New Orleans Pelicans: previa del verano de 2026
La franquicia atrapada entre dos relojes.
Una vez me explicaron que en la física existe un concepto llamado superposición cuántica. Se trata de la capacidad de una partícula de encontrarse en dos estados simultáneamente hasta que alguien la observa y colapsa en uno solo.
Los New Orleans Pelicans llevan temporadas viviendo en ese estado de superposición cuántica deportiva.
Son un equipo lo suficientemente joven como para justificar la paciencia de una reconstrucción, pero lo suficientemente veterano como para exigir resultados inmediatos que no están logrando. Tienen talento suficiente para aspirar a estar en los Playoffs, pero insuficiente para llegar a ellos, parece. Poseen rookies con destellos de élite y veteranos con contratos que asfixian la flexibilidad necesaria para rodearlos. Esa dualidad no es accidental. Es el resultado de decisiones tomadas en distintos momentos por distintas filosofías de construcción de plantilla que nunca llegaron a reconciliarse del todo.
La temporada 2025-26 debía ser el año en que los engranajes encajaran. Joe Dumars fue contratado en mayo de 2025 como vicepresidente ejecutivo de operaciones de baloncesto con las credenciales de tres campeonatos en su currículum, y con cierta ayuda de la propia NBA, donde estaba ocupando también un cargo de vicepresidente. Dumars había articulado una visión clara, pensando que el núcleo existente (Zion Williamson, Trey Murphy, Dejounte Murray, Herb Jones) era suficientemente bueno, y lo que se necesitaba era construir a su alrededor, no demoler y reconstruir.
La organización tomó esa postura hasta sus consecuencias más extremas. Rechazó ofertas por sus mejores jugadores en el trade deadline, traspasó una primera ronda sin protección de 2026 en el Draft de 2025 para subir hasta el puesto 13 y seleccionar a Derik Queen, y apostó por la salud como variable diferencial que esta vez iba a caer a su favor. Uno de los peores balances, en un Draft que se espera que sea muy bueno, pero sin su pick por aquel traspaso por Queen. El peor de los mundos posibles para una franquicia que ya no tiene margen para accidentes de ese calibre.
El análisis del verano de 2026 para los Pelicans no puede hacerse sin poner sobre la mesa que la organización se enfrenta una bifurcación entre dos proyectos mutuamente excluyentes, y que la ruta que elija en los próximos meses, ya sea conscientemente o por inercia, determinará si la franquicia entra en la siguiente etapa de su historia con claridad estratégica o con otro año de ambigüedad costosa.
Esa bifurcación es el hilo conductor de todo lo que sigue.




