Cómo arreglar la temporada regular de la NBA en 10 sencillos pasos
Respondiendo a la gran pregunta: ¿cómo mejorar la temporada regular?
A pesar de todo lo que va bien en la liga, especialmente en lo económico, y últimamente también en las audiencias, creo que la NBA tiene un problema que no podemos obviar.
No es un problema de talento. Yo soy de esos que piensan que hay más talento en la liga ahora que en cualquier momento de su historia. No es un problema de dinero, pues el acuerdo televisivo de 76.000 millones de dólares ha asegurado que los propietarios puedan bañarse en monedas de oro como el Tío Gilito.
El problema es el producto. Product, motherfuckers. Product.
Y, en concreto, el producto de los seis meses que tenemos de preámbulo antes de que empiece el baloncesto “de verdad” en abril. A todos se nos olvida ahora porque tenemos los Playoffs recientes, pero en diciembre, enero o febrero estaremos otra vez hablando de ello. Es la paradoja de la abundancia, nunca ha habido tanto baloncesto disponible y, sin embargo, nunca ha costado tanto prestarle atención a veces incluso para los que somos unos frikis de esto.
Adam Silver ha intentado arreglar esto haciendo trucos de magia frente a nosotros como si fuéramos niños pequeños a los que tiene la labor de distraer. “¡Mirad, un torneo de mitad de temporada! ¡Mirad, canchas de colores neón que os queman las retinas! ¡Mirad, una app que hace que el partido parezca una película de Marvel!”. Los Knicks ganaron la NBA Cup en diciembre contra los Spurs y ahora mismo apostaría a que la mayoría de los aficionados no sabría decirte quién la ganó el año pasado.
Pero los trucos de magia funcionan hasta cierto punto. El aficionado medio no es tonto. Todos somos capaces de ver esas fases de la temporada en las que los jugadores no se están esforzando al máximo. Sabemos cuándo estamos viendo un partido que seguramente no tenga ninguna consecuencia. Y saben que, en el gran esquema de las cosas, la temporada regular se ha convertido en una mera formalidad. Vivimos en la era de Netflix, si la temporada regular fuera una serie de 82 episodios, el público haría scroll hasta el episodio de los Playoffs y diríamos que, del resto, la mayor parte son episodios de relleno.
Así que aquí está mi plan maestro con 10 puntos para devolverle el alma a la temporada regular. Adam, si estás leyendo esto, toma nota.
1. El problema más evidente: 82 partidos son demasiados
Empecemos con la verdad incómoda que Adam Silver nunca querrá admitir porque hay demasiado dinero en juego: el calendario actual está totalmente desfasado y es propio de otros tiempos. Fue diseñado en una época en la que los jugadores viajaban en vuelos comerciales y fumaban en el descanso.
Hoy, con la velocidad y la exigencia física del juego moderno, 82 partidos es una invitación a las lesiones y a la apatía generalizada del público. La importancia de cada partido es relativa cuando al día siguiente o dentro de dos días juegas otro partido. Por eso siempre digo que la temporada regular NBA es el McDonalds del deporte estadounidense, la fast food que no deja recuerdo.
La temporada regular de la NBA es una trituradora, y cada vez parece que más. No se trata solo de que los jugadores estén cansados, es que el producto sufre. Cuando tienes a estrellas gestionando sus cargas de trabajo y sentándose en partidos clave, estás estafando al cliente que ha pagado por ver tu mejor producto.
La solución: reducir la temporada a 60 o 65 partidos. Sé que tanto jugadores como propietarios tendrían miedo a una reducción de los ingresos, pero ahí creo que son un poco cortos de miras y demasiado conservadores. Porque el asunto central de este punto es que la escasez crea valor. La NFL es el rey de los deportes americanos porque cada partido es un evento importante. Si juegas 60 partidos, cada noche importa, o al menos lo hace más que si juegas 82. Eliminas los back-to-backs, reduces las lesiones y aseguras que cuando Luka o Tatum pisen la cancha, estén al 100%. Menos inventario, pero un producto de mayor calidad. Sería, precisamente, primar la calidad sobre la cantidad. Es lo que nos enseñó la economía básica y lo que empresas como Apple llevan décadas aplicando. Cóbrame más, pero dame algo que merezca la pena.
