Washington Wizards: previa del verano de 2026
La encrucijada de un proyecto que ya no puede esconderse detrás del futuro.
Empiezo con mis previas de este próximo verano, que 30 franquicias son muchas y luego se acumulan.
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Las voy a ir haciendo en orden de peor a mejor balance entre las que ya están eliminadas, y después en orden de eliminación en los Playoffs. En la parte final de cada artículo encontraréis el enlace a este artículo recopilatorio en el que iré actualizando según vayan saliendo.
Previas del verano 2026
Empiezo con mis previas de este próximo verano, que 30 franquicias son muchas y luego se acumulan. Las voy a ir haciendo en orden de peor a mejor balance entre las que ya están eliminadas, y después en orden de eliminación en los Playoffs.
Los Washington Wizards llevan casi cinco décadas atrapados en un bucle. La última vez que esta franquicia ganó cincuenta o más partidos en una temporada fue en 1979. Cuarenta y siete años. Un período de tiempo lo suficientemente largo como para que dos o tres generaciones de aficionados nunca hayan visto a su equipo ser genuinamente bueno.
La temporada 2025-26 ha sido la más baja del ciclo actual en términos de victorias, tan solo 17, pero también podría considerarse la más ambiciosa en términos de intención. Desde sus oficinas, Michael Winger y Will Dawkins ejecutaron una estrategia por la cual se han aprovechado de la pre agency, la adquisición anticipada de jugadores veteranos antes de que su disponibilidad al llegar al final de sus contratos se convierta en un peligro para sus franquicias. Trae Young llegó primero. Después, Anthony Davis. Dos All-Stars, dos contratos de máximo nivel, dos traspasos en el que no corren más riesgos que los económicos, dos señales inequívocas de que el modo tanking ha llegado a su fin.
Ya hemos visto que Winger y Dawkins saben cómo hacer la parte de la destrucción y acumulación de activos de la reconstrucción. El verano de 2026 es el primer examen real para ver si esta front office sabe también construir para ganar.
Pero creo que a la hora de valorar lo que tienen por delante los Wizards debemos tirar de mucha prudencia. El optimismo está justificado en términos de activos y juventud. El escepticismo, en cambio, lo está en términos de cohesión, historia y en una pregunta que él mismo ha puesto ya sobre la mesa: ¿cuánta paciencia tiene Anthony Davis? ¿Y por qué se han puesto ellos mismos en posición de tener que responder a esa pregunta?
1. Valoración de la temporada: ¿tendrá premio el mejor tanque de la NBA?
¿Será este el año en el que los Washington Wizards puedan draftear a su gran estrella del futuro? No es la primera ocasión en la que los Wizards seleccionarán con un pick alto, pero la otra vez que lo hicieron en segundo lugar les tocó un Draft flojo y Alex Sarr.
Este año el tanking tan tempranero se explica por la protección de la selección de primera ronda que Washington debe a los New York Knicks. Ese pick, que los Wizards enviaron en 2020 a Houston en el traspaso que vio a John Wall (su contrato) poner rumbo a los Rockets a cambio de Russell Westbrook, tenía protección de top-ocho, y finalmente llegó a los Knicks tras varios movimientos.
Eso significaba que los Wizards tenían que asegurarse de que terminaban con un pick top 8 de este draft, porque no solo mantenían su elección en un año fuerte, esa obligación de una primera ronda se convertía en dos segundas rondas. El objetivo de toda la temporada era, por tanto, terminar entre los ocho peores, y a ser posible más arriba (abajo) para no correr riesgos en la Lotería. Misión cumplida con creces: con 17 victorias, los Wizards registraron el peor récord de la liga y entrarán en la lotería con la peor marca, lo que les otorga un 14% de probabilidades de llevarse el pick 1, un 52.1% de elegir en el top 4, y la seguridad de que no caerán más abajo del pick 5.
Pero aquí está la paradoja que hace de este año algo genuinamente distinto a las dos temporadas anteriores de tanking: en enero, la front office decidió que ya era suficiente y empezó a moverse. La adquisición de Trae Young desde Atlanta fue el primer movimiento. La de Anthony Davis desde Dallas, el segundo. Ninguna de las dos operaciones costó selecciones propias de primera ronda, un logro en sí mismo que dice mucho de cómo Winger y Dawkins han gestionado los activos durante tres año. Pero ambas enviaron un mensaje inequívoco al resto de la liga: la reconstrucción ha terminado en términos de filosofía, aunque el producto todavía tarde en reflejarlo en la clasificación.
