Previa: Oklahoma City Thunder vs San Antonio Spurs + Una reflexión sobre los Timberwolves
Thunder–Spurs: la final que media liga llevaba meses imaginando y... ¿Finales adelantadas?
La final del Oeste comienza este lunes en el Paycom Center con un cruce que arranca cargado con todo el peso de las narrativas que tanto suelen gustar en la NBA. Los dos equipos con mejor balance de la temporada regular, con 64 victorias para los Thunder y 62 para los Spurs, 126 entre los dos (para que luego digáis que no sé contar), se medirán por un billete a las Finales en una serie que la propia liga lleva preparando como producto desde el cierre de la primera ronda, o incluso antes. Oklahoma City contra San Antonio. Shai Gilgeous-Alexander contra Victor Wembanyama. El MVP contra el que nos intentaron vender como aspirante en la recta final de la temporada, con entrega del premio en el Game 1 incluida.
El vigente campeón contra el equipo joven que está llamado a plantarles cara, que más problemas les han planteado en esta misma temporada regular, y que ha ido despejando a lo largo de estos Playoffs una a una las dudas que pendían sobre su proyecto.
La tentación, ante un cruce así, es presentarlo como un anticipo de las Finales. La idea, casi un cliché ya en las previas que circulan en estas primeras horas, no es tampoco ninguna exageración. La franquicia que emerja de aquí llegará a la final como favorita declarada por encima de los New York Knicks, ya clasificados, o del ganador del séptimo encuentro entre Cleveland Cavaliers y Detroit Pistons, que se disputa en la noche de mañana. El Este, tras una primera ronda incómoda para los tres principales aspirantes, no ha producido aún un favorito de envergadura comparable al duelo que se abre el lunes.
La conversación sobre quién levantará el trofeo en junio tiene su parte fundamental en las Finales del Oeste, no en las Finales propiamente dichas. Aunque, personalmente, mi visión es la siguiente:
Los Thunder son los grandes favoritos.
Los Spurs tienen opciones de ganarles.
Si llegan los Thunder a las Finales, nadie que llegue del Este tiene opciones reales de ganarles.
Si llegan los Spurs a las Finales, el que llegue del Este sí que tiene opciones de ganarles.
Dejo las elucubraciones y vuelvo a esta serie.
Hay un dato que va a definir toda la conversación previa de esta eliminatoria, ese que dice que los Spurs ganaron cuatro de los cinco partidos disputados entre ambos durante la temporada regular. Eso incluye una victoria en la semifinal de la NBA Cup en Las Vegas, el que estaba llamado a ser el primer trofeo de la era Wembanyama antes de que los New York Knicks se interpusieran en su camino, y dos triunfos por márgenes amplios en partidos espaciados por apenas 48 horas en diciembre.
La asimetría histórica del cruce, sin embargo, no se inclina del lado que sugiere ese balance de temporada regular. Oklahoma City llega 8-0 en estos Playoffs tras barrer a los Suns y a los Lakers. San Antonio llega 8-3 tras superar a los Portland Trail Blazers en cinco encuentros y a los Minnesota Timberwolves en seis. Los dos equipos llevan toda la temporada midiéndose mutuamente, y ninguno de los dos ha tenido todavía que medirse con un rival realmente capaz de obligarles a llegar a sus límites.
Lo que nos viene a partir del lunes es esa prueba que no han tenido.
Cómo llegan los Thunder
Oklahoma City ha completado las dos primeras rondas sin perder un solo partido y con un margen medio de victoria cómodo en cada serie. Solo uno de los ocho encuentros disputados se decidió por cinco puntos o menos, el cuarto contra Los Angeles, ya con el barrido casi sellado, en el que LeBron James llevó el partido al último minuto antes de que Chet Holmgren lo cerrara con un mate con la asistencia de Isaiah Hartenstein.
Esa solvencia tiene un protagonista evidente pero que no ha necesitado acercarse a su mejor nivel, Shai Gilgeous-Alexander, y un actor secundario que ha emergido como una de las historias más sorprendentes de la postemporada, al menos para los que no hayan prestado atención durante la temporada regular: Ajay Mitchell.
