Lo MEJOR de la penúltima semana de temporada regular
¿Estamos ante la carrera al MVP más profunda de la historia de la NBA?
Hay temporadas que se recuerdan por un campeón. De esas hay muchas. Prácticamente todas.
Hay temporadas que se recuerdan por un escándalo. Como Malice at the Palace.
Y luego hay temporadas que se recuerdan porque, en algún punto del calendario, te detuviste a mirar las clasificaciones, los marcadores y las hojas de estadísticas y pensaste: esto no puede ser real.
La temporada 2025-26 de la NBA puede terminar siendo una mezcla de las tres.
En lo referente al tercer punto, y cogiendo la lucha por el MVP como referencia, no se debe a un único protagonista, sino precisamente por la amplia terna de candidatos. En una liga que lleva décadas construyendo narrativas alrededor de la búsqueda de un mesías individual (primero Jordan, luego Kobe, enlazando con LeBron) el presente nos ofrece algo más profundo e interesante a la vez: al menos cuatro jugadores que, en cualquier otra época, habrían ganado el MVP sin apenas discusión, compitiendo simultáneamente por un mismo trofeo.
Cuando The Last Dance se estrenó en 2020, el mundo redescubrió a Michael Jordan y reafirmó un axioma que lleva décadas funcionando: las grandes épocas del deporte se construyen sobre figuras absolutas, sobre individuos que eclipsan todo lo demás. La cultura del MVP ha operado bajo esa misma lógica durante décadas. Pero la temporada actual se parece más a The Wire que a Los Soprano. Es un universo donde Shai Gilgeous-Alexander, Victor Wembanyama, Luka Doncic y Nikola Jokic coexisten en el mismo momento histórico, cada uno con argumentos sólidos de su lado. La carrera al MVP 2025-26, que durante buena parte del año pareció una competición entre SGA y Jokic, se abrió dramáticamente en los últimos meses con la irrupción de Wembanyama e incluso Doncic, abriendo la posibilidad a que exista una sorpresa en la votación final, aunque el último straw poll de ESPN haya echado algo de agua fría sobre ello.
Esta efervescencia no es accidental ni superficial. Por un lado tiene raíces estructurales, tanto en la evolución del juego como en el ecosistema económico y reglamentario que la NBA ha construido en los últimos años, así como en su apertura internacional desde los años de David Stern. Con los cambios de convenios y reglamentarios, desde las oficinas han moldeado el tipo de jugadores que hoy compiten por el galardón más individual del baloncesto colectivo. Y entender esos cambios es entender por qué esta carrera tiene la textura que tiene: urgente, impredecible, y con consecuencias contractuales que van mucho más allá del trofeo en sí.
Por otro lado, hay que hablar inevitablemente de un interés puramente económico más sucio, el ligado a las casas de apuestas. Yo no digo que el periodista de la web de la NBA escriba una lista de candidatos y sus comentarios de una manera determinada para que se favorezca que haya movimientos en las casas de apuestas. No, él lo hace porque necesita generar X número de clicks en su artículo, y el interés se mueve por la polémica y por dar por abiertas cosas que quizás estaban realmente cerradas. Pero las que más han movido el avispero han sido cuentas de esas que ahora llevan el pequeño logo de la compañía esa con la que colaboran Giannis Antetokounmpo y Kyle Kuzma, o la otra que hace vídeos y les coloca la publicidad de otro de esos sitios para tirar dinero, o de esa cuenta que agrega contenidos y de vez en cuando te cuela un anuncio de otra de las compañías de ese gremio.
Si el MVP fuera un examen de acceso a la universidad, Shai Gilgeous-Alexander llevaría todo el año entregando el trabajo perfecto y a tiempo, sin drama, sin excusas. El base de Oklahoma City Thunder lo hace absueltamente todo y con una eficiencia de élite mientras lidera a los Thunder hacia el mejor récord de la liga. Lo que hace especialmente convincente su candidatura no es ninguna actuación individual de escándalo, sino la acumulación: lidera la NBA en puntos en los momentos clutch, los últimos cinco minutos de partidos decididos por cinco puntos o menos, a pesar de que los Thunder son tan buenos que no suelen llegar a tener que sudar tanto para ganar. Eso es eficiencia dentro de la eficiencia. Una matrioska de dominio.
La narrativa de SGA también se beneficia de algo que los votantes del MVP valoran por encima de casi cualquier estadística, que es la constancia en las victorias. Desde la primera semana de temporada hasta la recta final, Gilgeous-Alexander ha sido el favorito indiscutible para llevarse el galardón, con su consistencia, durabilidad y credibilidad defensiva ofreciéndole múltiples vías para ganar el relato. En la historia reciente del premio, el jugador que lidera al mejor equipo de la liga tiene una ventaja estructural que ningún número en solitario puede compensar del todo. Solo siete veces desde 1985 ha ganado el MVP un jugador cuyo equipo no terminó primero o segundo en su conferencia.