No merece la pena meterse más en los entresijos de una temporada en la que no llegaron a encadenar tres victorias consecutivas. Pero sí que podríamos cuestionarnos el momento. ¿Por qué ahora? Todo apunta a que desde lo más alto de la franquicia hubo una orden hacia las oficinas de acelerar el proceso de reconstrucción. Washington era la franquicia que más espacio salarial tenía de cara a este verano. No iban a hacer un gran fichaje, pero la idea era clara: tener un pick muy alto en este Draft, unirlo a su base joven, utilizar el espacio salarial para recibir más activos a cambio de comerse salarios, y quizás pasar un año más de reconstrucción antes de ir realmente a por veteranos y a dar el siguiente paso.
Todo eso se acabó con los movimientos de Young y Davis. La base actual, las dos estrellas veteranas, el pick de este año y a competir. A corto plazo, se admira que quieran dar guerra desde ya. A medio y largo plazo, veremos si los contratos de Young y Davis no terminan lastrando un proyecto que debería ser ilusionante con su pick de este Draft como líder.
Lo que esta temporada ha evidenciado también es la fragilidad del proyecto desde el punto de vista del entrenador. Brian Keefe tomó el relevo en mitad de la temporada 2023-24 y ha guiado al equipo durante dos temporadas y media con un mandato muy claro. Perder con orden, desarrollar a los jóvenes, no quemarse. Lo ha hecho. Pero ahora que el mandato cambia, la pregunta que la front office debe responder antes del inicio de la siguiente temporada es si Keefe es el entrenador adecuado para la nueva fase.
2. Agentes libres que retener: Las dos decisiones que lo cambian todo
El verano de 2026 de los Wizards se organiza, antes que nada, alrededor de dos fechas en el calendario que cualquier seguidor del equipo debería marcar en rojo. El 23 de junio y el 6 de agosto. La primera es el plazo para que Trae Young ejerza o renuncie a su opción de jugador por 49 millones de dólares. La segunda, la fecha a partir de la cual Anthony Davis pasa a ser elegible para una extensión de contrato de hasta cuatro años adicionales.
Trae Young es la decisión más urgente y también la más compleja narrativamente. El base de Georgia llega a Washington con un historial que a estas alturas ya conocemos bien. Extraordinario creador de juego, con una media de casi diez asistencias por partido a lo largo de su carrera que solo John Stockton y Magic Johnson superan en la historia, pero también jugador de alto mantenimiento defensivo y físicamente frágil en los últimos años. En Washington ha jugado con restricciones de minutos y en un contexto de equipo que no tenía ninguna ambición inmediata, lo que hace difícil evaluar qué Young llegará a la siguiente temporada.
La información que ha trascendido sugiere que la front office de Washington siempre tuvo a Young en su radar como objetivo prioritario, incluso antes de que el traspaso con Atlanta se materializara. Will Dawkins reconoció públicamente en su rueda de prensa de fin de temporada que, de no haber existido la operación de traspaso, Young habría sido el principal objetivo de los Wizards en el mercado de agentes libres. Ese nivel de convicción institucional es importante porque establece el tono de las negociaciones.
Lo que los Wizards no pueden permitirse es pagar a Trae un máximo estándar sin condiciones. Entre Young y Davis ya se comen una porción significativa de los 1565 millones del límite salarial que se proyecta para la próxima temporada. Si a eso se suman las extensiones que se aproximan para Alex Sarr, Kyshawn George, Bub Carrington y potencialmente Bilal Coulibaly, ya vemos que la flexibilidad rápidamente se puede perder. La solución más inteligente sería ofrecerle a Young una extensión o un nuevo contrato que empiece en una cifra alta pero sea descendiente, con el primer año próximo a la cifra de la opción actual y una reducción progresiva en las temporadas finales. Eso permitiría a Young firmar un buen contrato aunque no sea por el máximo, y le daría a los Wizards margen fiscal cuando las extensiones del núcleo joven entren en vigor.
Anthony Davis es la incógnita existencial del proyecto. A sus 33 años, con un historial de lesiones que es de dominio público, superando los sesenta partidos solo una vez en los últimos seis años, y con un contrato que le paga a casi 63 millones en la temporada 2027-28, Davis no llegó a Washington en las mejores condiciones. De hecho, no llegó a jugar tras el traspaso con Dallas debido a una lesión en la mano izquierda. Lo que sí llegó fue su mensaje: quiere un proyecto ganador, quiere claridad sobre el futuro, y no tiene mucha paciencia para esperar. Al ser preguntado en la exit interview sobre la próxima temporada, dejó una duda en el aire, diciendo que quería reunirse con los ejecutivos para ver cuál era el plan para ganar.
Alguien tendría que haberle dicho que el plan para ganar es él. Y que pasa por su salud.