El guard belga de segundo año, que solo había disputado 84 minutos de Playoffs en toda su carrera antes de este mes de abril, ha asumido el rol de Jalen Williams desde el segundo partido contra los Suns. Su progresión ha sido notable durante todo el año, y se ha confirmado en los Playoffs. Mitchell promedió 22,5 puntos por partido contra los Lakers con un 56,3% en tiros de campo, y firmó 28 puntos en el cierre con 12 de 19 en tiros de campo. Su capacidad para asumir el control en los minutos en los que Gilgeous-Alexander descanse o cuando los Spurs decidan mandar un dos contra uno sobre el MVP como hacían los Lakers es exactamente la solución que Mark Daigneault necesitaba para alargar su rotación.
La gran noticia del cierre de la segunda ronda, sin embargo, fue que Jalen Williams confirmó esta semana, a través de su propio canal de YouTube, que estará disponible para el primer encuentro tras superar la lesión que le mantuvo fuera en la segunda ronda. El propio jugador reconoció que se había tomado más días de los inicialmente previstos precisamente para no forzar y coger ritmo antes de la serie contra los Spurs.
Incluso con el paso adelante de Mitchell, la diferencia entre contar con J-Dub o no es enorme. Williams es el segundo creador real del equipo, pero, sobre todo, es un defensor versátil capaz de defender desde el base hasta el ala-pívot. Sin él, el equipo ha logrado solventar fácilmente una eliminatoria contra un rival menor y también mermado por la salud. Con él, los Thunder recuperan toda la profundidad y versatilidad sobre las que se construyó el campeonato del año pasado.
Holmgren y Hartenstein, por su parte, han ofrecido en estas dos primeras rondas la versión más equilibrada de su tándem interior. Hartenstein cerró la serie contra los Lakers con un balance de +30 en sus 28 minutos del cuarto partido, según los datos de NBA.com. Holmgren, irregular en algunos tramos contra los Suns, recuperó su mejor versión justo cuando los Lakers consiguieron hacer su único partido competitivo, y es posible que, más allá de las estadísticas básicas, fuera el jugador más determinante de la serie. Detrás, Lu Dort, Alex Caruso, Jared McCain (Daryl Marey está en el paro en buena parte por su traspaso) e Isaiah Joe han ido apareciendo con contribuciones desde el perímetro.
La defensa, por delante de todo, sigue siendo su mejor baza para repetir el campeonato.
Cómo llegan los Spurs
San Antonio llega a su primera final del Oeste desde 2017. La progresión del proyecto resulta, vista desde octubre, casi insultante. Los Spurs ganaron 22 partidos hace dos años, 34 el curso pasado y 62 este. Casi ni en el mejor de los escenarios se habría podido creer en esta progresión exponencial. Mitch Johnson, ascendido a entrenador principal tras el ictus de Gregg Popovich al inicio del curso pasado y confirmado para el puesto definitivo el pasado verano, ha terminado conduciendo al proyecto a una velocidad que no esperaba ni la propia oficina de Brian Wright.
La serie contra los Wolves se cerró con una clase magistral. San Antonio ganó el quinto encuentro por 29 puntos y el sexto por 30, dos resultados que confirmaron un dominio al cual se habían resistido con todas sus fuerzas los Wolves al principio de la serie. Stephon Castle, Rookie del Año la temporada pasada, firmó 32 puntos con 11 rebotes y seis asistencias en el cierre. El joven escolta, de apenas 21 años, encadenó cinco triples consecutivos en el primer cuarto, una salida en frío que descompuso por completo a la defensa de Chris Finch antes incluso de que Wembanyama pisara la pintura.
Fox, por su parte, llegó al sexto encuentro tras unos Playoffs irregulares y que no despejan las dudas sobre si está a la altura de la apuesta que hicieron los Spurs por él, y respondió con 21 puntos, nueve asistencias, una sola pérdida y un balance de +26 en pista. La franquicia firmó su extensión de cuatro años y 222 millones precisamente para asegurarse un generador veterano para este tipo de cruces, y el base californiano cumplió en ese partido. Wembanyama, que firmó 27 puntos y 17 rebotes en el quinto tras recuperarse de su expulsión por dar un codazo a Naz Reid en el cuarto, terminó con 19 puntos discretos en el sexto pero con un papel defensivo muy relevante. Rudy Gobert, su mentor en la selección francesa, terminó el último partido sin anotar un solo punto y con tres rebotes en 22 minutos. Julius Randle también estuvo desaparecido buena parte de la serie.
