Lo MEJOR y lo PEOR de la semana de los récords
¡Récords! ¡Récords! ¡Y más récords!
Hoy edición un poco corta porque anoche estuve comentando el Los Angeles Lakers vs Denver Nuggets en directo y uno en algún momento tiene que dormir y esas cosas.
Aún os queda tiempo para dejar alguna preguntilla más para el mailbag. Mi intención es que salga este miércoles.
Vivimos en la era de la eficiencia algorítmica. En un mundo donde Netflix sabe qué vas a ver antes de que tú lo sepas y donde el high-frequency trading decide el destino de economías enteras en milisegundos, el baloncesto ha encontrado a su propia versión del software infalible. Hace unos años pensábamos que se trataba de Kawhi Leonard, pero ha llegado una versión 2.0 de ese tipo de robot.
Shai Gilgeous-Alexander no juega al baloncesto. Bueno, sí, pero ya sabéis por dónde voy. Shai ejecuta un proceso de optimización de recursos. Verle jugar es como ver a un analista de datos trabajando. No hay prisa, no hay pánico, apenas hay fallos, solo una serie de fintas, ángulos imposibles y ese lanzamiento de media distancia que es, hoy por hoy, uno de los castigos más inevitables de la NBA.
Lo que Shai ha logrado esta semana no es solo una estadística de quien la sigue la consigue. Ha derribado una de las murallas más altas del castillo de Wilt Chamberlain, un hombre que, hasta hace poco, tratábamos más como un semidiós de la mitología griega que como un jugador de baloncesto real. Durante 63 años, la cifra de 126 partidos consecutivos anotando al menos 20 puntos fue algo que nadie esperaba superar. Es más, apostaría que hasta hace dos o tres semanas muchos de nosotros no éramos ni siquiera conscientes de que ese récord existía, o de que Shai estaba cerca de batirlo. Pero el jueves por la noche, ante unos Boston Celtics que defendían como si les fuera la vida en ello, Shai simplemente hizo lo que Shai hace.
Amago de tiro, finta, elevación sobre Baylor Scheierman y canasta. Juego, set, partido e historia.
Hay algo fascinante en la forma en la que el jugador de los Thunder ha normalizado su nivel de excelencia. En una liga donde las estrellas suelen ser descritas con metáforas de explosiones o tormentas, Shai es más bien como una marea constante. No te das cuenta de que te estás ahogando hasta que el agua te llega al cuello y él ya lleva 22 puntos en el tercer cuarto sin haber despeinado ni uno de sus trenzados. Es la culminación de un proceso de reconstrucción en Oklahoma City que se estudia en las escuelas de ejecutivos de la NBA (que las hay), un ejemplo de cómo la gestión de activos se convierte en el dominio de una competición cuando encuentras a un líder capaz de ignorar el ruido exterior.
Sin embargo, para entender la magnitud de este récord, tenemos que hablar de la naturaleza misma de la consistencia. Shai dice que su vida es una línea recta: lo que come, cuándo duerme, cómo se recupera. Lo dijo hace un par de años en una entrevista televisiva tras un partido. Es un metrónomo humano en una liga que suele preferir el jazz caótico. Estamos ante un hito que define su fiabilidad.
Sí, bueno, podríamos recordar también que en la pasada carrera hacia el anillo de los Thunder, Shai tuvo un partido donde se quedó por debajo de la barrera de los 20 puntos en aquellos Playoffs. Vaya novedad, incluso los semidioses sangran. Sin embargo, en el sagrado libro de reglas de la NBA los récords de rachas de partidos se rigen por la ley de la Temporada Regular, y no se cuentan los Playoffs, para bien y para mal.
Para este récord de 127 partidos lo que cuenta es la rutina y consistencia diaria, el viaje a Indianápolis un martes de febrero o aguantar el tipo en un back-to-back en la altitud de Denver. Esa es la verdadera tortura china de la NBA, y ahí es donde Shai ha demostrado ser de acero. Su último partido por debajo de los 20 en temporada regular fue un ya lejano 30 de octubre de 2024 contra San Antonio, donde anotó 18. Desde entonces, ha sido un reloj suizo.
Para poner todavía un poco más en perspectiva lo difícil que es esto, miremos cómo se rompió la racha original de Wilt Chamberlain en 1963. No fue porque una defensa le detuviera, ya sabemos que nadie podía detener al tipo que podía levantar a Arnold Schwarzenegger con un solo brazo. Aquella racha se rompió por pura volatilidad humana.
