Lo MEJOR y lo PEOR de una semana 15 muy política
Último sprint del mercado de traspasos y mucho más.
LO ¿MEJOR? DE LA SEMANA
Después de unos años en los que el activismo político de la NBA se había reducido al mínimo, la NBA ha vuelto a la palestra política en la semana pasada. Aunque la NBA como institución no se ha mojado, sí que lo han hecho unos cuantos de sus miembros importantes, y la decisión de aplazar el enfrentamiento entre los Golden State Warriors y los Minnesota Timberwolves tras el asesinato de Alex Pretti a manos de agentes federales no fue solo una cuestión logística de seguridad, fue un toque de atención. En una ciudad que todavía guarda las cicatrices de 2020, jugar al baloncesto sin hacer un mínimo gesto mientras el gas lacrimógeno flotaba cerca del Target Center habría sido el equivalente a poner un filtro de Instagram sobre una herida abierta.
Desde aquellos días de la Burbuja de Orlando, donde cada rincón estaba empapelado con mensajes sociales, la liga ha intentado, con mayor o menor éxito, alejarse del fango político partidista. Se percibe una cautela casi quirúrgica, una especie de pacto de no agresión, o quizás incluso miedo, para no entrar en colisión directa con la administración de Donald Trump, evitando que el deporte se convierta en el saco de boxeo de los mítines. Sin embargo, la gestión de la crisis en Minnesota ha recordado que hay momentos donde la neutralidad es simplemente imposible.
Lo que hemos visto esta semana es una NBA que, aunque no busque la pelea política frontal, porque institucionalmente Adam Silver no ha dicho ni mu, sí que entiende que no puede ofrecer un escape de la realidad cuando la realidad es que otro ciudadano como Alex Pretti termina muerto a manos del ICE. No se trataba de política, se trataba de humanidad básica en un estado que parece, por momentos, sitiado, y en el que Donald Trump ha planteado una de sus batallas más violentamente planificadas.
En el parqué de las opiniones, algunas de las estrellas han vuelto a marcar las diferencias. Karl-Anthony Towns, cuyo corazón está en los Timberwolves aunque ahora juegue en New York, no necesitó estar físicamente en Minneapolis para alzar la voz. Su mensaje fue directo: una llamada a la rendición de cuentas y a la transparencia. KAT entiende que Minnesota no es solo un equipo en su currículum, sino una comunidad que ha visto demasiadas tragedias similares en muy poco tiempo.
Por otro lado, la irrupción de Victor Wembanyama en este debate ha sido tan impactante como su más menos defensivo. El francés, saltándose las recomendaciones del departamento de relaciones públicas de su franquicia, calificó la situación de “horrorosa”. Es refrescante y, a la vez, preocupante ver a un joven de 22 años, extranjero, admitir que tiene miedo de las consecuencias de hablar pero que no puede callar ante el asesinato de civiles.
Incluso las voces de la vieja guardia, como Charles Barkley, han aportado la dosis de cruda realidad que el momento exigía. Barkley, que a menudo navega a contracorriente de lo políticamente correcto, fue simple y devastador: “Dos personas han muerto sin razón, y es simplemente triste”. En un ecosistema mediático donde muchos temen perder patrocinadores o enfrentarse a la ira de los algoritmos, y siendo yo el primero que muchas veces le critica por buscar la polémica fácil, Sir Charles no tuvo miedo a la hora de salir a hablar con honestidad.
Sin embargo, no todos los dardos han dado en la diana. Algunos mensajes han sido más tibios en una situación en la que, en mi opinión, no se puede andar con medias tintas. La respuesta de Anthony Edwards, por ejemplo, dejó un peor sabor de boca. Su “no sigo las redes sociales, yo rezo por todo el mundo” suena peligrosamente cercano a ese “All Lives Matter” que se usaba y usa para diluir la gravedad de incidentes específicos que aún siguen ocurriendo. Edwards, la cara de la franquicia y el héroe local, ha optado por un perfil tan bajo que roza la indiferencia, refugiándose en que está “fuera de las redes sociales” para no profundizar en el dolor de su propia comunidad.
