Trae Young, los bases bajitos y malos en defensa, y la economía de la NBA de los aprons
El traspaso de Trae Young responde a la confluencia de varias tendencias de la NBA moderna.
Cuando Marc Stein empezó a dejar migas de pan hace unos días sobre las negociaciones entre Atlanta y Washington, rápidamente se vio en serio y que se confirmaba lo que intuíamos desde hacía unas semanas: la era de Trae Young en los Atlanta Hawks estaba llegando a su fin.
No fue una de esas notificaciones nocturnas que te hacen levantarte de la cama de un alto cuando echas un vistazo rápido al móvil tras apagar la alarma, como aquella del 2 de febrero de hace casi un año, sino más bien la confirmación oficial de un final que ambas partes necesitaban. Sin embargo, lo que sí nos obliga a detenernos y recalibrar algunos baremos es el precio final que aparece en el recibo.
Los Washington Wizards se han hecho con Trae Young a cambio de C.J. McCollum, Corey Kispert y absolutamente ninguna ronda de draft. Cero. Nada. Si hubiera entrado alguna ronda, de hecho, tendría que haber sido del lado de Atlanta, o eso parece que ha intentado Washington hasta el final.
Es vital entender que este intercambio no ocurre en el vacío, sino bajo la sombra alargada del impuesto de lujo y los aprons. Estamos viendo en tiempo real cómo la liga recalibra el valor de las estrellas imperfectas. Hace un lustro, un jugador que garantiza 25 puntos y 10 asistencias hubiera salido por un precio mucho más alto. Hoy, el mercado ha decidido que el arquetipo del pequeño genio en ataque pero problemático en defensa es un lujo que pocos pueden permitirse y que no te lleva muy lejos. Sí, estamos en una NBA en la que jugadores como Desmond Bane o Mikal Bridges valen mucho más en el mercado que “jugones” como Trae Young.




