La semana en la que la WNBA marcó la fecha límite para las negociaciones
Tic, tac, tic, tac...
No sé si iría en lo mejor o en lo peor de la semana, pero aprovechando este momento de la temporada de la NBA en el que tenemos un impás, vamos a poner al día unas negociaciones del convenio de la WNBA que están muy calentitas. Además de repasar los que han sido los mejores partidos de la semana, y de dejaros una ronda de enlaces que considero interesantes.
El calendario no perdona, y si en las últimas semanas os decía que el tiempo se estaba echando encima, ahora ya tenemos una fecha límite inminente impuesta sobre la mesa de negociaciones: el 10 de marzo.
Ese es el día que la WNBA ha marcado en rojo en el calendario como el punto de no retorno para llegar a un acuerdo con el sindicato de jugadoras (WNBPA) si no quieren que la temporada 2026, programada para arrancar el 8 de mayo, sufra retrasos irrecuperables. Tras 16 meses de conversaciones estancadas, finalmente ha llegado el ultimátum sobre una liga que irónicamente atraviesa el momento de mayor popularidad y crecimiento de su historia.
El actual panorama del baloncesto femenino profesional estadounidense es un ecosistema congelado. Aunque la liga Unrivaled sigue su marcha llenando pabellones pero bajando en audiencias, sin un nuevo convenio el negocio está paralizado. No hay agencia libre, no se pueden ejecutar traspasos, y eventos fundamentales como el draft de expansión (para dar cabida a las nuevas franquicias de Toronto y Portland) y el draft universitario están en el aire. La liga se encuentra en una encrucijada financiera y filosófica, y los números que se están discutiendo en la mesa de negociación revelan una profunda desconexión sobre cómo debe construirse el futuro del baloncesto femenino.
El espejismo del primer contrato del millón de dólares
Cuando todo esté firmado y en marcha, es casi seguro que la WNBA tendrá a su primera jugadora cobrando un millón de dólares de salario base. Durante 29 temporadas, las estrellas de la liga han ganado cifras de siete dígitos, pero nunca gracias a los cheques firmados en Estados Unidos. Candace Parker, una leyenda absoluta, nunca superó los 200.000 dólares de salario base en la liga, construyendo su imperio financiero a través de patrocinios y contratos en el extranjero. Diana Taurasi tuvo que ser compensada por el UMMC Ekaterinburg ruso con un salario que superaba con creces el de la WNBA en 2014 solo para que descansara en 2015.
Ahora, la propuesta de la liga pone sobre la mesa un salario supermax de aproximadamente 1.130.000 dólares. Suena a victoria rotunda, pero la letra pequeña esconde una trampa de ingeniería financiera. Ese contrato representaría el 20% del límites salarial propuesto por la liga para el primer año del convenio, fijado en 5,65 millones de dólares. Por su parte, el salario máximo estándar rondaría los 988.750 dólares (el 17,5% del tope).
El problema radica en que las jugadoras están exigiendo un tope salarial de casi 9,5 millones de dólares. La brecha entre los 5,65 millones de los propietarios y los 9,5 millones del sindicato es muy alto teniendo en cuenta las características de las plantillas de la WNBA.
Si eres un general manager en la WNBA, la propuesta actual de la liga puede terminar siendo tu peor pesadilla estratégica. Hasta ahora, la dureza del límite salarial obligaba a las grandes estrellas a perdonar dinero para poder construir equipos competitivos. A’ja Wilson, cuatro veces MVP, cobró 200.000 dólares en 2025, un 20% menos de lo que le correspondía, ni siquiera siendo la mejor pagada de su equipo (ese honor fue para Jewell Loyd con 249.032 dólares). Dinastías recientes como las de Las Vegas Aces, Phoenix Mercury, New York Liberty o Minnesota Lynx se han cimentado sobre el sacrificio económico voluntario de sus figuras.
