Un ocaso digno para Stephen Curry
Los Golden State Warriors están viendo cómo se escapan los últimos años de la carrera de Curry sin que puedan darle un contender. Es el momento de asumir la situación.
No sé si habéis visto The Irishman. Si os gustan las película clásicas de Martin Scorsese como a mí, supongo que sí. Y si habéis podido verla entera aunque sea solo una vez, a pesar de lo estirada que está, habréis llegado a una escena tirando al final en la que Frank Sheeran (De Niro) y Russell Bufalino (Pesci) están tomando sopa en la prisión. Son viejos. Sus dientes ya no funcionan como antes. Sus cuerpos están traicionando la violencia y el vigor que definieron sus vidas. Ya no controlan las calles, apenas controlan sus cucharas. Pero siguen ahí, existiendo en el eco de lo que fueron.
Viendo a los Golden State Warriors en este inicio de 2026, con Stephen Curry a punto de cumplir 38 años, Draymond Green con 36 en unos días, y el fantasma de lo que pudo ser la temporada con Jimmy Butler desvaneciéndose tras su rotura de ligamentos, es imposible no sentir esa misma melancolía scorsesiana.
Estamos ante el final. No el “final” de hace dos años cuando perdieron en el Play-In, ni el “final” retórico que usamos los periodistas cuando un equipo pierde dos partidos seguidos. Hablo del final estructural, físico y financiero de la dinastía más alegre de la historia moderna.
Algunos podrían argumentar que el final llegó incluso antes, a lo mejor inmediatamente a su anillo de 2022. En cualquier caso, la lesión de Jimmy Butler ha parecido ser la previa de los títulos de crédito. Aquí es donde debemos tener esa conversación incómoda, honesta y necesaria: Mike Dunleavy Jr. y Joe Lacob ya no pueden construir un contender alrededor de Steph. La ventana no se está cerrando, alguien la ha tapiado con ladrillos. La única opción sensata que queda es la resignación digna: mientras sueñas con que un monstruo griego venga a salvarte en verano, saber abrazar la mediocridad competitiva para priorizar la despedida ceremonial del mejor jugador de la historia de la franquicia.
La autopsia de las dos líneas temporales
Para entender por qué estamos aquí, en febrero de 2026, viendo cómo Jonathan Kuminga es empaquetado hacia Atlanta a cambio del enfermo Kristaps Porzingis, tenemos que mirar atrás. El plan original de Lacob, conocido por decir en 2016 que estaban “años luz por delante” del resto de franquicias (y en aquel momento era verdad), era mantener la base de la dinastía mientras se desarrollaba a la siguiente con la entrada de nuevo talento joven.
Por si había alguna mínima esperanza aún, que tampoco lo creo, ese plan murió oficialmente en el pasado trade deadline.