Es una dicotomía interesante: mientras un recién llegado como Wembanyama asume el “coste” de su opinión, la estrella local parece preferir la seguridad de la zona de confort. Quizás sea el reflejo de esa fatiga que mencionan los analistas, un agotamiento ante la constante división de la política que empuja a algunos atletas a cerrar las ventanas y esperar a que pase la tormenta. Pero en Minnesota, las ventanas se están rompiendo, y el silencio de Edwards se escucha demasiado fuerte entre los gritos de protesta. O quizás sea que, como decía aquella frase que se le atribuyó a ese al que tanto decimos que se parece a veces, “los republicanos también compran zapatillas”. Por lo que sea, cuando a Edwards le comentaron lo que había pasado, no respondió con un “send da video”.
A pesar de estas sombras individuales, y del miedo institucional que parece haber ahora a posicionarse en contra de un Trump desatado, yo creo que el colectivo de la NBA ha aprobado con nota. El aplazamiento no fue solo por seguridad, fue un gesto de respeto hacia una ciudad que necesitaba espacio para respirar. La liga no puede cambiar las leyes de inmigración ni controlar a los agentes de ICE, pero puede decidir no ser el pan y circo que distraiga de la injusticia cuando la sangre aún está fresca en el suelo, dando un toque de atención y centrándola donde debe mantenerse aunque sea durante unas horas.
LO PEOR DE LA SEMANA
Parece que hay en marcha una competición entre los propietarios de la NBA para ver quién es el más éticamente reprobable. Tenemos monopolistas, gente que se lucra con hipotecas abusivas, otros que tuvieron una relación estrecha con Epstein, financiadores de criminales de guerra, y ahora también tenemos algunos cuyas compañías podrían haber cometido directamente esos crímenes. Tampoco es sorprendente. ¿Cuántos mil millonarios han hecho sus fortunas de manera limpia, sin saltarse los derechos humanos o pisar las leyes nacionales o internacionales aquí o allá?
El último informe de Pablo Torre, en una colaboración con Hunterbrook Media que parece sacada de una película de espionaje, ha puesto el foco en Robert Pera. El dueño de los Grizzlies, ese hombre que parece vivir en un búnker de silencio mediático mientras su equipo se desmorona entre lesiones y dramas de Ja Morant, tiene ahora un problema que no se soluciona traspasando a jugadores por rondas de draft. Según la investigación, la tecnología de su empresa, Ubiquiti, está sirviendo como el sistema nervioso central de las comunicaciones militares rusas en Ucrania.
No estamos hablando de que Putin use routers baratos de su empresa para ver Netflix. La investigación de seis meses detalla cómo las antenas de puente de radio de Ubiquiti son piezas críticas para que el ejército ruso coordine ataques de precisión con drones, en unos ataques que en Naciones Unidas se catalogan como crímenes contra la humanidad. Sin estas antenas, según testimonios de soldados ucranianos, los drones rusos estarían “volando a ciegas”. Es el tipo de conexión que te hace replantearte si el logo de los Grizzlies es el oso aquel en el que iba montado Vladimir Putin en el meme.
Lo más surrealista es cómo Hunterbrook expuso las costuras de este negocio. Utilizaron a un periodista infiltrado que se hizo pasar por un oficial de compras del ejército ruso. ¿El resultado? Casi una decena de distribuidores oficiales de Ubiquiti en todo el mundo aceptaron vender equipos prohibidos por las sanciones estadounidenses a Rusia. Incluso recibieron cartas de agradecimiento de militares rusos elogiando la tecnología de la empresa de Pera.
El propietario de los Grizzlies no es nuevo en estas lides de saltarse las normas. Ya en 2014, Ubiquiti tuvo que pagar una multa de medio millón de dólares por “desprecio temerario” a las sanciones al enviar equipos a Irán. En aquel entonces, Pera dijo aquello de “no puede volver a ocurrir. Si pasa, me meteré en problemas serios”. Bueno, Robert, parece que ha vuelto a ocurrir. Y esta vez, con el agravante de que algunos expertos aseguran que Ubiquiti tiene la capacidad técnica para rastrear dónde se activan sus equipos y bloquearlos, algo que aparentemente han decidido no hacer en el frente ruso.