Pero si el nuevo convenio estipula que un contrato supermax devora el 20% del tope salarial, pedirle a una estrella que perdone un dinero equivalente al de las figuras nombradas significa pedirle que renuncie a más de 200.000 dólares anuales. La propuesta de la liga aniquila la flexibilidad y aprieta mortalmente a dos sectores críticos: la clase media de jugadoras y la profundidad de las plantillas.
Hagamos los números con el sistema que propone la liga con un ejemplo que he visto a varios expertos en WNBA: las Indiana Fever. Si le pagan a Kelsey Mitchell el supermax de 1,13 millones, y luego destinan 1,08 millones combinados a los salarios fijos de la escala rookie de Caitlin Clark y Aliyah Boston (cuyos porcentajes de impacto en el límite también aumentarían drásticamente, pasando del 5,6% al 9,6%), las Fever se quedarían con apenas tres millones y medio para rellenar los nueve huecos restantes de la plantilla. Esto equivale a una media de unos 382.200 dólares por jugadora, muy por debajo de los 470.000 dólares que la liga proyecta como el salario medio bajo esta última propuesta.
El caso de Las Vegas Aces es aún más doloroso. Para ganar en la WNBA actual necesitas tres o cuatro jugadoras de primera línea. Bajo los números propuestos, Loyd cobraría 1,13 millones, Wilson unos 904.000, Chelsea Gray 887.000 y Jackie Young unos 768.400. Solo estas cuatro jugadoras consumirían casi 3,7 millones de dólares, un insostenible 65% del límite salarial. Las ocho jugadoras restantes de la plantilla tendrían que repartirse las migajas, cobrando alrededor de 245.000 dólares cada una, rozando el salario mínimo propuesto y dejando al equipo sin margen de maniobra.
Claro, por un lado es un triunfo. Ese salario mínimo propuesto es prácticamente el mismo al que era el máximo hasta hace nada. Al mismo tiempo, se trata de una estructura que fomenta estrellas multimillonarias rodeadas de jugadoras de salario mínimo, erradicando por completo los salarios medios.
El reparto y los ingresos brutos vs. netos: La verdadera batalla
Todo este debate matemático nos lleva al núcleo del conflicto, ese al que volvemos siempre en cada repaso que hacemos al estado de las negociaciones: el reparto de ingresos.
Por primera vez en la historia, la WNBA generó suficientes ingresos en 2025 para activar el sistema de reparto con las jugadoras, desencadenando un pago de 8 millones de dólares a repartir entre las plantillas y otros 8 millones para acuerdos de marketing, además de la distribución de 9,25 millones procedentes del dinero de las licencias (camisetas, videojuegos, cartas). En plenas negociaciones, esto ha dejado por los suelos la vieja narrativa de que “la liga no hace dinero”. Ahora mismo lo están haciendo, y mucho.
El sindicato está pidiendo un 27,5% de los ingresos brutos. La liga, por el contrario, ofrece un 70% de los ingresos netos. Si preguntas a cualquiera que conozca algo de la contabilidad deportiva, te dirá que los ingresos netos son un campo de minas. Los propietarios pueden inflar los gastos operativos, los costes de viaje y la infraestructura para reducir artificialmente el beneficio neto, dejando a las jugadoras con una porción muy reducida. De hecho, el 70% de los ingresos netos que ofrece la liga equivale a algo menos del 15% de los ingresos brutos reales.
El sindicato de las jugadoras está mirando a otras ligas en crecimiento como la MLS, que en su convenio de 2021, antes de la llegada de Messi y de su megacontrato televisivo, acordó que a partir de 2025 las plantillas se llevarían un 25% de los ingresos brutos. Si la MLS pudo hacerlo basándose en proyecciones futuras, la WNBA, que ya tiene firmado un buen contrato televisivo, no tiene excusa para negarse, según el sindicato.
El viejo truco del manual de los propietarios
En medio de esta guerra de cifras multimillonarias, el tema del alojamiento se ha convertido en uno de los puntos más calientes, y aquí es donde los propietarios han desplegado una de las tácticas de negociación más viejas y previsibles de estas negociaciones de convenio.