2. La devaluación de la clasificación a la postemporada
Actualmente, 20 de los 30 equipos tienen alguna oportunidad de postemporada gracias al Play-In. Eso es el 66,6% de la liga. En comparación, la NFL admite al 43,75%. Cuando dos tercios de la liga pueden decir que han estado en la postemporada, aunque sea por un partido de Play-In, eso deja de tener mérito.
(Sí. Si la temporada regular es la temporada, el Play-In es postemporada).
Se ha creado un ecosistema donde la mediocridad es recompensada. Un equipo puede hacer dar pena la mitad de la temporada, encender el interruptor en marzo y colarse como décimo clasificado. Esto diluye la urgencia de los meses de invierno.
La solución: volvamos a la exclusividad. Solo los 8 mejores por conferencia deberían tener garantizado el pase. Si quieres un Play-In, porque al final son más partidos y más dinero de televisiones y entradas, hazlo entre el 8º y el 9º de cada conferencia, y solo si no hay una diferencia de más de 3 partidos entre ellos. Total, ningún 7º se ha quedado sin Playoffs y ningún 10ª se ha clasificado hasta ahora.
El Play-In fue una idea ingeniosa para generar contenido televisivo, pero ha acabado funcionando como un colchón de seguridad que desactiva la urgencia competitiva durante cuatro meses.
3. La inflación estadística se soluciona con defensa
Si miramos las estadísticas de la NBA actual, parece que estamos jugando a un videojuego con los trucos activados. En marzo, Bam Adebayo anotó 83 puntos contra Washington, superando los 81 de Kobe Bryant y colocándose como la segunda mayor anotación individual de la historia, solo por detrás de los 100 de Wilt Chamberlain. Dos noches después, Shai Gilgeous-Alexander rompió otra marca de Chamberlain que llevaba 63 años intacta: 127 partidos consecutivos anotando al menos 20 puntos.
Ahora, ¿cuál fue la reacción del público? No fue asombro reverencial. Fue un encogimiento de hombros colectivo, e incluso un arqueamiento de cejas. En el caso de Adebayo, hubo una legítima controversia, porque los minutos finales de aquella paliza a los Wizards se convirtieron en un ejercicio casi de cooperación entre ambos equipos para que Bam llegara a la cifra. ¿Era baloncesto o un reality show? Lo peor es que me parece que se sigue legislando la defensa fuera del juego. Las reglas actuales, sumadas al boom del triple, favorecen tanto al ataque que hemos roto la escala histórica.
Además, tenemos el problema del foul-grifting, y creo que la NBA no está haciendo lo suficiente al respecto. Ver a jugadores lanzarse contra los defensores para sacar tres tiros libres es insultante para el espíritu del juego. Es hora de que la NBA vuelva a tomarse en serio las normas anti flopping, que se empiece a señalar a quienes lo hacen.
La solución: permitir que las defensas defiendan. Tan sencillo como eso, aunque la realidad sea más complicada. Eliminar la regla de los tres segundos defensivos. Dejar de pitar faltas por el mínimo contacto en el perímetro. Que se permita la fricción. Necesitamos que anotar sea difícil otra vez para que, cuando suceda, sea especial. Que un partido de 83 puntos sea de verdad un acontecimiento y no un accidente producido por reglas que lo permiten. Y no, no hace falta que volvamos décadas atrás: en los meses finales de la temporada regular 2023-24 vimos que era posible cuando la NBA cambió los criterios arbitrales de la noche a la mañana.
4. La crisis de identidad visual y narrativa
Hablemos de algo que me molesta profundamente como purista estético y como pollavieja que se hace mayor: si no fuera porque elijo los partidos yo mismo en diferido en el League Pass, es posible que me costase un rato diferencias a los equipos por sus equipaciones. Pones la televisión y ves a los Lakers vestidos de negro y a los Celtics de verde neón. Las canchas cambian cada semana. Es un caos visual.
