Un turbo roto, un tren perdido, y la maldición de la A-6: Mi bienvenida a la NBA en DAZN
Esta es la historia de cómo intenté (y al final logré) comentar mi primer partido de la NBA en DAZN, a pesar de tener todos los elementos en contra.
En la NBA existe el concepto del “Welcome to the League moment”. Es algo que se pregunta mucho a los jugadores, ese momento que se les quedó grabado de su estreno o de su primera temporada. Para un rookie, suele ser algo así como la primera vez que LeBron James te arrolla en transición como un tren de mercancías, o que Steph Curry te mete un triple desde el logo y se da la vuelta antes de que entre. Es el momento en el que la liga te dice “eh, chaval, esto ya son palabras mayores. Aquí las cosas van en serio”.
A mí me enseñaron eso de que el periodista no debe ser el protagonista, pero si esto es NBA con Contexto, creo que también necesitáis saber el contexto de la persona que os escribe desde esta plataforma. Yo pensaba que mi momento de bienvenida llegaría en una cabina de retransmisión, analizando una defensa en zona o el ratio de uso de una estrella. Pero no. Los Dioses del Baloncesto, si es que fueron ellos, decidieron que mi “momento” ocurriría en el arcén de una carretera secundaria y en medio de un temporal de nieve digno de Fargo.
Esta es la historia de cómo intenté (y al final logré) comentar mi primer partido de la NBA en DAZN y acabé temiendo que me tocase quedarme a dormir en el coche en un arcén nevado de la A-6.
El fichaje de enero y el estreno fallido
Todo empezó en Navidad. Recibí la confirmación: fichaba por DAZN para comentar partidos durante el resto de la temporada. Como os había comentado previamente en un mailbag, ya habíamos tenido contactos antes de la temporada y no había podido ser. Pero volvió a abrirse la posibilidad, y esta vez sí que salió adelante. Es el equivalente a un fichaje por el mínimo de un agente libre en enero para reforzar el fondo de la plantilla.
El debut estaba marcado en rojo en el calendario: 3 de enero. Minnesota Timberwolves vs. Miami Heat. 23:00 horas. A los mandos, el gran Pepe Brasin. El escenario perfecto.
El plan de viaje en principio era una gestión sencilla. Vivo en Palencia. Madrid está a dos horas y pico en coche. Un viaje de ida y vuelta estándar, aprovechando que el partido era “pronto”, y que como mucho llegaría a casa a las 3 y algo. Manejable para el estreno. Salgo, comento, vuelvo.
Pero entonces, el coche decidió hacerme un Len Bias, dejándome tirado antes de debutar. A hora y media de Madrid, el turbo dijo basta. No hubo negociación, no hubo buyout. El coche me dejó tirado sin margen de maniobra. Tuve que volver a casa en grúa. La avería me costó más que lo que van a tener que pagar los Cleveland Cavaliers en impuesto de lujo, o esa sensación me ha dado a mí. Peor que eso fue que me perdí el debut, aunque al menos dio tiempo para avisar a otra persona.
Fue devastador. Habría más oportunidades, ya tenía más partidos asignados, pero la cosa no tuvo un inicio esperanzador, precisamente.
El Segundo Intento: el Hard Cap del parking de ADIF
Para el siguiente partido, decidí no arriesgar. Ya tenía la idea de hacerlo así en el resto de partidos, a horas más complicadas, pero con la avería aprendí la lección. Si el coche es un activo tóxico, nos movemos al mercado de transportes públicos. Compré billetes de tren. Salía a las 21:00.
En mi trabajo (el que paga las facturas) me mandan de vez en cuando a Madrid, y voy siempre en tren, así que está todo controlado. Vivo a 10-15 minutos de la estación, dependiendo del tráfico, y siempre hay sitio para aparcar en el parking que hay al lado. Salí con 45 minutos de margen. En términos de reloj de posesión, tenía tiempo de sobra para subir la bola andando. Pero entonces, Palencia decidió convertirse en Los Ángeles en hora punta. Un atasco inexplicable de 20 minutos en la plaza de San Lázaro. El pánico empezó a subir.
Salí del atasco aliviado porque estaba cerca y aún quedaban 15 minutos, tiempo más que de sobra. Pero llegué a la estación y me encontré con una situación que solo puedo describir como un Hard Cap de espacio. El parking estaba lleno. Los alrededores estaban llenos. Mierda. No había ni un hueco legal, ni ilegal, ni creativo. Luego caí: juega el Palencia Baloncesto, y el pabellón está cerca. Ese era el motivo por el cual no cabía ni un coche más en la ciudad. Ya no tenía margen de maniobra, no me daba tiempo a aparcar ni cerca, ni lejos, ni a dejar el coche y que alguien fuera a por él.
En ese momento, tienes dos opciones: pedir el traspaso y retirarte, esconderte en las sombras y no volver a intentarlo nunca más, mandando todo a la mierda, o forzar la máquina. Casi literalmente, porque estaba recién reparada. Cogí el coche. Otra vez. Con el miedo en el cuerpo de que el turbo nuevo fuera tan frágil como el cuerpo de Anthony Davis. Conduje hasta Madrid con la adrenalina de un Game 7.
Jaylon Tyson y el estreno
Llegué. Y menos mal que llegué. Fran Guillén me recibió en la sede de DAZN y me enseñó amablemente a moverme por allí. El partido estuvo muy bien, y tuvimos la suerte de que nos lo habían cambiado. En principio estaba asignado un Brooklyn Nets contra Chicago Bulls que tampoco parece que estuviera mal, pero nos lo cambiaron por el Cleveland Cavaliers vs. Philadelphia 76ers. Un partido de trincheras, igualado, entre dos equipos con bastantes carencias, pero que hicieron que la noche estuviera entretenido.
