La otra consecuencia del NIL: ¿jugadores mayores y más hechos en el Draft?
Además de un gran éxodo de talento desde Europa.
La introducción de los pagos por los derechos de nombre, imagen y semejanza (NIL, por sus siglas en inglés) en la NCAA ha transformado el panorama del deporte universitario en Estados Unidos, especialmente en el baloncesto, y no solo en Estados Unidos, como hemos podido sentir en las canteras europeas a lo largo de este verano.
Este cambio ha permitido a los atletas universitarios monetizar su popularidad, lo que ha generado un efecto dominó en las decisiones de los jugadores sobre su futuro profesional… y eso afecta directamente a Europa y a la NBA.
Uno de los impactos más significativos de los pagos NIL es que los jugadores están optando por permanecer más tiempo en la universidad en lugar de dar el salto inmediato a la NBA. Esto se debe a que los contratos NIL pueden ofrecer sumas considerables, a menudo comparables o incluso superiores a los salarios iniciales de los jugadores seleccionados en las rondas tardías del draft.
Un ejemplo interesante es el de Yaxel Lendeborg, un pívot dominicano-estadounidense que decidió retirarse del draft de la NBA de 2025 para regresar a la Universidad de Michigan. Lendeborg, que estaba proyectado como una selección de la parte media o baja de la primera ronda, podría haber firmado un contrato de cuatro años por más de 14 millones de dólares, con 5,6 millones garantizados si hubiese sido elegido en la zona e la que se preveía que iba a caer. Sin embargo, optó por quedarse en la NCAA, donde los pagos NIL le ofrecen una estabilidad financiera inmediata sin el riesgo de caer a la segunda ronda, donde los contratos no están garantizados.
Lendeborg, de 22 años, señaló que su trasfondo personal influyó en su decisión. Este caso no es aislado: otros jugadores como Milos Uzan (Houston) y Alex Condon (Florida) también decidieron regresar a la NCAA, priorizando el desarrollo deportivo y los ingresos por NIL sobre la incertidumbre del draft. Y esta tendencia a permanecer en la universidad se refleja en los números.
En 2025, solo 106 jugadores se inscribieron como "early entrants" (los que no son elegibles automáticamente por edad o por haber terminado su ciclo universitario) en el draft de la NBA, el número más bajo desde 2015. Esto contrasta con el pico de 363 inscritos en 2021, justo antes de que los pagos NIL se generalizaran. En el fútbol americano, la NFL también ha visto una disminución similar, con solo 69 jugadores de primer ciclo en el draft del pasado mes de abril, frente a 128 en 2021.
Esta reducción se atribuye en gran parte a los incentivos financieros que ofrecen los pagos NIL. Los jugadores, especialmente aquellos proyectados para ser seleccionados en la segunda ronda o en la parte baja de la primera, tienen un riesgo significativo al entrar al draft, ya sea cayendo en una mala situación y con un contrato no garantizado, o llegando a caer del todo y no siendo drafteado. Algunos agentes se lo están diciendo claro a sus representados: a no ser que ya no quieras estar en la universidad y quieras jugártela, si no tienes asegurado estar en la primera ronda, quédate en la universidad mientras puedas. Porque ya no es solo que puedas caer y quedarte fuera, ahora también muchas franquicias presionan a sus elegidos en segunda ronda para que firmen contratos two-way, en vez de contratos estándar.
Todo esto hace que la edad media de entrada al draft suba, y con ello, supuestamente, la madurez de los jugadores. Durante años hubo un debate sobre si la NBA debía bajar la edad de entrada a los 18 años, algo que ya quedó enterrado también con el NIL, pero había otra corriente que defendía justo lo contrario, que se debía subir la edad límite de entrada para que los jugadores llegasen más hechos y hubiese menos casos de fracasos en el draft.
Otro efecto notable de los pagos NIL es el aumento del atractivo de la NCAA para los jugadores internacionales. Tradicionalmente, los jugadores jóvenes internacionales han preferido desarrollarse en ligas profesionales de sus países o en las canteras de esos clubes antes de presentarse al draft de la NBA. Sin embargo, la posibilidad de obtener ingresos significativos mientras compiten en un sistema universitario competitivo está comenzando a cambiar esta dinámica, y así lo hemos podido ver este verano a lo largo de toda Europa, y en concreto en España con casos como los de Mario Saint-Supery (Gonzaga), Rubén Rodríguez (Texas A&M), Sidi Gueye (Arizona) o Dame Sarr (Duke).
Ya hace un año empezaron a verse las primeras señales de que una inmigración masiva de jóvenes europeos podría llegar a la NCAA. Entre los primeros puestos del pasado draft de la NBA, tres jugadores internacionales —Egor Denim (BYU), Khaman Maluach (Duke) y Kasparas Jakucionis (Illinois)— dejaron sus clubes en el extranjero para unirse a programas universitarios en 2024. Estos jugadores no solo buscan exposición en el baloncesto universitario estadounidense, sino también la oportunidad de capitalizar los pagos NIL.
¿Y los clubes europeos qué hacen? Quejarse. Resignarse. Adaptarse. Algunos de ellos amenazan con cerrar sus canteras. Otros cobran cláusulas de rescisión y facilitan la salida de los jugadores a cambio de quedarse con sus derechos por si después regresan a Europa. Esa es la nueva realidad: Europa ya no es solo una cantera ya para la NBA, también para la NCAA. Aunque hay posibles cambios a la vista.
La reciente resolución del caso House v. NCAA podría introducir un sistema de reparto de ingresos y límites a los pagos NIL con una especie de límite salarial, lo que podría influir en las decisiones de los jugadores en los próximos años. Algunos ejecutivos de la NBA sugieren que, si bien los pagos NIL han reducido el número de participantes en el draft, la estabilización de las regulaciones podría revertir esta tendencia, incentivando a más jugadores a probar suerte en el ámbito profesional.
Y la relación con la NBA sigue estrechándose. Hace unos meses escribía sobre las aportaciones de Stephen Curry, Tyrese Haliburton o Georges Niang a sus universidades en forma de dinero para pagos NIL. Desde entonces, otros como Trae Young, Terance Mann o Damian Lillard también han llegado a acuerdos para ser nombrados con un puesto en las oficinas de las universidades en las que estudiaron a cambio de una aportación económica y de intentar utilizar su influencia a la hora de reclutar a jugadores.
A pesar de las incertidumbres, los jugadores son los grandes beneficiados de este nuevo sistema. Los pagos NIL les permiten ganar dinero mientras desarrollan sus habilidades en un entorno competitivo, sin la presión de arriesgarse a un contrato no garantizado en la NBA. Además, el sistema de transferencia entre universidades (transfer portal) les otorga una flexibilidad sin precedentes para cambiar de universidad sin perder elegibilidad, una especie de agencia libre para jugadores universitarios, lo que les permite buscar mejores oportunidades deportivas y financieras.
Y esta es la nueva realidad de una liga que ya no es amateur, y que ha cambiado el panorama también para la NBA y el baloncesto europeo.