A diferencia de la MLB (donde los Yankees son los Yankees) o la NFL, la NBA cambia sus uniformes y diseños de cancha a una velocidad vertiginosa. Esto, sumado al constante movimiento de jugadores, impide que los equipos desarrollen una identidad. Hace una década, sabías que los Grizzlies de “Grit and Grind” te iban a dar una paliza física y sabías perfectamente con qué uniforme lo iban a hacer, o que los Rockets de D’Antoni iban a lanzar 50 triples. O en día es más complicado establecer identidades con tanta variación visual y de jugadores.
La solución: estabilidad. Dejar de sacar cinco uniformes diferentes cada año. Que los equipos tengan una identidad visual estable. Y en cuanto a las plantillas es todavía más difícil, porque ya pocos incentivos más se pueden dar para que se produzcan más extensiones, más allá de levantar un poco la mano con el segundo apron y el impuesto para repetidores. Eso ayudaría a que los equipos retengan a sus núcleos. Las rivalidades orgánicas nacen de la familiaridad. Necesitamos odiar a un equipo por lo que es durante cinco años, no por quién está allí esta temporada pero la que viene estará en otro lado porque no quieren sobrepasar el segundo apron.
5. No caer en trampa de los cuartos de 10 minutos
Adam Silver ha insinuado hace unos meses la idea de reducir los cuartos de 12 a 10 minutos para que los partidos duren menos de dos horas, imitando el éxito del béisbol con el reloj de lanzamiento.
Por qué es una mala idea: Silver lo vende como una mejora para el aficionado, pero leamos entre líneas. Menos tiempo de juego no significa menos anuncios, significa la misma cantidad de anuncios embutidos en menos tiempo de acción. En tiempo real los partidos durarían lo mismo, porque habría 8 minutos totales más que aprovechar para meter anuncios entre cuartos. Y eso lo digo yo, que veo casi todos en diferido y los anuncios me dan lo mismo.
Además, si reduces el partido a 40 minutos, las estrellas como Doncic o Edwards seguirán jugando sus 36-38 minutos. ¿Quién pierde? Los jugadores de rol. La profundidad de plantilla sería menos importante. Los jugadores clave seguirían jugando lo mismo.
No necesitamos partidos más cortos, necesitamos partidos con mejor ritmo. Menos tiempos muertos, revisiones arbitrales más cortas. Esta temporada solo hubo 15 partidos que durasen menos de dos horas de tiempo real. El problema no es la duración del juego en sí, sino todo lo que rodea al juego.
La solución: limitar las revisiones arbitrales a 90 segundos. Si no puedes ver la falta en 90 segundos en cámara lenta 4K y con ayuda de la central de árbitros de Secaucus, la decisión tomada en la cancha se mantiene. Punto. Nada mata más el clímax de un final apretado que tres minutos de árbitros mirando un monitor mientras los jugadores se enfrían y a los aficionados les bajan las pulsaciones.
6. Prohibir la protección de picks de Draft
Este punto va a ser más corto aún porque la NBA ya ha tomado lo que cree que es una buena medida al respecto del tanking, y yo al final me he ido convenciendo de que puede que no esté mal, especialmente con esa zona de “descenso” de probabilidades para los tres peores equipos, algo que castiga a los verdaderamente malos pero puede darle algo de emoción a la parte final de la temporada.
A pesar de eso, y de que ya se ha prohibido proteger los picks del rango del 12 al 15, el que se puedan proteger los picks par el top 12 aún puede dar lugar a situaciones en los que los equipos prefieran perder en los meses finales de la temporada.
La solución: prohibir la protección de picks en los traspasos. Si traspasas tu elección, la pierdes, punto. Si quieres meter un pick en un traspaso, le tienes que echar un par. Esto también contribuiría a que haya menos equipos con incentivos para perder al final de la temporada.
