El extraño (y sospechoso) nuevo contrato de Gary Trent Jr.
A lo mejor se pensaban que si lo anunciaban ya entrado el mes de julio no nos íbamos a dar cuenta.
La agencia libre de 2026 ya tiene otro gran misterio, y no viene de un traspaso bomba o de una firma sorprendente de una estrella tras una guerra de ofertas.
Viene de Milwaukee, donde los Bucks han acordado con Gary Trent Jr. una renovación de cuatro años y 64 millones de dólares, totalmente garantizada y sin opciones de ningún tipo. Sobre el papel, un contrato más de un mercado que ya nos ha dejado movimientos mucho más ruidosos. En la práctica, uno de los acuerdos más difíciles de explicar de los últimos años, hasta el punto de que no es exagerado señalarlo abiertamente como un posible caso de circunvención del tope salarial, la infracción más grave que contempla el reglamento económico de la NBA.
Vamos a analizar todos los factores.
El arma humeante
Los números no ayudan a los Bucks. Trent viene de firmar la peor temporada desde su año de rookie: 8,1 puntos por partido, un 38,7% en tiros de campo, 21,2 minutos de media en 65 encuentros y una salida progresiva de la rotación de Doc Rivers en el tramo final de un curso desastroso para la franquicia. Es decir, un jugador que hace doce meses aceptó el mínimo salarial (unos 3,7 millones) porque, supuestamente, el mercado no le ofrecía nada mejor, acaba de multiplicar por más de cuatro su sueldo anual justo después de la campaña que debería haber hundido definitivamente su valor. No hay precedente reciente de algo parecido, y esa es exactamente la cuestión que hace que se te levante una ceja. ¿Qué otro jugador ha firmado un mínimo, ha rendido después como un suplente por debajo de la media, y ha sido premiado con 64 millones garantizados?
Ninguno, y eso es lo que nos lleva a pensar que este contrato no se ha negociado ahora, sino hace uno o dos años.
La teoría, que circula desde hace meses entre ejecutivos rivales según The Athletic, es que Trent y los Bucks habrían pactado de palabra una secuencia que seguramente sí que se ha repetido anteriormente en la NBA (me viene a la mente Nicolas Batum con los Clippers). El escolta aceptaba dos mínimos consecutivos para dar aire a la última ventana competitiva alrededor de Giannis Antetokounmpo, la franquicia, que no tenía herramientas para firmarle una cantidad mayor, generaba con esos dos años sus derechos Bird tempranos, y llegado 2026 le devolvería el favor con la renovación que ahora conocemos.
Si esa secuencia existió tal cual, no estaríamos simplemente ante un contrato malo, que también. Estaríamos ante una infracción directa del Artículo XIII del convenio colectivo, la misma que en el año 2000 le costó a los Minnesota Timberwolves cinco primeras rondas del Draft, la mayor multa de la historia de la liga hasta el momento y la suspensión de su propietario. Y hay motivos para pensar que la NBA, como mínimo, debería estar haciendo preguntas.
Empecemos por lo objetivo. Por ejemplo las valoraciones BORD$ de John Hollinger, uno de los modelos de referencia para estimar el valor de mercado de un jugador, situaban a Trent el verano pasado en torno a los 14 millones anuales, cuando venía de un curso 24-25 notable: 11,1 puntos, un 41,6% en triples y unos Playoffs excelentes contra Indiana con dos partidos de más de 30 puntos, pese a sus pérdidas dramáticas al final del quinto partido. Que entonces firmara el mínimo ya fue una sorpresa mayúscula, las fuentes de The Athletic esperaban un primer año de contrato de entre 8 y 10 millones, y en aquel momento ya nos hizo sospechar de que algo no cuadraba. Este verano, tras su desplome, el mismo modelo considera que Trent solo sería un buen valor... al mínimo. Contrato mínimo. Ni un dólar más. Los Bucks, sin embargo, le han dado una media de 16 millones anuales durante cuatro años, sin protecciones, sin opciones de equipo, todo garantizado.
Por contrastarlo con otro modelo de proyección de salarios, esto es lo que dice el Salary Model de Steph Noh.
Y el contexto agrava el sinsentido. Estos no son los Bucks que apuraban su ventana con Giannis, son unos Bucks que acaban de traspasar al griego a Miami y que entran de lleno en una reconstrucción. Y en un mercado en el que no parecía haber precisamente equipos desesperados por ofrecerle un contrato similar. Milwaukee precisamente el tipo de franquicia que debería estar limpiando su libro de cuentas, acumulando flexibilidad y activos, no garantizando cuatro años a un escolta de 27 años que no pudo mantener sus minutos en una rotación mediocre.
Ninguna lógica deportiva ni financiera sostiene este acuerdo. Y cuando un contrato no tiene explicación posible, el propio convenio colectivo tiene algo que decir al respecto.
Dos mínimos, derechos Bird tempranos y un contrato en diferido
Para entender por qué la secuencia resulta tan sospechosa hay que entender qué compraron exactamente los Bucks con esos dos mínimos consecutivos.
El convenio establece que un jugador que pasa dos temporadas seguidas en la misma franquicia sin cambiar de equipo como agente libre genera los llamados derechos Early Bird, una excepción que permite a su equipo renovarle por encima del tope salarial hasta el 175% de su salario anterior o el 105% del salario medio de la liga, lo que sea mayor, en contratos de entre dos y cuatro años.
Con el salario medio actual, ese 105% ronda precisamente la cifra inicial que cuadra con un contrato de 4 años y 64 millones con subidas máximas. Dicho de otro modo, el acuerdo de Trent encaja milimétricamente en el techo exacto de lo que la excepción Early Bird permite. No es un contrato negociado contra el mercado, es un contrato calculado contra el reglamento.