La ventana de extensión de contrato se abre el 6 de agosto1. Desde el punto de vista del convenio colectivo, una extensión de cuatro años para Davis representaría un compromiso económico que se acerca a los 275 millones de dólares en su máximo. Esa cifra, para un jugador de 33 años con su historial físico, es objetivamente difícil de justificar. La posición de los Wizards debería ser, y así parece entenderse que será, la de esperar a ver cómo juega Davis durante la temporada (y cuántos partidos) antes de comprometerse a largo plazo. Si el extremo positivo se materializa y Davis se mantiene sano, la conversación cambia. Si no, los Wizards habrán evitado un error contractual histórico. Por mucho que lo intente Rich Paul, me temo que sus presiones habrían podido tener más efecto en Dallas que en Washington. No creo que veamos extensión a corto plazo, salvo que sea con un descuento muy importante.
Bilal Coulibaly completa el trío de decisiones urgentes, aunque en una categoría diferente. El alero francés, elegido con la séptima selección del draft de 2023, es elegible para una extensión de escala rookie este verano. El problema es que su desarrollo ofensivo ha seguido un ritmo más lento de lo esperado. Sus herramientas defensivas son de primer nivel, percentil 94 en tapones entre todos los exteriores según Cleaning the Glass, percentil 84 en robos. Pero su ataque sigue siendo inconsistente, su tiro exterior poco fiable y su capacidad de crear para sí mismo y para compañeros todavía casi inexistente. Es posible que los Wizards quieran esperar y ver qué hace el francés esta temporada, siendo después agente libre restringido.
D’Angelo Russell permanece en la plantilla principalmente como activo de traspaso. Su opción de jugador, de algo menos de seis millones de dólares, será casi con toda seguridad ejercida, no porque los Wizards lo quieran en la rotación, sino porque el jugador no va a encontrar ninguna oferta mejor en el mercado. Tampoco creo que les venga del todo mal. Por ese dinero es una pieza de ajuste salarial que en la NBA moderna tiene un uso muy específico: rellenar la diferencia en traspasos en caso de ser necesario.
Anthony Gill, el veterano más longevo de la franquicia con seis temporadas en Washington, es otro que debería regresar en el salario mínimo. Su valor no está en el parqué sino en el vestuario, donde la presencia de jugadores con memoria institucional tiene un impacto real en la cohesión de grupos como este.
3. Objetivos del verano: Construir alrededor de dos estrellas con el tiempo en contra
El presupuesto disponible para mejorar el equipo es limitado pero no irrelevante. Con aproximadamente 20 millones por debajo de la línea de lujo, los Wizards tendrán acceso a la excepción de nivel medio sin impuesto, de aproximadamente 15 millones de dólares. No cuentan con la excepción bianual por haberla utilizado durante la temporada que acaba de concluir. Su espacio de traspaso más significativo es una trade exception de algo más de trece millones que vence en julio. El panorama es el de un equipo que puede mejorar con inteligencia, pero que no puede transformarse de golpe. Tampoco hace falta, porque esa transformación la acaban de hacer.
Antes de hablar de objetivos de la plantilla, está la cuestión del banquillo. La decisión sobre Brian Keefe podría ser la más importante del verano, aunque paradójicamente sea la que menos cobertura mediática recibe. En la NBA el entrenador no es solo el responsable táctico, también es la figura que da credibilidad al proyecto ante los veteranos que aún deben decidir si quieren comprometerse. Davis y Young han jugado para entrenadores con un pedigree que Keefe no tiene. Si la front office tiene dudas sobre su capacidad para llevar a este equipo a los playoffs, y puede haber razones para tenerlas, el momento de actuar es ahora, antes de que la temporada comience y los veteranos empiecen a emitir juicios en privado que luego filtran al ecosistema de periodistas que cubre la liga.
Al menos de momento, parece que Keefe tendrá una oportunidad, por lo poco que ha salido de Washington.
En cuanto al mercado de agentes libres, hay perfiles que encajan mejor que otros con las necesidades del equipo. Rui Hachimura, quien jugó varios años en Washington tras ser drafteado por los Wizards, conoce la organización y ofrece lo que el equipo más necesita en el frontcourt: espaciado exterior, eficiencia desde media distancia y una defensa fiable contra aleros con físico. Su producción de esta temporada con Los Angeles Lakers encaja perfectamente con lo que Davis necesita a su lado para operar con espacio. No es el jugador más llamativo del mercado, pero en términos de impacto real podría ser de los más eficientes. Si le ofrecen esos 15 millones de la mid exception puede que mejoren la oferta de unos Lakers que intentarán mejorar su plantilla. Lo que no tengo tan claro es si él guarda buen recuerdo de Washington.
