La cláusula del CBA que nadie quiere leer: lo que sucede cuando fallece un jugador
Cuando llega la tragedia, esto es lo que dice el convenio de la NBA.
Una nota personal antes de este artículo: sí, otra vez estoy aquí, escribiendo un artículo que tengo dudas sobre escribir aunque esta vez por motivos muy diferentes al último.
Hoy es por no saber si quizás no es el momento, por no querer usar un tono inadecuado, por no querer ser tampoco irrespetuoso con la muerte de una persona.
Porque mi intención no es reducir a Brandon Clarke a unos números o la letra pequeña de un convenio, o de un contrato, y espero que el ejercicio y el artículo de hoy no se vea así. Tampoco quiero que parezca que mi intención es la de sacar un dinero aprovechando esta muerte. Bueno, sí, mi intención con NBA con Contexto es sacar dinero, está claro, pero lo es, entre otras cosas, con análisis en profundidad del convenio en habituales y en casos extraordinarios como este.
Al final, he decidido hacerlo porque me parece que es un tema interesante, del que nunca se suele hablar, y que se puede tratar desde el respeto y sin menospreciar la tragedia. Eso sí, he esperado un par de semanas, lo que vais a leer (si queréis) a continuación lleva escrito un tiempo, pero he creído conveniente esperar un poco para sacarlo.
Espero que lo veais como yo.
Brandon Clarke fue encontrado sin vida la noche del lunes 11 de mayo en un apartamento del Valle de San Fernando, en Los Angeles. Tenía 29 años, llevaba toda su carrera profesional en los Memphis Grizzlies, y a falta de los resultados toxicológicos que el forense del condado de Los Angeles aún no ha hecho públicos, los investigadores tratan el caso como una posible sobredosis. En la vivienda se encontró parafernalia asociada al consumo de drogas. Más importante que todo ello es que Clarke era un compañero muy querido en el vestuario de los Memphis Grizzlies, considerado una gran persona por aquellos que lo conocían, y un miembro importante del trabajo comunitario de los Grizzlies.
Hay un instinto no tan periodístico y sí más humano que te lleva a sentir que escribir sobre lo que ocurre con el contrato de un jugador muerto suena, dicho claro, a una indecencia. La franquicia ha perdido a un compañero, la familia a un hijo, un padre, un hermano, y aquí estamos hablando de garantías, de aprons, de exenciones por incapacidad permanente. La que podría ser la defensa habitual, decir que la información económica de la NBA es información pública, que los aficionados pagan entradas y abonos cuyo destino último son esos contratos, que la transparencia es una forma de respeto, no se sostiene cuando aún estamos secando las lágrimas.
Al mismo tiempo, hay otra razón por la que merece la pena escribir este texto. Las cláusulas que regulan la muerte de un jugador son, casi sin excepción, las menos discutidas del convenio colectivo, y las que peor entiende la gran mayoría de los aficionados, porque nunca se explican. Por suerte, no suele hacer falta. Cuando ocurre una tragedia como la de Clarke, la cobertura se concentra durante unos días en obituarios, reacciones de compañeros y homenajes, como es lógico, y luego se va desvaneciendo, olvidando, precisamente en los momentos en que los abogados del equipo, los del sindicato y los de la familia empiezan a hablarse entre ellos.
La pregunta, además, no es tan sencilla como parece. De hecho, son numerosas las preguntas que nos podemos plantear:
¿Se queda la familia con los doce millones y medio que Memphis aún debía a Clarke por la temporada 2026-27?
¿Decide eso la franquicia o lo impone el convenio?
¿Sigue ese dinero contando en el cap de los Grizzlies, o desaparece de los libros como si nunca hubiera existido?
¿Puede Memphis pedir un Disabled Player Exception para reemplazarlo?
¿Importa, a efectos contractuales, que la causa de la muerte sea o no una sobredosis?
Las respuestas están repartidas entre el Artículo II del CBA, el Uniform Player Contract, los Exhibits 2 y 3, el Artículo VII y un puñado de precedentes que se remontan a Reggie Lewis.
Si os parece bien continuar con este artículo, vamos a ponerlos todos en orden.