Desde 1999, las franquicias de la WNBA han estado obligadas a proporcionar alojamiento a sus jugadoras, ya sea un apartamento de una habitación o un estipendio equivalente. Sin embargo, al inicio de estas negociaciones, la liga retiró por completo esta provisión de sus propuestas. Quitaron algo básico que ya existía y que no suponía un gasto que rompiera la banca, generando una indignación predecible y justificada en el sindicato.
Meses después, en su contraoferta más reciente, la liga volvió a incluir el alojamiento y lo vendió como una gran concesión. Pero la realidad de la oferta es engañosa: proponen garantizar el alojamiento para todas las jugadoras solo en 2026. A partir de 2027 y 2028, se eliminaría progresivamente, manteniéndolo únicamente para jugadoras con cero años de experiencia o con salarios mínimos, y relegando a las jugadoras de desarrollo a apartamentos tipo estudio.
Es una maniobra de negociación y distracción de manual: te quitan un derecho adquirido y que ya es básico sin venir a cuento para luego devolvértelo mutilado, esperando que lo agradezcas y que, en el proceso, cedas en el verdadero campo de batalla de los porcentajes del límite salarial y el reparto de ingresos brutos.
Mientras tanto, en la mesa de los dueños, las agendas están divididas. La estructura de propiedad de la WNBA ya os expliqué que es compleja. El 42% pertenece a la junta de gobernadores de la NBA, el 16% a inversores externos, y el resto a los propietarios individuales de la WNBA. La NBA tiene un interés a largo plazo en globalizar el producto, y es muy probable que, si las negociaciones se extienden peligrosamente, la maquinaria mediática de la liga comience a filtrar que los culpables del bloqueo son los propietarios exclusivos de equipos WNBA, esos que invirtieron hace años sin esperar este nivel de éxito financiero y que ahora se resisten a abrir los libros de cuentas.
Grietas en el sindicato y el fantasma de la huelga
Si observamos el lado de las jugadoras, la fachada de unidad inquebrantable que el sindicato ha proyectado durante los últimos 16 meses está empezando a mostrar signos de fatiga. Y es completamente lógico. Un sindicato deportivo rara vez es un monolito, especialmente cuando el sustento económico de una estrella que firma contratos publicitarios millonarios es radicalmente distinto al de una jugadora de rotación que pelea por mantenerse en la liga.
Esa realidad parece que colisionó de frente en la reunión virtual que el sindicato celebró este pasado martes. Lo que debía ser una actualización sobre el estado de las negociaciones rápidamente se transformó en un intercambio tenso y acalorado, según las fuentes de ESPN y Front Office Sports. El principal punto de fricción es el arma más pesada que tienen las jugadoras en su arsenal: la huelga. A mediados de diciembre, las jugadoras votaron de manera casi unánime a favor de autorizar un paro laboral, otorgándole al comité ejecutivo de siete miembros, liderado por la presidenta Nneka Ogwumike, el poder de apretar el botón nuclear si lo consideraban necesario. Sin embargo, a medida que la temporada se acerca y los cheques siguen en el aire, parece que muchas jugadoras han comenzado a cambiar de opinión.
Aunque más de la mitad del liderazgo de las jugadoras reafirmó su compromiso de ir a la huelga si las condiciones no mejoran, la disidencia interna empieza a aparecer. Terri Carmichael Jackson, la directora ejecutiva de la WNBPA, tuvo que enviar una comunicación interna para calmar las aguas, reconociendo que la conversación había sido “enérgica, apasionada y, por momentos, dura”. En un intento de hacer control de daños, Jackson enmarcó la tensión como un síntoma de salud democrática. “El debate honesto no es división. Es compromiso”.