Julian Champagnie firmó 18 puntos con cuatro triples desde la esquina. Keldon Johnson, Sexto Hombre del Año, sostuvo el banquillo con minutos cortos y eficaces. Dylan Harper, novato salido del Draft de 2025, añadió 15 puntos en el último encuentro y consolidó el papel que Mitch Johnson le había reservado para esta postemporada como tercer creador por detrás de Fox y Castle, con licencia para presionar el balón en defensa y abrir el campo cuando las defensas aprietan.
La falta de experiencia de sus jugadores principales era una de las dudas que teníamos de cara a estos Playoffs. De momento, el talento sobrepasa con creces a la inexperiencia. ¿Pagarán la novatada contra los Thunder?
El factor clave
Mi factor clave es cómo defenderán los Spurs a Gilgeous-Alexander y la línea exterior de los Thunder. Los Lakers, que sin Luka Doncic apenas tenían recursos para fabricar canastas, dedicaron toda la serie a un planteamiento defensivo muy concreto y que funcionó hasta cierto punto: mandar dobles defensas al MVP de forma sistemática, obligarle a soltar el balón y confiar en que el resto del equipo no resolviera. El resultado, vistos los datos, fue contundente: Oklahoma City anotó 125,4 puntos por cada 100 posesiones durante la serie. Es decir, más de lo que firmó el mejor ataque del campeonato durante toda la temporada regular, los Denver Nuggets, con 121,2 puntos por 100 posesiones. Sí, aviso de muestra pequeña. Shai estuvo controlado, pero no hubo quien parase a Ajay Mitchell.
Sin embargo, los Lakers hicieron ese planteamiento con una línea de defensores bastante pobre, con Marcus Smart como líder en ese aspecto. Los San Antonio Spurs tienen muchas más armas defensivas. Y seguro que han tomado nota.
Castle presenta un perfil distinto al de la mayor parte de los defensores que vio Gilgeous-Alexander durante la primera y la segunda ronda. Es más fuerte, más físico en la presión sobre el balón a toda la pista, y trabaja con un sistema defensivo, el de Sean Sweeney, coordinador defensivo de Mitch Johnson, diseñado para frustrar precisamente los segundos pases del rival, no solo el primer bote. La cuestión es si Castle podrá sostener esa presión durante 35 minutos por noche cuatro o cinco veces en dos semanas. Y, sobre todo, si los Spurs optarán por defender individualmente a Gilgeous-Alexander en uno contra uno y dejarle que meta sus puntos mientras tratan de lograr que el resto no le acompañe, formando un muro en la zona y dejando lanzar de tres, como hicieron los Dallas Mavericks hace dos años; o si replicarán el planteamiento de los Lakers con dobles marcajes sistemáticos, asumiendo el riesgo de que Mitchell o Williams sigan castigando a la defensa aprovechando los espacios.
Una pista de por dónde pueden ir los tiros: Sean Sweeney, el arquitecto de la defensa actual de los Spurs (y un nombre que ya suena fuerte como candidato a entrenador jefe), fue también quien diseñó la defensa de aquellos Mavericks, el último equipo que ha podido ganar a los Thunder una serie de Playoffs hasta el momento.
El segundo factor, más sutil pero igualmente determinante, es el tiro exterior de Chet Holmgren. Durante la temporada regular, según los datos de NBA.com, Wembanyama optó por ignorar a Holmgren como tirador, dejándole el lanzamiento abierto desde la línea de tres y permaneciendo cerca del aro para anular cualquier penetración. Si Holmgren no castiga esa estrategia, los Spurs juegan con un muro en la zona muy difícil de descomponer. Si Holmgren consigue anotar esos tiros liberados, Wembanyama tendrá que salir de la pintura y los Thunder recuperarían el ataque vertical que tan bien han desplegado contra Phoenix y Los Angeles. La serie podría girar sobre este detalle.