Mientras tanto, en la oficina de Adam Silver, el silencio vuelve a ser ensordecedor. El comisionado, que siempre saca pecho con la ética de la liga y que fue implacable con los gestos de Ja Morant con sus armas en Instagram, o con sus celebraciones en la pista, se enfrenta ahora al jefe de Morant. O debería hacerlo. ¿Qué pesa más en el manual de conducta de la NBA? ¿Un jugador haciendo el tonto de manera irresponsable en redes sociales o un propietario cuya fortuna se dispara mientras su tecnología facilita masacres en Europa del Este? Es la hipocresía corporativa elevada a la enésima potencia, un doble rasero que pone sobre la mesa de Silver otro problema más, como si no tuviera suficiente con Aspiration y las investigaciones del FBI sobre las apuestas.
[Investigaciones del FBI que, por cierto, hemos sabido que podrían ampliarse en breve a más partidos de la NBA, y no solo los de Terry Rozier y Jontay Porter].
La ironía es que los Grizzlies están en un momento de reseteo de su organización, o eso parece desde fuera, intentando construir alrededor de Jaren Jackson Jr. y esperando que Morant recupere la cabeza o que sea traspasado. Pero, ¿cómo vendes estabilidad y valores cuando el tipo que firma los cheques está vinculado a la logística de una invasión? El equipo ya ha tenido suficiente ruido fuera de la pista, pero esto no es un altercado en un centro comercial con Ja Morant y cuatro colegas, es geopolítica pura y dura entrando por la puerta de atrás del FedExForum y de las oficinas de la NBA.
Para añadir más picante al guion, Pablo Torre también recordó esa anécdota deliciosa y aterradora que define el ego de Pera. Al parecer, una vez se cogió un cabreo enorme y amenazó con comprar a todos los socios minoritarios del equipo, incluyendo a Justin Timberlake, solo porque una mujer no lo reconoció y pensó que el cantante era el verdadero dueño mayoritario de la franquicia. Es el comportamiento clásico del villano de película que se molesta cuando no le dan reconocimiento. Si no me das el respeto que creo que merezco, te compro y te borro del mapa. Ese es el hombre que controla el destino del baloncesto en Memphis y uno de los 30 miembros de honor del club privado de milmillonarios que es la NBA.
Y luego está el entramado de influencias. Pera no es un pringado sin amigos, precisamente. Entre sus socios históricos aparece Josh Kushner, hermano de Jared Kushner, muy amigo de Adam Silver y yerno de Donald Trump. En la NBA, como en El Padrino, todo queda en familia. Con aliados en las altas esferas del poder político y financiero, y contactos directos con Silver, Pera parece confiar en que este temporal también pasará. La pregunta es si el público y los patrocinadores verán con los mismos ojos a un equipo que, de manera indirecta pero muy lucrativa, está conectado con la artillería de Putin.
Otro tema peliagudo, al menos tal y como yo lo veo: Hunterbrook no es simplemente un medio periodístico, y no solo ha hecho periodismo, también ha apostado dinero. Porque Hunterbrook es un medio de periodismo de investigación… y una firma de inversión. ¿Y qué es lo que hace? Aprovechar sus investigaciones para ganar dinero yendo en contra de aquellos a los que va a dejar con los pantalones bajados.
En este caso, por ejemplo, la empresa ha reconocido que ha operado en corto contra las acciones de Ubiquiti, apostando a que el valor de la compañía caerá tras estas revelaciones. Por lo visto, este es el periodismo de investigación del siglo XXI. Informa sobre el escándalo, pero no sin antes hacer una inversión económica para cobrar cuando el mercado reaccione a sus informaciones. Algo que habría hecho las delicias de cualquier tiburón de Wall Street de los años 80, pero que pone una presión financiera real sobre el patrimonio de Pera y que es también algo cuestionable desde el punto de vista periodístico.
