Los Chicago Bulls intentan salir del bucle de la mediocridad
¿Es posible hacerlo si el que está por encima de todos sigue siendo el mismo?
Detrás de cada franquicia atrapada en la mediocridad hay una propiedad que, en el fondo, no sufre lo suficiente como para cambiar de verdad. Chicago es el caso de estudio definitivo. Los Reinsdorf, familia propietaria de los Chicago Bulls desde 1985, han protagonizado durante una generación entera su propia versión de esa inercia estructural: cambiar caras, renovar discursos, firmar comunicados sobre el futuro, y seguir exactamente igual.
El despido de Karnisovas y del general manager Marc Eversley, anunciado este pasado lunes con la temporada aún en curso, tiene todos los ingredientes del final escrito de antemano. La franquicia se encontraba en ese punto con un registro de 29-49, decimosegunda en el Este, fuera de los Playoffs por cuarto año consecutivo, esta vez ni siquiera dentro del Play-In después de la demolición del pasado trade deadline.
Pero la decisión no llegó por los números, que llevaban siendo malos desde hace tiempo. Si hacemos caso a la rumorología, la gota que ha colmado el vaso cayó por el episodio Jaden Ivey, un escolta adquirido en febrero desde Detroit como una de las apuestas jóvenes del deadline, y que disputó cuatro partidos antes de ser cortado por declaraciones homófobas vertidas en redes sociales en medio de un episodio que duró varios días. Un fiasco de lo que allí llaman la “debida diligencia” tan evidente que, según fuentes citadas por el Chicago Sun-Times, la propia propiedad ya era consciente de que Ivey había exhibido conductas similares con anterioridad, aunque los Pistons, listos ellos, se lo tenían callado.
Este parece que fue el último eslabón de una cadena de negligencias que llevaba tiempo tensándose.
Lo que hace especialmente interesante este caso, más allá del relato deportivo convencional, es lo que revela sobre la arquitectura de poder dentro de una franquicia de la NBA, y sobre la complicidad tácita de una propiedad que durante años rubricó la mediocridad con su silencio. Michael Reinsdorf, presidente y consejero delegado de los Bulls, e hijjísmo del propietario histórico Jerry Reinsdorf, por supuesto (ya sabéis eso que repito a veces de NBA = Nepotism Basketball League), ha salido a decir que “no han tenido el éxito que merecen sus aficionados” y que comprende la frustración.
Pero sus palabras no responden a la pregunta esencial: ¿por qué tardaron tanto? ¿Y qué parte de ese fracaso se fabricó deliberadamente desde arriba?