El jugador determinante
Wembanyama. Es una elección automática. El francés ha sido el mejor jugador de su serie contra los Wolves después de un primer partido irregular y de la expulsión del cuarto, y su impacto defensivo, imposible de medir en números, es algo que ningún rival ha conseguido neutralizar todavía. Pero en ataque no ha estado tan bien, ha sido más irregular, y los Thunder son la primera defensa que va a obligarle a moverse de un modo distinto. Daigneault dispone de tres pívots (Holmgren, Hartenstein y Jaylin Williams) y de defensores capaces de negarle la posición y defenderle en el bloqueo directo desde múltiples ángulos. Estoy deseando ver los palos que le va a dar Carlos si se encuentra en alguna ocasión con él. Si Wembanyama consigue mantener su impacto en ambos lados de la pista durante los 35 o 36 minutos que tendrá que jugar por partido, San Antonio tiene opciones reales. Si la carga acumulada empieza a notarse, el cuerpo técnico tendrá que tomar decisiones difíciles para intentar que llegue fresco a los finales de los partidos.
(Mi apuesta, por cierto, es que ganan los Thunder, que Wendy no hace una serie precisamente estratosférica en ataque, y que eso se utilizará para darle palos y compensar las alabanzas actuales).
La opción B se llama Castle. El escolta de segundo año ha ido elevando su nivel partido a partido durante toda la postemporada, y su capacidad para anotar desde la línea de tres y para crear a partir del bote le coloca en una posición vital. El nombre para eso en realidad debería ser el de Fox, por galones y millones, pero Castle, además, defiende con un nivel que en su primer año no había mostrado del todo. Si el cruce se decide en un séptimo partido, será probablemente porque alguno de los dos jóvenes, Castle o Harper, habrá firmado grandes actuaciones.
Y la opción C es Jalen Williams. Porque si regresa a su mejor nivel, el de los Playoffs del año pasado, cuesta ver cualquier resultado que no sea tener de nuevo a los Thunder en las Finales.
Pronóstico
Thunder en siete.
San Antonio venció en cuatro de los cinco enfrentamientos del curso, ha mostrado durante los Playoffs una solvencia táctica que muchos cuestionaban y dispone del jugador más impactante en ambos lados de la pista. Eso hace que el cuerpo te pida a gritos elegir a los Spurs.
Pero hay dos argumentos que inclinan ligeramente la balanza hacia Oklahoma City, en mi opinión. El primero es el factor cancha: cuatro de los siete partidos posibles se disputarán en el Paycom Center, donde los Thunder solo han perdido en siete ocasiones en toda la temporada. El segundo es Williams. La diferencia entre afrontar la serie con su tercer All-NBA disponible y hacerlo sin él es enorme, y la franquicia ha gestionado su recuperación con la calma necesaria para gestionar su salud (dejamos para más adelante si lo que ha pasado este año con él es motivo de preocupación o no).
La serie tiene todos los ingredientes para alargarse al máximo y ser una de esas que se recuerdan durante mucho tiempo. Los Spurs, jóvenes pero ya curtidos en estos Playoffs, no parecen un equipo que vaya a doblar la rodilla en el cuarto encuentro. Los Thunder, con la experiencia del campeonato del año pasado todavía fresca, saben que no pueden permitirse perder dos partidos en su pabellón, y que ha llegado la hora de pisar el acelerador de verdad.
La probabilidad de que el cruce se decida en el séptimo partido, en Oklahoma City, es razonablemente alta. Y si llega a ese escenario, la diferencia será probablemente la versión de Gilgeous-Alexander que aparezca esa noche frente a la versión de Wembanyama. Dos finalistas al MVP de esta temporada disputándose la final del Oeste en un séptimo encuentro: el guion que la liga lleva todo el curso vendiendo. En un séptimo partido hemos visto en los últimos años que puede haber muchas sorpresas, pero yo me inclinaría por OKC.
El primer cruce de la nueva gran rivalidad de la NBA empieza el lunes.
¿El final de un ciclo en Minnesota?
Los Timberwolves cerraron su temporada de la peor forma posible: con una tercera paliza consecutiva en el partido en el que fueron eliminados, esta vez una por 30 puntos a manos de los San Antonio Spurs. Hace dos años fueron los Mavericks los que les pasaron por encima por 21, el año pasado fue Oklahoma City quien les recetó otros 30 puntos de diferencia, y ahora les ha tocado caer ante la apisonadora que ya empieza a construirse en Texas alrededor de Wembanyama.
La serie fue un reflejo cruel de las limitaciones del equipo. Minnesota nunca encontró respuestas ofensivas con el francés en pista, perdió demasiados ataques en transición tras canasta encajada y vio cómo su mentalidad y plan de partido iban y venían a intervalos. A todo eso hay que sumarle un Edwards que estuvo lejos del 100% durante todo el cruce y la baja de Donte DiVincenzo, factores que probablemente no habrían cambiado el resultado, pero que sí completan el cuadro de la eliminación.