Los siguientes objetivos que me salen a lo mejor se les van un poco de precio.
Norman Powell, que viene de su primera temporada All-Star con los Miami Heat, representa el escalón superior, un objetivo que sería un grandísimo éxito. Un escolta-alero anotador con capacidad de creación propia, comodidad tanto en el baloncesto estático como en el juego de transición y solidez defensiva. El mercado lo situará probablemente por encima de los veinte millones anuales, pero solo hay tres equipos que tengan realmente espacio salarial. Para los Wizards, usarlo como destino prioritario de la excepción de nivel medio tiene sentido si el objetivo es mostrarle a Davis que quieren ser competitivos.
Peyton Watson, el alero de los Denver Nuggets, puede ser otro objetivo interesante. La situación económica de Denver, sin demasiada flexibilidad para moverse mientras se mantienen fuera del segundo apron, limitaría su capacidad de retenerlo si los Wizards presentan una oferta agresiva con la excepción media completa. Watson combinó en esta temporada una defensa de nivel con un despegue ofensivo que pocos habían anticipado. Su perfil de alero largo, defensor versátil, capacidad de creación individual es exactamente lo que necesita un equipo que ya tiene a Young organizando el juego y a Davis anclando la pintura. Los Nuggets han dicho que están dispuestos a pagar para retenerlo. Pero tengo que verlo para creerme a un Kroenke.
La vía del traspaso abre opciones más arriesgadas, potencialmente más transformadoras, pero que parece poco probable que sus equipos quieran traspasar. Dillon Brooks, en Phoenix, ofrece intensidad defensiva y capacidad anotadora a un precio controlado en los próximos dos años. Nickeil Alexander-Walker, en Atlanta, es el perfil de escolta multifacético que complementaría a Young de manera natural. Pero ni Brooks ni NAW parecen objetivos realistas.
Cualquiera de estas operaciones de traspaso implica ceder piezas del núcleo joven: Coulibaly, Tre Johnson, Jaden Hardy, Cam Whitmore. La pregunta es cuántos de esos jóvenes representan verdadero potencial y cuántos son simplemente buenos jugadores de rotación. Esa evaluación honesta, tanto de los jóvenes como de los veteranos, es la que define el rumbo del verano en Washington.
4. Activos de futuro: La arquitectura de un proyecto que tardó tres años en construirse
Uno de los logros más silenciosos de la gestión Winger-Dawkins es que las operaciones para traer a Young y Davis no costaron selecciones propias de primera ronda. En un sistema donde las franquicias frecuentemente hipotecan su futuro para acelerar el presente, Washington consiguió dos All-Stars sin dilapidar el banco de activos que habían acumulado pacientemente, aprovechándose de la situación límite a a la que habían llegado dos franquicias con sus estrellas por diversos motivos.
El resultado es una posición de Draft extraordinariamente sólida para los próximos años. Los Wizards cuentan con ocho selecciones de primera ronda disponibles en los próximos siete ejercicios, cinco de ellas traspasables este mismo verano si lo deseasen. Tienen además diez selecciones de segunda ronda en el horizonte. Para un equipo que acaba de salir de la reconstrucción, ese inventario es munición para futuros traspasos.
El pick de este año, que estará como mínimo entre los cinco primeros del Draft, cae en una camada que se considera como excepcional en profundidad y talento con potencial de élite. AJ Dybantsa, el alero de BYU, puede ser el proyecto con mayor techo, y cómo mínimo creo que sería el que mejor encajaría en Washington con la configuración actual de la plantilla. Su combinación de tamaño, habilidad de creación y capacidad de lectura lo sitúa en una categoría de proyección muy alta. Darryn Peterson, base de Kansas, es el candidato más pulido en términos de destrezas inmediatas, pero ¿cómo encajaría junto a Trae Young? Cameron Boozer y Caleb Wilson completan el cuarteto de élite, ambos hombres grandes con destrezas modernas para el juego perimetral y de cara a canasta, pero que llevarían a Anthony Davis a jugar de cuatro casi obligado, algo que ya sabemos que no le gusta.
La ironía es que la presencia de Trae Young complica la elección si el pick cae al 5, algo poco probable pero no descartable y que ya ha sucedido en otras ocasiones. En ese tramo, con el top 4 previsiblemente ya fuera de la ecuación, esta clase de draft está poblada por bases, precisamente la posición donde el equipo ya tiene comprometidos cuarenta y nueve millones de dólares. Elegir a Kingston Flemings, Darius Acuff o Mikel Brown con Young ya en la plantilla crearía redundancias evidentes y potencialmente tensiones que ningún entrenador quiere gestionar. En ese hipotético caso, seguramente Keaton Wagler un base con tamaño para jugar hasta de alero sería la elección más sensata.