El 20 de enero de 1963, en un partido contra los St. Louis Hawks, Wilt solo necesitó cuatro minutos para ser expulsado. Fue la única vez en su carrera que le echaron de un partido, si nos fiamos de los registros. La estrella se peleó con el árbitro novato Leo “Red” Oates por una falta pitada a un compañero. Dos técnicas rápidas y Wilt se fue a las duchas con solo seis puntos y un rebote, dejando su récord congelado en 126 partidos.
Shai, por el contrario, parece inmune a esas distracciones. Mientras que Wilt era una fuerza de la naturaleza emocional y física, y de la misma manera podríamos hablar sobre cómo Nikola Jokic o Luka Doncic dependen también de lo emocional, Shai es el resultado de la ingeniería moderna. Su True Shooting de 65.2% durante esta racha supera ampliamente al 53.9% de Chamberlain, aunque sabemos que Wilt no tenía línea de tres puntos y que el juego era radicalmente distinto. Pero Shai está anotando con una enorme eficiencia en la era de los esquemas defensivos más complejos de la historia, y no ha dejado llevarse por las emociones en ni una sola ocasión que pudiera romper la racha.
El contexto de los Thunder también es vital aquí. No estamos hablando de un jugador que infla números en un equipo perdedor, el síndrome de estadísticas vacías. OKC es el mejor equipo de la liga, los vigentes campeones, y Shai es el sol alrededor del cual orbitan todos los demás. Mark Daigneault lo definió perfectamente: la mayoría de los humanos, cuando alcanzan el éxito, se relajan. Shai parece que es lo opuesto. Es como ese tiburón que si deja de nadar, muere.
Incluso en una semana donde Bam Adebayo ha anotado 83 puntos, quizás haya sido por las circunstancias de este, pero tengo la sensación de que el récord de Shai se siente más pesado. Más… ¿real? Anotar 83 puntos en un partido es una anomalía, especialmente para un Bam Adebayo, y también en la manera en la que se produjo. Parece casi un accidente. Y algo fabricado al final. Anotar 20 o más durante 127 partidos consecutivos es una declaración de principios. Es decir “no importa lo que hagas, no importa cómo me defiendas, voy a llegar a mi cifra. Y lo más seguro es que mi equipo te gane igualmente”.
Mirando hacia el futuro, la pregunta no es si Shai ganará su segundo MVP consecutivo, algo que parece inevitable si los Thunder mantienen este ritmo tras sus actuaciones de esta semana, sino dónde está el techo de Shai. Lo dije en uno de estos vídeos de esta semana, a veces nos cuesta calibrar en qué escalones mentales ponemos a los jugadores, y desde hace unos años Shai es un reto constante porque cada temporada va siguiendo una línea ascendente de mejora. Y, en cuanto a registros, ya estamos hablando de alguien que va camino de ser dos veces MVP, quizás de tener dos anillos, de sumar unos cuantos All-NBA, y que ya tiene un récord de Wilt en su vitrina. Con 27 años. ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Qué lugar en el Olimpo le depara la historia?
Al final del día, el récord de Shai Gilgeous-Alexander es una pequeña victoria del método sobre el mito. Wilt Chamberlain siempre será el gigante que dominó una era diferente, un personaje que parece sacado de una novela de Gabriel García Márquez. Shai es el reflejo de la evolución del baloncesto hasta 2026: eficiente, imperturbable, estéticamente impecable y, por encima de todo, consistente hasta la náusea.
Esto sería “Lo ALGO MENOS MEJOR de la semana”.
Me niego a ponerlo como lo peor de la semana, porque un récord tan grande como este sigue siendo un récord enorme, pero me parece comprensible que hayamos tenido ciertas conversaciones alrededor de los 83 puntos de Bam Adebayo por la manera en la que se consiguieron.
Si miramos el boxscore de Adebayo, vemos algo que desafía la lógica de lo que entendemos por una “actuación dominante”. No fue un despliegue de elegancia técnica ni un trance místico donde el aro parecía una piscina olímpica. Fue una guerra de desgaste. Bam lanzó 22 triples y anotó solo siete. Pero lo verdaderamente demencial fueron los tiros libres: 36 de 43.