Un equipo molón al que merece la pena recordar
Y aun así, conviene parar y reivindicar lo que han sido estos Wolves, porque van a quedar en mi memoria como uno de esos equipos molones de la NBA moderna. Cinco Playoffs consecutivos, victoria en al menos una serie en cada una de las tres últimas postemporadas y dos Finales de Conferencia. Es, sin discusión, la mejor era del baloncesto en Minnesota, mejor que la de Kevin Garnett en cuanto a resultados, una franquicia con un historial deportivo árido en la que de pronto se ha consolidado un núcleo competitivo, una identidad defensiva muy reconocible y un estrella con carisma propio como Anthony Edwards. Lo más probable es que nunca lleguen a tocar el anillo con esta plantilla, pero eso no debería borrar el mérito de haber estado varios ahí, en la conversación, a un escalón solo de los mejores.
La mala suerte de coincidir con varitas mágicas y proyectos en explosión
Parte de ese techo se explica por simple mala fortuna histórica. En otras temporadas más flojas, quizás habrían podido tocar joyería. Estos Timberwolves coincidieron primero con aquel año en el que Luka, Kyrie y los Mavericks parecían tocados por una varita mágica que les llevó hasta las Finales, y justo después, ya con el proyecto ya maduro, han tenido que cruzarse con dos rocas como los Thunder y los Spurs en plena explosión. No tuvieron la suerte de pillar uno de esos años más flojos del Oeste, como 2021 o 2022 (con mis respetos para los ganadores aquellos años), en su mejor versión. Cuando ellos estaban listos para dar el paso, el resto de la conferencia también lo estaba, y con más cartas en la mano. En la NBA la ventana competitiva no depende solo de uno mismo, y a Minnesota le ha tocado convivir con tres ventanas ajenas casi insultantemente buenas al mismo tiempo. Paradójicamente, ellos mismos pueden haber cerrado otra ventana, la de los Denver Nuggets.
Los problemas estructurales del proyecto
A nivel de plantilla, este verano será probablemente el más incierto desde que arrancó esta era. Gobert sigue siendo un ancla defensiva pero la edad se le notará cada temporada más, y habrá que ver si Joan Beringer puede ir asumiendo galones para preparar un relevo escalonado en la pintura. La batería de secundarios sigue siendo de las mejores de la liga, pero ya toca pagar a algunos como Ayo, y ese coste limita muchísimo el margen de maniobra desde las oficinas. Randle vuelve a ser el nombre señalado para buscar una mejoría real, pero los activos para moverle son escasos y el mercado tampoco invita al optimismo. Jaden McDaniels es vital, pero su valor de mercado también puede ser importante si quieren moverse. El emparejamiento Randle-Gobert ha tocado techo, y eso parece que obliga a dar una sacudida al frontcourt que no será sencilla de ejecutar sin desmontar lo que sí funciona.
El camino para dar el siguiente paso
La buena noticia es que la parte difícil, la de encontrar a tu jugador franquicia, los Wolves la tienen resuelta hace tiempo. Edwards sano debería poder pelear de tú a tú con los mejores jugadores de Playoffs durante muchos años, y a su alrededor todavía quedan piezas jóvenes con margen como Jaden McDaniels y Naz Reid. El crecimiento del propio McDaniels en el lado ofensivo es probablemente la forma de crecimiento interno más realista para seguir subiendo el techo del proyecto. Pero las cuentas son las que son. Para ganar el anillo, Minnesota necesita construir un equipo aún mejor que el de este último lustro, y hoy mismo OKC y los Spurs parecen un escalón por delante.
Ante esto, los Wolves se ven abocados a hacer un movimiento arriesgado con alta probabilidad de fracaso, o a intentar mejorar en los márgenes pero sin llegar al nivel de los dos cocos de la conferencia, a la espera de que un año se alineen los astros, los dos rivales se encuentren antes en Playoffs, y los Wolves puedan encontrarse solo con uno de ellos ya quemado. Lo que necesitan ahora es acertar más que nunca con cada movimiento que hagan, porque el margen de error, en esta conferencia y con estos rivales, se ha vuelto mínimo.