La veterana base Lexie Brown lo resumió a la perfección, despojando la situación de cualquier romanticismo. “No esperaba que entráramos a estas reuniones, semana tras semana, simplemente a cantar el kumbaya y estar todas de acuerdo en todo. Esa no es la realidad. Todas queremos jugar. Todas queremos un convenio justo, pero lo ‘justo’ es diferente para distintas personas. ¿Cómo llegamos a un punto donde lo ‘justo’ se vea igual para la mayoría, para la minoría, para las jugadoras de contrato máximo, para las jugadoras de rol y para las novatas?”.
Esa es la pregunta del millón, o de los 5,65 millones, si le preguntas a la liga. Mientras las jugadoras debaten internamente, la WNBA sabe que es un momento crucial y propicio para apretar las tuercas al sindicato, y ha decidido aplicar un torniquete de presión con el calendario. En la sesión de negociación del pasado lunes, la liga no solo plantó la fecha límite del 10 de marzo, sino que detalló a los general managers cómo sería el frenético cronograma operativo si se llega a un acuerdo verbal ese día:
10 de marzo: Acuerdo verbal.
31 de marzo: Firma oficial del convenio, dejando a las franquicias en un limbo burocrático de tres semanas mientras los abogados redactan el documento.
1 al 6 de abril: Draft de expansión.Toronto y Portland construyen sus plantillas casi a ciegas.
7 y 8 de abril: Envío de ofertas cualificadas y designaciones de jugadora franquicia.
9 al 11 de abril: Periodo relámpago de negociación de agencia libre. Tres días.
12 al 18 de abril: Periodo de firmas oficiales.
13 de abril: Draft universitario.
19 de abril: Inicio de los training camps, que este año quieren adelantar.
Este calendario es un sprint que obligaría a las oficinas y a los agentes a realizar el trabajo de meses en apenas un par de semanas. Para el sindicato, esta presión repentina es recibida con una mezcla de confusión y frustración, porque tienen la sensación de que la liga ha estado dejando pasar el tiempo sin negociar en serio para que la presión del tiempo contase a su favor. La WNBPA tuvo que sentarse a esperar durante seis semanas enteras para recibir una contraoferta a la propuesta que enviaron a finales de diciembre. Que ahora la liga exija velocidad máxima, cuando fueron ellos los que congelaron el reloj, es visto como una táctica de negociación de mala fe.
Sobre todo porque la contraoferta que la liga envió el 20 de febrero no movió ni un centímetro la aguja en las dos trincheras principales: mantuvieron intacto su límite salarial de 5,65 millones de dólares y no alteraron su postura sobre el porcentaje del reparto de ingresos. Su único “movimiento” real fue el ya mencionado juego de trileros con el alojamiento, devolviéndolo a la mesa para todas las jugadoras, pero con fecha de caducidad en 2026.
Ante esta inmovilidad, el sindicato enviará una encuesta en los próximos días para que las jugadoras voten qué les parece la última oferta de la liga, recordando que cualquier CBA requiere la aprobación de la mayoría absoluta de las votantes para ser ratificado. Aunque figuras como Ogwumike y la vicepresidenta Alysha Clark insisten en que tener “conversaciones difíciles” no equivale a una fractura sindical, el nivel de ansiedad está escalando entre las jugadoras.
Tras la tensa reunión del martes, un grupo de más de 10 agentes, representantes de jugadoras de todos los estratos salariales, enviaron su propia carta a la cúpula del sindicato ofreciéndose a intervenir y ayudar de cualquier manera posible para cerrar un acuerdo. Cuando los agentes, cuyas comisiones están actualmente congeladas junto con la agencia libre, empiezan a mandar cartas para ofrecerse como bomberos, sabes que el humo de las negociaciones está empezando a nublar la visibilidad.
Las negociaciones siguen siendo un juego de resistencia. La WNBA nunca ha tenido tanto dinero, tanta atención ni tanto potencial. La pregunta antes del 10 de marzo no es si la liga sobrevivirá, sino cómo de magullados saldrán los propietarios y las jugadoras antes de verse obligados a firmar la paz.
