amistad con Adam Silver.
Una puja de expansión que nos da en la nariz que se queda coja o que puede apuntar a otros acontecimientos
Un acuerdo cerrado en setenta y dos horas (¿alguien se lo cree?).
Un agujero de financiación de miles de millones.
Y un apellido que hasta hace muy poco tiempo sería casi impensable ver relacionado en negocios directos con la NBA.
Hay operaciones que se explican por sí solas y operaciones que solo se explican por lo que no se cuenta. La venta de Los Angeles Lakers a Josh Kushner y Bob Iger por un valoración aproximada de 12.500 millones de dólares no me cabe duda de que pertenece al segundo grupo. No porque el precio sea inverosímil tras la salida de LeBron James de allí y habiendo pasado tan poco tiempo, sino porque cada uno de sus componentes contradice lo que sabíamos, o creíamos que sabíamos, hace tan solo seis semanas.
En ese momento Kushner e Iger estaban construyendo un grupo inverso para meterse en la puja por la franquicia de expansión de Las Vegas. Mark Walter hacía catorce meses que había acordado la compra para convertirse en el propietario con control de los Lakers, y habían pasado menos de diez meses desde que la Junta de Gobernadores aprobó su compra por unanimidad. Nadie, absolutamente nadie, habría pensado que los Lakers estaban en el mercado. Nadie, claro, menos quien supuestamente le dio el chivatazo a los futuros nuevos propietarios.
Y, sin embargo, aquí estamos. Ramona Shelburne publicó la información en ESPN el miércoles por la mañana, informando de que Iger y Kushner se acercaron a Walter con la idea el domingo, y el acuerdo quedó cerrado en setenta y dos horas.
¿Es posible que se cierre un negocio de estas características en un plazo de 72 horas sin que haya otro tipo de presiones detrás?
Walter, que compró el control a la familia Buss en junio de 2025 con una valoración de 10.000 millones, sale con una plusvalía de 2.500 millones en poco más de un año, lo cual le permite vender de cara a la galería que ha hecho un negocio redondo. Se queda los Dodgers, se queda el Chelsea, se queda Cadillac en la Fórmula 1, se queda la PWHL. Vende exclusivamente el activo que está sometido al escrutinio institucional más duro de toda su colección de activos deportivos, en el momento en que la fiscalía federal de Manhattan y la SEC investigan a dos aseguradoras bajo su control.
¿Demasiadas casualidades? Hay alguna más, como veremos en unos párrafos.
Si se pregunta sobre esto a la liga esta responderá que no tiene nada que ver, que no hay cargos presentados contra Walter ni contra ninguna de sus compañías, y que este tipo de investigaciones se cierran a menudo sin consecuencias. Es cierto. Pero también es cierto que el propietario de los Lakers entregó su teléfono y un portátil al FBI en el aeropuerto de Midway el pasado septiembre, que las citaciones del gran jurado llegaron en febrero y que la Junta de Gobernadores tiene, desde el precedente Sterling, un mecanismo perfectamente engrasado para forzar la venta de una franquicia cuando su propietario se convierte en un problema reputacional.
Lo que tenéis por delante en estas 3.000 palabras aproximadamente es un intento desde mi pueblo soriano de referencia de ordenar las que yo veo como las siete capas principales de esta operación: la aritmética que la hace posible, quién pone realmente el dinero, la red de relaciones personales que explica por qué son estos los nuevos propietarios, el apellido que pondrá a la NBA en el punto de mira, la teoría que circula desde el minuto uno, las miguitas de pan que nos puede estar dejando sobre lo que sucede en el proceso de expansión y qué ocurre ahora dentro de las oficinas de El Segundo.
La aritmética imposible de una marca