Volviendo a Pera y a la NBA, lo que nos queda es la imagen de una liga que quiere ser un referente moral del deporte mundial, pero que tiene las manos atadas por el dinero de sus dueños. En su caso, Robert Pera compró los Grizzlies por 377 millones de dólares y hoy valen más de 3.500 millones. Ha multiplicado su inversión mientras su empresa se expandía por mercados donde la ética es un concepto opcional. Veremos si Adam Silver tiene el valor de aplicar la misma vara de medir que usa con los jugadores, o si, una vez más, el club de los mil millonarios tiene sus propias reglas de juego.
Legalmente, la NBA tiene un mecanismo para situaciones que huelen a podrido, y se llama la “Constitución de la Liga”. Aunque el Convenio Colectivo regula la relación con los jugadores, es la Constitución la que rige el comportamiento de los dueños bajo la famosa cláusula de “conducta perjudicial para la liga”. El artículo 35(d) es el mazo que Adam Silver puede sacar cuando un propietario empieza a manchar la imagen de la liga. Si se demuestra que Ubiquiti violó sanciones federales de manera sistemática para alimentar al ejército de Putin, Pera no se enfrentaría a una multa de 25.000 dólares por criticar a los árbitros, tendría delante la posibilidad real de ser expulsado de uno de los clubes más exclusivos del mundo.
Ahí es donde volvemos al escudo político que Pera ha construido a su alrededor. Tener a Josh Kushner como socio en los Grizzlies no es una coincidencia. En la NBA, las relaciones son una póliza de seguros. Las líneas que separan el deporte, la alta política y los negocios internacionales son tan difusas que parecen dibujadas por un niño pequeño. Pera ha sabido rodearse de la aristocracia estadounidense y de amigos de Silver, lo que podría darle el margen de maniobra necesario para que esto quede en una multa administrativa y un tirón de orejas corporativo.
Pero pongamos que el comisionado se levanta un día con fuerzas y decide tomar una decisión drástica. Para forzar una venta, como ocurrió con Donald Sterling tras sus comentarios racistas, o la presión que llevó a Robert Sarver a salir de Phoenix, se necesitaría que el 75% de la Junta de Gobernadores (el resto de dueños) vote a favor.
Y aquí es donde viene el spoiler: seguramente no llegarían a ese porcentaje.
Los dueños de la NBA son como las familias de la mafia. Salvo que uno mee demasiado fuera del tiesto, como Sterling, se protegen entre ellos porque nadie quiere que se empiece a mirar demasiado cerca de sus propios negocios. De manera realista, la única posibilidad real de que Pera tenga un problema serio o pueda perder su franquicia de la NBA es si el Gobierno de Estados Unidos decide que Ubiquiti ha cometido un delito federal. Ahí sí que es donde el resto de propietarios podría soltar la mano de Pera más rápido de lo que los Sixers soltaron la de Markelle Fultz.
Porque ningún propietario quiere romper el código silencioso del club de la NBA, pero nadie quiere tampoco que el Departamento de Justicia empiece a hacer preguntas incómodas sobre los negocios turbios de unos y otros en las cenas de gala de la liga. Hay unos cuantos propietarios que podrían verse en un apuro.
Estos fueron LOS MEJORES PARTIDOS de la semana
Cortesía del SofiAlertBot de La Crónica desde el Sofá, que valora cada partido disputado del 0 al 5 sin spoilers.
Toronto Raptors - Orlando Magic 🛋 4.6/5 Sofis
Charlotte Hornets - Dallas Mavericks 🛋 4.5/5 Sofis
Sacramento Kings - Philadelphia 76ers 🛋 4.5/5 Sofis
Orlando Magic - Cleveland Cavaliers 🛋 4.3/5 Sofis
Los Angeles Lakers - Chicago Bulls 🛋 4.3/5 Sofis
Y el honor de perpetrar el peor partido de la semana lo tuvieron…
Portland Trail Blazers - Boston Celtics 🛋 1.1/5 Sofis
CONTEXTO con texto
Seguimos de cierre de mercado, así que mucha dosis de rumores también esta semana:
Análisis del calendario restante: ¿quiénes lo tienen más complicado de aquí al final de la temporada?