7. Relajar un poco el segundo apron y el impuesto repetidor
Y ya que hablamos de mecánicas internas de la liga, cómo no vamos a hablar del segundo apron y del impuesto de lujo para repetidores. Como ya he explicado en varias ocasiones y escrito recientemente, para mí van de la mano, y en muchos aspectos se está echando la culpa al primero de lo que realmente tiene que ver con lo segundo.
El segundo apron (no) tiene la culpa de todo
Brad Stevens pronunció en la rueda de prensa posterior al traspaso de Jaylen Brown una frase que podemos considerar que se ha convertido en una guía a seguir en todas las oficinas de la NBA.
No soy ningún ingenuo, y sé perfectamente que, una vez que los propietarios han conseguido instalar un límite salarial duro de facto, no hay vuelta atrás. Bye bye NBA del despilfarro sin control, los dueños de la liga se han encargado de introducir unos mecanismos que obligan al autocontrol. Ahora, eso no quiere decir que no se pueda levantar un poco la mano para aquellos que lo merezcan.
La solución: establecer mecanismos que aligeren la carga de las restricciones deportivas y las penalizaciones económicas para aquellos jugadores que han sido drafteados o han firmado su primer contrato en la NBA por la franquicia en cuestión.
Este verano tenemos dos ejemplos: Jaylen Brown y Lu Dort. Uno fue drafteado por los Boston Celtics y el otro fue undrafted pero los Oklahoma City Thunder le dieron su primer contrato garantizado. Este verano ambos equipos han optado por traspasarlos por motivos económicos. El propio Brad Stevens lo decía en su rueda de prensa, y creo que tiene razón: debería haber algún tipo de sistema para que este jugador cuente en un porcentaje menor al de su salario de cara al límite salarial.
No sé qué fórmula debería ser, si que cuente un 70% o un 80% de su salario, o que en el caso de los jugadores que firman un máximo este sea hasta de un 35% pero a efectos de límite, aprons y lujo cuente como el 25%. Pero debería haber ese “premio” establecido como un atenuante a estos elementos en el sistema.
8. Darle una vuelta al sistema salarial
Y ya que hablamos de los contratos máximos de los jugadores, recientemente escuche a alguien argumentar que el sistema salarial de la NBA está mal planteado, y creo que tiene toda la razón.
Cuando un jugador llega a la NBA tiene cuatro años de escala rookie en la mayor parte de los casos. Sus cuatro primeros años de carrera se pasan en esa escala controlada por las franquicias, que en algunos casos paga más de lo que debería ganar, pero en muchos otros se queda muy por debajo del valor real del jugador. Sus siguientes cuatro años el máximo es de un 25% del límite salarial, salvo que, a través de diferentes logros, se suba ese porcentaje al 30%, a no ser que renuncies, como Wembanyama. Así se han pasado habitualmente 8 años de la carrera del jugador.
Teniendo en cuenta cómo son las carreras de los jugadores ahora mismo, su mejor rendimiento está dentro de sus 10 primeras temporadas en la NBA, 12 en algunos casos, y luego se inicia el declive. Pero un jugador no puede tener acceso al máximo del 35% hasta que tiene al menos 10 años de experiencia en la liga, y solo puede tener acceso antes en la firma de su tercer contrato y si ha cumplido con ser All-NBA, MVP o DPOY. Esto lleva a que ahora alguien como Donovan Mitchell firme un super máximo del 35%, a punto de cumplir 30 años, y con un salario de 75.5 millones de dólares en la temporada en la que tendrá 34 años.
¿No debería alguien como Donovan Mitchell haber estado cobrando un máximo de un 35% ahora, en sus mejores años, y que después descienda al 30% según vaya entrando en declive? Esto lleva a situaciones en las que ese merecido premio del máximo del 35% se convierte en un problema, porque lleva a salarios desorbitados para jugadores que ya entran en años.
La solución: los jugadores deberían poder tener acceso al máximo del 35% antes, y que ese porcentaje baje al 30% a partir de los 10 años de servicio, en vez de subir. Así tendrían acceso al dinero diferencial cuando son diferenciales, y evitaría problemas cuando ya tienen una edad. Sé que nunca va a pasar, porque los propios jugadores no lo permitirían. Los que tienen el control del sindicato son veteranos que saben que los pesos pesados jamás lo aceptarían. Pero tendría mucho más sentido un sistema que fuera 25% - 35% - 30%.