Esa precisión es la que alimenta la teoría del pacto bajo la mesa. Cuando el jugador llega a MIlwaukee los Bucks ya solo tenían mínimos, y se entendió como un buen fichaje por esa cantidad, bastante por debajo de su valor de mercado. Si Trent hubiera firmado un solo mínimo y se hubiera marchado, no habría excepción disponible. Si hubiera firmado por los 8-10 millones que el mercado le habría dado en 2025, los Bucks, que estaban aún peleando con el segundo apron, no habrían podido pagarlo sin sacrificar otras piezas. La única ruta que conducía a este destino era exactamente la que se recorrió. Dos mínimos consecutivos, paciencia, y cobrar el premio cuando la excepción de los Early Birds madurase.
Todo apunta a que un contrato así después de la temporada que Trent acaba de completar es algo que, como mínimo, debería ser investigado por la NBA, y podría encajar en la cláusula del convenio que contempla los casos en los que no existe explicación posible distinta de la propia circunvención. Esa cláusula existe, es real, y está en el Artículo XIII: la NBA no necesita un contrato secreto firmado para sancionar si considera que algo se sale de lo normal, le basta con que un arbitraje concluya que ninguna interpretación razonable de los hechos es compatible con una negociación limpia. Y darle un contrato de 64 millones a alguien que viene de la temporada de Gary Trent Jr. no parece normal.
El fantasma de Joe Smith
Este caso ya lo he explicado unas cuantas veces en este espacio, pero la liga ya vivió esto una vez, y el desenlace fue devastador.
En enero de 1999, los Minnesota Timberwolves alcanzaron un acuerdo secreto con Joe Smith. El ala-pívot firmaría varios contratos consecutivos por debajo de su valor de mercado, incluido uno de apenas 2,5 millones, a cambio de la promesa escrita de un contrato futuro que podía alcanzar los 86 millones una vez la franquicia dispusiera de sus derechos Bird. El esquema salió a la luz por accidente, durante un litigio entre el agente de Smith, Eric Fleisher, y antiguos socios, y cuando el árbitro Kenneth Dam confirmó la existencia del pacto, David Stern descargó el castigo más severo jamás impuesto a una franquicia: cinco primeras rondas del Draft confiscadas (dos serían devueltas años después por buena conducta), una multa de 3,5 millones de dólares, la máxima permitida entonces, la anulación de los contratos de Smith con la consiguiente extinción de sus derechos Bird, y suspensiones para el propietario Glen Taylor y el general manager Kevin McHale. Stern lo calificó de “fraude de grandes proporciones” que atacaba el corazón mismo del convenio colectivo.
El paralelismo con Milwaukee no es perfecto, porque en Minnesota había documentos firmados y escondidos en un cajón, la prueba definitiva, pero la arquitectura del presunto esquema es idéntica. Salarios artificialmente bajos hoy a cambio de un premio garantizado mañana, utilizando los derechos Bird como vehículo del pago diferido. La diferencia práctica es probatoria. Si el acuerdo de Trent con los Bucks fue verbal, un apretón de manos entre la franquicia y Rich Paul sin rastro documental, la NBA se enfrenta a un problema mucho más difícil que en el año 2000.
Es la vieja distinción entre lo ilegal y lo demostrable que Better Call Saul convirtió en tesis narrativa. El sistema no castiga lo que hiciste, castiga lo que puede probarse que hiciste. Y las franquicias de 2026, escarmentadas por el caso Smith, han aprendido a no dejar nada por escrito. Pero, en cualquier caso, incluso si no se encontrasen pruebas la liga siempre puede recurrir a la cláusula mencionada arriba.
Eric Nehm y Sam Amick escriben en The Athletic que ejecutivos rivales llevaban “meses anticipando este acuerdo”, convencidos de que los Bucks “recompensarían” a Trent por su generosidad al firmar el mínimo en 2025. Si el contrato de un suplente que promedia 8 puntos era un secreto a voces en los despachos de la liga desde antes de que se abriera la agencia libre, entonces el mercado no descubrió el valor de Trent este mes de julio, sino que estaba fijado desde hace mucho tiempo, al margen de lo que ocurriera en la pista. Los propios periodistas no aclaran si esos ejecutivos hablaban desde la sospecha o desde el conocimiento, lo cual diferenciaría entre saber que se está haciendo algo ilegal o pensar que simplemente “así es como funciona la NBA”.
Dos imágenes que (no) se entienden mejor juntas:
¿Hará algo la NBA? La historia sugiere que solo si aparece un papel, pero, como mínimo, tendría que abrir una investigación. Adam Silver dispone de las herramientas del Artículo XIII, de la doctrina del caso Smith y de una cláusula pensada exactamente para contratos sin explicación alternativa. Pero abrir una investigación formal contra una franquicia por un acuerdo verbal, sin documento que exhibir ante un árbitro, es una batalla que la liga históricamente ha preferido no librar. El propio Stern admitió en su día que la mayoría de los pactos de “guiño y apretón de manos” que persigue la liga acaban quedando en rumores. Aquí seguramente el único rastro que podamos encontrar son los puntos que hemos unido en este artículo, cómo se ha tejido la firma de este contrato desde un punto de vista legal, unidos al rendimiento del jugador en la temporada pasada.
Mientras tanto, vemos que el esquema Joe Smith sigue funcionando, siempre que nadie sea tan torpe como para dejarlo por escrito. El caso que mencionaba de Nicolas Batum es uno muy claro, pero al menos cuando los Clippers le dieron la esperada subida de salario era algo merecido deportivamente. Los Bucks, sin Giannis, sin rumbo y ahora con 64 millones comprometidos en Gary Trent Jr., quizá no hayan cometido ninguna infracción. Pero no parecen inocentes.
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