Esta parte vamos a hacerla en formato pregunta - respuesta:
1. ¿Merece el récord algún tipo de asterisco? La respuesta corta es no. La respuesta larga es que si empezamos a poner asteriscos, no dejamos ni un récord limpio. Tom haberstroh hizo esta misma semana ese ejercicio. ¿Ponemos un asterisco a los 100 de Wilt porque sus compañeros le pasaban el balón incluso debajo del aro cuando ya ganaban de paliza y el otro equipo quería irse a casa? (O porque no hay vídeo para que podamos corroborar el récord). ¿Se lo ponemos a los 71 de Robinson? ¿Se lo ponemos a las temporadas de 60 goles en el fútbol porque las defensas ya no son las de los años 70? Un récord es una acumulación de datos en un contexto específico. El contexto de Bam fue una defensa inexistente y un entrenador y compañeros dispuestos a todo, pero los 83 puntos subieron al marcador. Los tiros libres entraron. Los 22 triples, por muy dolorosos que fueran de ver, se lanzaron. La historia se escribe con tinta, no con lápiz, y la tinta de los 83 puntos es permanente. Además, Adebayo llevaba 62 puntos al entrar al último cuarto, antes de que comenzase el esperpento.
2. ¿Merece crítica la manera en la que se consiguió? Quizás no sea una crítica directa a Bam Adebayo, él solo hizo lo que creo que hubiéramos hecho todos, ni siquiera a Miami como institución. Al fin y al cabo, su trabajo es ganar y generar relevancia. La crítica debe ir hacia lo que se convirtió el partido: un simulacro de baloncesto. Cuando el deporte deja de ser una competición para convertirse en una caza de récords coreografiada, que es lo que fue el último cuarto, pierde parte de su alma. Es como ver un concierto de tu grupo favorito en el que en las últimas canciones se ponen a hacer playback. Te gustan las canciones, pero sabes que no hay magia. Lo que vimos en el último cuarto en Washington fue un esperpento, y eso siempre merece, al menos, un levantamiento de ceja.
3. ¿Debería haber parado Adebayo en los 81 partidos para honrar a Kobe Bryant? No, eso es una tontería. Siguiente pregunta.
4. ¿Se recordará cómo fue el final del partido siempre que se hable del récord? Seguramente sí, al menos mientras los que estuvimos vivos para verlo sigamos aquí dando la tabarra en los podcasts y en los artículos de opinión. Por ejemplo yo sigo leyendo críticas a David Robinson por cómo consiguió su título de máximo anotador hace tres décadas, pero ¿sabéis qué? Cada vez son menos. Con el paso del tiempo, las arrugas de la historia se alisan. Las nuevas generaciones de fans verán la lista de máximas anotaciones en una aplicación de realidad aumentada dentro de quince años y dirán: “vaya, ese tal Adebayo debía de ser una máquina de meter puntos, ¿no?”. El contexto se evapora, el número permanece. El 83 es un monolito que sobrevivirá a nuestras quejas.
5. ¿Volvería a verme de nuevo este partido alguna vez? No, ni de coña. Ver este partido una vez fue una experiencia antropológica fascinante, verlo dos veces sería una forma de tortura que probablemente esté prohibida por la Convención de Ginebra.
La NBA sigue su curso. La Tierra sigue girando. Y Bam Adebayo, para bien o para mal, ha grabado su nombre en el olimpo de los datos. Mañana volveremos a hablar del engaño de Morey con el primer apron, de lo que debe ganar Cason Wallace en su siguiente contrato (próximamente en NBA con Contexto) o de los rumores de traspaso, pero siempre nos quedará aquel martes de marzo en el que Washington fue el escenario de un crimen estadístico sin precedentes.
Estos han sido los temas de la semana en NBA con Contexto:
¿Estamos infravalorando la candidatura al MVP de Victor Wembanyama? Las matemáticas empiezan a darle la razón al alienígena francés.
La ecuación Jared McCain. Por qué los 76ers pensaban que le estaban vendiendo en su punto alto de valor, y por qué los Oklahoma City Thunder les están dejando en tan mal lugar.
La celebración del dolor en los Dallas Mavericks. Otra temporada más, los fans de los Mavericks estamos celebrando las derrotas.
También estuve charlando un rato en el canal de Basket365, es una pena el problema que tuvimos con el audio.
Esto de Steph Noh sobre Russell Westbrook no es muy largo, pero también es de lo mejorcito que he leído últimamente. Y además va en contra de una narrativa contra Westbrook que trataba de impulsar Matt Moore, así que doblemente bueno.
Enrique Peidro y su equipo están detrás de Fab Five Magazine, una revista online centrada en el baloncesto universitario, y ya está disponible su último número de este mismo mes de marzo, con un resumen de la temporada y un artículo sobre escándalos en la historia de la NCAA.
Tenemos nueva publicación sobre NBA en castellano en Substack: La Libreta de Streets
¿Quiénes son los responsables directos del cambio defensivo que han dado los Charlotte Hornets?
A ver si va a resultar que quienes cubrimos, seguimos e incluso amamos la NBA… ¿la tratamos como si fuéramos haters de la NBA?
Disfrutad de la NBA.