Cortesía del SofiAlertBot de La Crónica desde el Sofá, que valora cada partido disputado del 0 al 5 sin spoilers.
Cleveland Cavaliers - Detroit Pistons 🛋 4.7/5 Sofis - Hice este partido en directo junto a Pepe Brasín, y aunque yo no lo consideraría un gran partido, entiendo al algoritmo, porque tuvo un poco de todo: piques, remontadas imposibles, prórroga, un parón por bocina estropeada…
Los Angeles Lakers - Phoenix Suns 🛋 4.7/5 Sofis
Houston Rockets - Orlando Magic 🛋 4.7/5 Sofis
Minnesota Timberwolves - Portland Trail Blazers 🛋 4.4/5 Sofis
Cleveland Cavaliers - Milwaukee Bucks 🛋 4.4/5 Sofis
Y el honor al peor partido de la semana se lo llevan…
Memphis Grizzlies - Dallas Mavericks 🛋 1.3/5 Sofis
Esta semana hubo dos temas principales en NBA con Contexto:
En las últimas semanas le he dedicado más tiempo del que me gustaría admitir a meter nombres en el buscador de los papeles de Epstein, y a recopilar aquellas menciones a personas relacionadas con la NBA y por qué salen mencionadas en estos archivos.
La lesión de Jimmy Butler y el traspaso de Jonathan Kuminga han marcado extraoficialmente el final de cualquier esperanza que pudiera quedar de que Stephen Curry tuviera otro equipo para poder luchar por el anillo antes de retirarse. Ha llegado el momento de asumirlo y darle un ocaso digno.
En la noche de este próximo viernes al sábado estaré en directo aen DAZN con Sergi Concha comentando todo un Boston Celtics vs Dallas Tankericks. ¿Con Jayson Tatum de vuelta? ¿Nos creemos los amagos?
Hoy voy con un carrusel amplio con enlaces que me he ido guardando estas semanas:
equipos con opciones reales de ganar el anillo esta temporada. Personalmente, me parecen demasiados.
Jayson Tatum recuperación de su rotura del tendón de aquiles.
En cualquier caso este renacer de los Cleveland Cavaliers y los Detroit Pistons le está dando lustro y recuperando una rivalidad clásica del Este.
En Utah están bastante cabreados por cómo se les ha señalado por el tanking de los Utah Jazz, y cuando te cabreas empieza a darte igual a quién molestes diciendo las cosas que piensas. En el Deseret News, ya no les importa decir cosas como que la lealtad de la NBA ha cambiado, que ya no es hacia los equipos, sino hacia las casas de apuestas.
Los Dallas Mavericks han sacado oficialmente el tanque. No digo que vayan a tirar todos los partidos, pero sí que ha quedado claro esta semana que había dos partidos que querían perder sí o sí de manera estratégica para el Tankathon. Y hay una forma rápida de ver cuándo quieren perder: los días que Jason Kidd le da muchos minutos a este jugador.
Jalen Duren dice que los Detroit Pistons son más listos, más duros y mejores en general, y que están listos para ganar el campeonato. Y yo diría lo mismo sobre el propio Duren.
Antes os mencionaba que los Mavericks habían sacado el tanque a pasear, y ahora le sacan partido y medio a los Grizzlies en dicha carrera. Hay un elemento libre dentro de la misma, que son los New Orleans Pelicans, ahora mismo con 4 victorias consecutivas y sin motivación alguna para dejarse llevar, ya que su pick irá a Atlanta o a Milwaukee. Creo que New Orleans terminará pasando tanto a Dallas como a Memphis. Así es como afectó al Tankathon esa victoria de los Grizzlies contra los Mavericks el viernes.
Sergio Rabinal nos cuenta por qué los San Antonio Spurs son la verdadera alternativa para llevarse el anillo esta temporada.
Disfrutad de la NBA.