La filosofía que Dawkins defendió públicamente hace unos días es correcta. Elegir al mejor proyecto de jugador disponible sin importar la posición. Con el primer pick, o incluso con el segundo o tercero, eso significa que el fit es un problema de lujo, no una restricción real. Dybantsa en la pintura junto a Sarr y Davis, o Peterson como escolta creativo junto a Young, son combinaciones que cualquier entrenador de nivel puede gestionar. Ni siquiera contar con Davis debería privarte de elegir a Boozer o Wilson si piensas que es el mejor jugador disponible. Total, Davis puede que no juegue más de 50 partidos nunca más.
El núcleo joven propiamente dicho, los cuatro jugadores que la front office ha juntado en los últimos años, está formado por Alex Sarr, Bilal Coulibaly, Kyshawn George y Tre Johnson. No puedo decir que haya visto a Washington esta temporada como para sacar conclusiones sobre ellos, pero sí que puedo decir en lo que he visto que Sarr, en su segunda temporada profesional, mostró un crecimiento real en casi todas las facetas del juego. Su combinación de tamaño, movilidad y lectura defensiva lo perfila potencialmente como uno de los jugadores más completos de su generación, pero hay que darle tiempo.
La pregunta honesta que los Wizards deben formularse es si alguno de esos cuatro jugará algún día al nivel All-Star. La respuesta, hoy, es que el más cercano parece ser Sarr, y aun así la distancia hasta esa categoría no es pequeña. Son buenos jugadores o buenos proyectos de jugadores, posiblemente muy buenos, pero en la NBA la diferencia entre un muy buen jugador y un All-Star es la que separa a los equipos de Playoffs de los equipos contenders.
5. Valoración de futuro del proyecto: El peso de cuarenta y siete años de historia
Hay un número que ningún análisis sobre los Washington Wizards puede ignorar: 1979. La última vez que esta franquicia ganó cincuenta partidos o más. Cuarenta y siete años. Tres generaciones de aficionados que nunca han visto a su equipo competir de verdad por el título. Ese dato no es solo un hecho histórico, es una condición psicológica, casi ontológica, que pesa sobre cada decisión que se toma en la organización.
El proyecto que Winger y Dawkins han construido en tres años tiene méritos objetivos. La eliminación del contrato de Bradley Beal, el peor de la liga cuando lo heredaron de la front office anterior, con cláusula de no traspaso y cuatro años restantes, fue el punto de partida. Desde ahí, veintiún traspasos en menos de tres temporadas, acumulación de activos sin dilapidación de picks propios, y una gestión impoluta del límite salarial.
Pero ahora el escenario cambia radicalmente. Los Wizards, mientras mantengan a Davis y Young en sus contratos máximos o cercanos al máximo y comiencen a renovar a sus jugadores jóvenes, se aproximarán a la zona de los aprons mucho más rápido de lo que muchos aficionados anticipan. Hasta ahora lo que han hecho Winger y Dawkins ha sido de manual. El movimiento de Young era saltarse ese manual de la reconstrucción, pero dentro de una lógica. El de Davis, con 33 años, es el que más chirría, y el que me hace temer que sea un mal propietario el que está detrás de unas presiones que puedan echar por tierra el trabajo hecho.
La ventana para construir un equipo ganador es, por tanto, más estrecha de lo que los activos disponibles sugieren. Ahora las dos estrellas de peso tienen 33 años y 28. Las extensiones de Sarr y George llegarán en 2027, con salarios que entrarán en vigor en 2028, precisamente cuando el contrato de Davis expira. La línea temporal es ajustada pero no imposible: dos o tres temporadas para demostrar progreso real, con la esperanza de que el pick del draft de 2026 acelere la curva.
El verano de 2026 llegará con una promesa diferente al Capitol One Arena. Por primera vez en años, las preguntas no giran en torno a qué posición ocuparán en la lotería del draft, sino a si este proyecto tiene realmente músculo para competir. La respuesta, como casi todo en la NBA, depende de decisiones que se tomarán en cuestión de semanas.
El verano de 2026 no determinará si los Wizards son campeones. Determinará si merecen ser tomados en serio. Es un primer paso, pero en Washington llevan demasiado tiempo esperando a darlo.
Como seguidor de los Dallas Mavericks, no sabéis lo contento que estoy de no tener que pensar en eso este verano con el proyecto Cooper Flagg.