Hay momentos en que el deporte produce algo tan fuera de los parámetros conocidos que los sistemas de evaluación existentes simplemente no saben cómo procesarlo. Victor Wembanyama es uno de esos momentos en la historia del baloncesto. El pívot francés ha promediado 28 puntos y 11 rebotes y 4.2 tapones solamente en el mes de marzo, y ha sido el factor más determinante en la transformación de los San Antonio Spurs en una potencia de primer orden en el Oeste, hasta el punto de intentar pelearle a los Thunder el primer puesto de la conferencia hasta el último momento.
Lo que hace única su candidatura es el ser élite histórica en defensa mientras cambia también la geometría del ataque. Wembanyama posiblemente sea el jugador más dominante en ambos lados de la pista si le damos un plus de peso a la defensa, con los Spurs marchando como segundos clasificado en el Oeste. Ningún otro candidato al MVP en la historia moderna ha combinado ese nivel de impacto ofensivo con el tipo de presencia defensiva transformadora que ofrece Wembanyama. El francés no tapona lanzamientos, redefine las geometrías del ataque rival. Los equipos cambian su selección de tiro y la distribución de sus jugadores solo con saber que él está en la pista.
Y luego está la declaración. Tras una victoria ante los Miami Heat, Wembanyama expuso públicamente su caso al mundo, detallando por qué merecía encabezar la carrera al MVP, algo inusual en un jugador de estas generaciones y que causó un impacto inmediato en la comunidad NBA. En una liga donde los jugadores jóvenes suelen moverse con cautela mediática, Wemby hizo algo que tiene más en común con Muhammad Ali que con cualquier estrella de la NBA moderna. Reclamó el trono antes de que nadie se lo diera. Y lo que ha sucedido desde entonces es que han sido muchos los participantes en los medios de comunicación que han adoptado el mismo mensaje y argumentos, como si de repente se hubieran cuenta que, anda, es verdad, ¡si la defensa es la mitad del juego y los Spurs han ganado mucho a los Thunder!
Existe un fenómeno psicológico llamado adaptación hedónica, que no es más que la tendencia humana a normalizar rápidamente aquello que antes consideraba extraordinario o que le hacía feliz. Nikola Jokic lleva siendo el jugador más completo del mundo seguramente desde hace más de cinco temporadas y, en consecuencia, el mundo ha dejado de maravillarse. Sus promedios siguen siendo estratosféricos, va camino de terminar por segunda temporada consecutiva promediando un triple doble, y tiene a unos Nuggets que, oh, sorpresa, han sufrido unas cuantas lesiones, cuartos del Oeste, con factor cancha a favor y aún con la posibilidad de pillar a los Lakers. En cualquier otra temporada de los últimos quince años, esos números habrían desatado un debate nacional sobre si estábamos ante uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Este año, apenas consiguen mantenerle en la conversación, y hasta tiene pinta de que puede quedar tercero.
La realidad es que el mundo del baloncesto se ha insensibilizado ante los números de Jokic y la grandeza que aporta cada noche, a pesar de ser ya un tres veces ganador del MVP. Es el problema del maestro que siempre entrega obras perfectas. Llega un punto en que los críticos dejan de valorarlas porque ya las dan por descontadas. Sin embargo, Jokic sigue siendo el único jugador del planeta que puede amenazar un triple-doble de 20 puntos, 20 rebotes y 20 asistencias en la misma noche, y eso no debería ser trivial en ningún universo racional.
La historia de Luka Doncic en esta temporada tenía algo de “historia de venganza” clásica de Hollywood. El esloveno lideraba a los Lakers en anotación y va a terminar llevándose el título al mejor anotador de la temporada por su promedio actual. Su irrupción definitiva llegó después del All-Star, la acumulación de actuaciones de 40 puntos en el tercio final nos despertó a sus seguidores, muchos de nosotros aún escocidos por el tratamiento que se le había dado a finales de febrero cuando los Lakers no funcionaban, y convenció incluso a más de un votante de que su candidatura merecía ser tomada en serio. En marzo, Doncic fue nombrado Jugador del Mes en la Conferencia Oeste promediando 37.5 puntos, 8.0 rebotes, 7.4 asistencias y 2.3 robos. Era el candidato que llegaba caliente, con viento de cola y con el argumento estadístico más puro de todos, y tenía por delante dos choques contra los Oklahoma City Thunder para intentar meterse unos votos más en el bolsillo.