En un partido apretado, donde se espera que las superestrellas justifiquen sus contratos súper-máximos, el héroe fue Jaylon Tyson. Destrozó su marca máxima de carrera, mantuvo a Cleveland en el partido, y en la posesión decisiva no quiso ser el héroe y le regaló con una asistencia a Evan Mobley la canasta ganadora. Y menos mal que evitaron la prórroga. El partido lo daban en ESPN en Estados Unidos, y eso significa que todo se alarga, especialmente la duración de los tiempos muertos. Ya eran casi las cuatro de la mañana, y tenía que volver a casa del tirón.
En lo puramente profesional, yo al menos estoy satisfecho con el resultado de mi primera retransmisión de NBA. Hacerlo con Fran Guillén fue muy sencillo, me ayudó en todo momento, y creo que tuvimos oportunidad de comentar cosas interesantes tanto deportiva como extradeportivamente. Hubo algunos nervios, especialmente al principio, pero me parece que fue un buen debut en general.
La prórroga invernal: nieve y cumpleaños
Lo que os decía. Terminamos a las 4 de la mañana. Me sentía invencible, como Jaylon Tyson tras la victoria. Tirar de café y con un poco de suerte a las 6 y algo podía estar en la cama para conseguir unas cuantas horas de sueño, siempre que los niños lo permitieran. Pero aunque hubiésemos evitado la prórroga en el partido, la realidad siempre tiene una última posesión guardada.
Resulta que ese día, el sábado 17, era mi cumpleaños. Y el de mi hija. Tuve la suerte de que me llegase como regalo de cumpleaños hace dos años. Teníamos fiesta por la tarde con toda la familia. El plan: llegar a las seis y algo, dormir unas horas, preparar todo, echar otra siesta rápida, y estar listo para soplar las velas.
No iba a ser tan fácil. Salí de Madrid y me encontré con el verdadero jefe final: un temporal de nieve. Nos pararon en la carretera. Cuando íbamos siguiendo a un quitanieves, este se metió a un cambio de sentido y varios coches y un camión le seguimos. Resulta que no teníamos que haberle seguido. Acabamos en un pequeño cambio de sentido, sin posibilidad de regresar a la carretera en el sentido en el que íbamos. Los coches tuvimos que dar la vuelta y circular de nuevo dirección a Madrid hasta el siguiente cambio de sentido, que estaba a 30 kilómetros. El pobre hombre del camión se quedó allí tirado.
Cuando llegué al cambio de sentido vi que parecía que lo habían despejado hacía ya tiempo, y que la nieve había vuelto a acumularse. En esos breves segundos valoré la posibilidad de volver a Madrid y hacer noche allí en algún sitio, lo cual seguramente habría sido lo sensato. Cuando me quise dar cuenta mis manos ya habían girado el volante y se habían metido en la salida. Cuando había avanzado unos metros el coche empezó a resbalar, y llegué a una zona en la que las ruedas no conseguían apenas agarrar. Ya está, me voy a tener que quedar a dormir aquí por gilipollas. Cuando más desesperado estaba, el viejo Megane consiguió empezar a agarrarse de nuevo, y despacito y con cuidado, hice el cambio de sentido.
Después, una vez conseguí dar la vuelta y volver al sentido correcto, estuve casi tres horas circulando detrás de una máquina quitanieves a la velocidad a la que se mueve Joel Embiid en un contraataque. La cosa se empezó a despejar, por fin, una vez llegamos a la zona de Arévalo. Eso sí, después de pagar el correspondiente peaje.
Llegué a casa a las 9 de la mañana pasadas, tras cinco horas de volante. Poniendo a prueba el turbo recién estrenado. Con In Flames a todo volumen para combatir el sueño. Seguramente habiendo cometido alguna que otra temeridad. Destrozado. Pero lo había conseguido.
¿Señales o Maldición?
A veces piensas que el universo te manda señales. Que el coche roto, el tren perdido y la nieve son el destino diciéndote, “chico, quédate en casa viendo League Pass, esto no es para ti”. Desde luego que durante la fiesta de cumpleaños, parte de la conversación giró alrededor de ese mensaje. Vaya gafe. El destino te está mandando un mensaje. Desde luego eso es lo que pensaba después de la avería y de perder el tren.
Pero ahora prefiero verlo como Dirk Nowitzki y todos los golpes que se llevó antes de conseguir el anillo en 2011. No eran señales para abandonar, era el precio a pagar. La NBA no regala nada, ni siquiera para un tipo de Palencia que simplemente quiere pegarse una matada varios fines de semana al mes para cumplir el sueño de comentar NBA. Es lo que no me paraba de repetir en el camino de vuelta, detrás de aquellos quitanieves. Si esto es una maldición, tengo que romperla.
El coche se arregló, factura costosa mediante. El tren se perdió. La nieve cayó. Pero el partido se comentó, los Cavs ganaron, y yo llegué y celebré al cumpleaños junto a mi hija.
La maldición está rota. Espero. Rezad porque no le pase nada al tren que cojo el sábado que viene para comentar el regreso de Luka Doncic a Dallas.






Todo la historia bastante creíble hasta llegar al atasco en Palencia, que los que somos de allí sabemos que no ha pasado ni cuando ha habido manifestaciones de tractores atravesando la ciudad ;)
Es broma, me alegro que todo haya salido bien y te mereces esta oportunidad de comentarista. Ahora todo solo puede ir a mejor!!!
P.D. la próxima vez si lo ves mal aparca en la estación pequeña que ahí nunca se acaba el sitio
Esto da para película