El viernes estuve con Pepe Brasin comentando el Washington Wizards vs Los Angeles Lakers en DAZN. Entre problemas técnicos externos y un partido decidido en el minuto 5, la cosa se puso cuesta arriba. Al menos aparecieron Luka Doncic y una buena dosis de humor.
SE COMENTÓ EN EL TUITER…
La saga del traspaso de Giannis Antetokounmpo se ha convertido en ese invitado que no sabe cuándo irse de la fiesta, cambiando de nuevo la energía de la temporada regular… ¿quizás ya con una resolución definitiva en breve?
Tras meses de filtraciones calculadas y declaraciones que dejaron a sus compañeros a los pies de los caballos, parece que finalmente tendremos fumata blanca antes del trade deadline o este verano. Es el final de un goteo agotador de rumores que ha visto a Giannis jugar al despiste, manteniendo una fachada de lealtad en Milwaukee mientras, de puertas para adentro, el motor del cambio ya rugía a plena potencia.
Lo más frustrante es cómo el ecosistema de medios en estos casos va directo a morder el anzuelo, y me incluyo en la lista de culpables. Nosotros mismos alimentamos esta maquinaria de contenido infinito que prioriza el rumor sobre el parqué, porque lo que se filtra desde las oficinas vende y mueve mucho más que lo que pasa en la pista. Estamos atrapados en un bucle donde cada podcast y cada columna, incluidas las mía, vomita una propuesta de traspaso diferente cada semana, ignorando que el resto de la liga sigue girando.
Poner el foco en el mercado de fichajes también es un mecanismo de defensa de los analistas ante una liga que se ha vuelto impredecible en muchos sentidos. Es bastante más fácil debatir sobre el último rumor publicado por Shams, Stein o Fischer que explicar por qué una defensa zonal está haciendo que la defensa de los Lakers parezca decente por momentos. Para lo segundo hace falta cierta formación y un mayor esfuerzo. Cualquiera de nosotros puede dar una opinión sobre un rumor de traspaso, aunque también se necesite cierto nivel de conocimientos para ver cuáles de ellos son realistas o no, especialmente desde el punto de vista del convenio.
El traspaso de Giannis, cuando se produzca, será un evento sísmico que alterará las narrativas de la NBA, pero probablemente no el resultado de estos Playoffs. Los movimientos de esta magnitud a mitad de temporada rara vez se traducen en un éxito inmediato, especialmente con un jugador que no termina una postemporada sano desde 2022. Sus constantes problemas físicos no solo ponen en duda su impacto inmediato, sino que añaden un halo de enigma sobre su futuro a largo plazo: una vez que llegue el traspaso, y con 31 años… ¿estaremos ante el último gran intento de ganar un anillo de una leyenda o ante el inicio de un declive físico que ningún cambio de aires podrá frenar?
LA SEMANA QUE VIENE en la NBA
Estos son los cinco partidos que más me interesa ver en la semana que entra:
Denver Nuggets en Detroit Pistons, martes.
Denver en New York Knicks, miércoles.
Minnesota Timberwolves en Toronto Raptors, miércoles.
Oklahoma City Thunder en San Antonio Spurs, miércoles.
Houston Rockets en Oklahoma City Thunder, sábado a las 21.30 y con Gerard Sole y servidor en los comentarios en DAZN.
CARRUSEL NBA
Una ración de gráficas interesantes y un argumento que se puede debatir: ¿es Jamal Murray el mejor lanzador actualmente de la NBA?
Los Orlando Magic no pueden permitirse no hacer nada de nuevo en este mercado.
Parece que cada semana aparece un nuevo jugador de la NCAA que parece buenísimo en mi timeline. Esta semana ha sido Keaton Wagler.
Cooper Flagg y Kon Knueppel nos dejaron esta semana un duelo espectacular, el segundo mejor partido en el sofascore, y una promesa: que cada enfrentamiento que tengan en los próximos 15 años será un must see.
Cinco jugadores bajo el radar que podrían mover este final del mercado de traspasos.
La ENCUESTA
Disfrutad de la NBA.





Que te parece lo de Deandre Hunter ?