Y entonces ocurrió lo que no debía ocurrir.
En el tercer cuarto de la derrota abultada de los Lakers ante Oklahoma City el 2 de abril, el primero de esos dos partidos presentados como un duelo que podría influir en los votantes del MVP, Doncic intentó atacar el aro ante Jalen Williams, se detuvo en seco y se desplomó en el suelo agarrándose el isquiotibial izquierdo. Abandonó el partido con 7:39 por jugar en el tercer cuarto. Las imágenes daban miedo teniendo en cuenta el historial de Doncic, no por el contacto, porque no lo hubo, sino precisamente por eso. El partido era una paliza desde el primer momento, las posibilidades de que Doncic tuviera una grandísima actuación para seguir escalando en su lucha del MVP ya se habían perdido, pero en ese momento no fueron solo sus esperanzas de ganar el premio las que se esfumaron.
Doncic terminará entrando en los quintetos All-NBA, creo que la reclamación que van a presentar los Lakers para que no le sean tenidos en cuenta los dos partidos que se perdió por el nacimiento de su hija va a prosperar, pero eso ahora mismo es lo de menos. Una vez más, como ya sucedió en 2024 y especialmente en 2022, Doncic se lesiona justo antes de los Playoffs. Y las previsiones indican que, si todo se ajusta a los plazos habituales, se perderá al menos toda la primera ronda. Y no es que los Lakers sin Doncic presenten demasiadas garantías de que puedan llegar a superar esa primera barrera.
¿La más profunda de la historia? El veredicto histórico
Para responder con rigor a esa cuestión hay que hacer el ejercicio comparativo que la pregunta exige. ¿Qué otras carreras al MVP han reunido semejante densidad de talento?
Los candidatos históricos son varios. La temporada 2012-13, con LeBron James dominando absolutamente mientras Kevin Durant, Carmelo Anthony y Chris Paul tenían argumentos sólidos. La temporada 1999-2000, donde Shaquille O’Neal, Allen Iverson y Kevin Garnett competían en circunstancias muy distintas. La temporada 1987-88, con Jordan emergiendo y Magic Johnson en su plenitud. Pero, si mi memoria y mi pequeña investigación no me fallan, en todos estos casos había un dominador claro desde el primer mes, alguien que solo necesitaba no colapsar para ganar, mientras los demás competían por el segundo puesto.
También nos podemos remontar hasta la temporada 1961-62, en las que se vieron las caras Jerry West, Elgin Baylor, Bill Russell, Wilt Charmberlain y Oscar Robertson, con victoria final para Bill Russell, una de las que siempre se mencionan como la carrera más dura por el MVP, pero sinceramente yo no la recuerdo.
Lo que diferencia la temporada 2025-26 de las que sí que recuerdo es precisamente la ausencia de ese dominador sin competencia. Aunque el último straw poll de ESPN da a SGA una ventaja considerable, ahora mismo contamos con tres jugadores que tienen argumentos legítimos para ganar el trofeo. Y eso que estamos dejando de lados candidaturas como las de Cade Cunningham (lesión mediante) o Jaylen Brown, y sin tener en cuenta que Giannis Antetokounmpo también podría haberse metido de haber tenido una temporada sana.
Que Jokic, con tres MVPs ya en su vitrina, pueda ser visto como el tercer favorito en una carrera al MVP, dice más sobre el nivel de la competencia que cualquier análisis individual que podamos hacer. Es como si en el mismo torneo de ajedrez coincidieran Kasparov, Karpov, Fischer y Tal en su mejor momento. El resultado importa, claro. Pero lo verdaderamente extraordinario es la coincidencia en el tiempo.
Todo ello ocurre al mismo tiempo, en el mismo momento, en la misma liga.
Eso, en sí mismo, ya es historia.
Esta semana hemos tenido tres temas en NBA con Contexto:
La batalla por el quinto puesto del Este. Si somos críticos, ninguno lo merece. Pero todos tienen un caso interesante que exponernos.
Modo vídeo ON: sobre los intereses que hay detrás de la revivida carrera por el MVP de la NBA.
Adam Silver quiere hacernos otro truco. Los motivos por los cuales me da miedo la reforma de la lotería del draft que puedan hacer.
La locura de abril: hasta que comiencen los Playoffs, la versión de pago de NBA con Contexto tiene un 20% de descuento.
Hoy acortamos la newsletter porque, como muchos en estas fechas, he aprovechado para pasar unos días en mi pueblo soriano de referencia (si no tienes uno se te asigna de oficio), pero sí que os dejaros un enlace recomendado.
Porque si Javi se digna a escribir, hay que leerlo.