9. No expandirse y recolocar franquicias en su lugar
Esto es duro porque, como fan de una franquicia de la NBA, no le deseo a nadie quedarse sin su equipo favorito. Incluso siguiéndolas desde la distancia, y supuestamente despojados de ese arraigo a la tierra, si hoy cogieran a los Dallas Mavericks y los trasladaran a Las Vegas, como se pensaban algunos que iba a pasar porque era inconcebible que alguien fuera tan idiota como la rata, no sé si seguiría siendo fan de la franquicia. Por eso sé que es algo delicado que no le deseo a nadie.
Me interesa mucho la idea de la expansión. Desde un punto de vista de análisis de contenido NBA, abre muchas posibilidades. El regreso de los Sonics a Seattle me emociona de verdad, es una injusticia histórica que lleva 18 años esperando para ser reparada. La idea de Las Vegas con un equipo NBA me parece que tiene menos sentido cultural, pero entiendo el interés. Y sí, con cuotas de entrada que podrían alcanzar los 7.000-10.000 millones de dólares por franquicia, y con cada propietario actual recibiendo un cheque de al menos 500 millones, entiendo que es algo muy tentador.
Pero es fácil argumentar que, en cualquier caso, añadir dos nuevos equipos puede hacer que la temporada regular sea peor. Más equipos significa más talento diluido, más partidos irrelevantes. La NBA no tiene 30 mercados potentes ahora mismo, y la cuestión de fondo es institucional. Los ingresos nacionales de televisión son extraordinarios gracias al contrato de 76.000 millones, pero los ingresos regionales se están hundiendo. Es una paradoja, la NBA es globalmente rica y localmente pobre.
¿Qué problema de los que tiene la NBA en la actualidad se soluciona añadiendo dos equipos más? Ninguno. Absolutamente ninguno. Se trata de una cuestión puramente de llenarse los bolsillos.
Puede ser impopular sugerir que el interés en el baloncesto se beneficiaría más de la relocalización que de la expansión, y ya digo que no deseo a nadie que lo sufra en la franquicia de la que es fan. O, más bien, es impopular una vez que empiezas a nombrar qué ciudades concretas crees que serían candidatas a perder sus equipos. Pero supongo que la mayoría estaría de acuerdo en que 30 equipos son más que suficientes, y que algunos mercados simplemente no están rindiendo como podrían.
La solución: no expandirse. Sé que esto es predicar en el desierto de una NBA a la que le hacen chiribitas los ojos con el dinero que puede ingresar, pero, aunque sea un mazazo para algunos mercados y sus seguidores, la mejor solución a largo plazo para la NBA sería relocalizar franquicias en vez de crear dos equipos más.
El club de los (casi) 10.000: ¿valen tanto dinero las franquicias en Seattle o Las Vegas?
Imagina por un segundo que eres un milmillonario en la cumbre de tu imperio. Estás sentado en una sala con paneles de caoba, bebiendo un whisky que cuesta más que el coche de tu asistente, y la persona que tienes delante, que te ha dicho que te quería comentar una oportunidad que ha surgido, te propone lo siguiente:
10. Las nuevas caras de la liga y cómo contar sus historias
Aunque los Playoffs de Victor Wembanyama fueron una señal de esperanza en esta cuestión, las audiencias de la jornada de Navidad demostraron que LeBron James, Stephen Curry y Kevin Durant siguen siendo los reyes. Los Lakers y los Warriors pueden ser equipos que pasen por etapas mediocres, pero la gente los veía y los ve por LeBron y por Curry. Ambos siguen siendo el centro gravitacional de la liga en cuanto a audiencias y repercusión en los medios.
La nueva generación está formada por jugadores fenomenales. Pero la liga no ha logrado vender sus historias de la misma manera. En muchos casos no hay narrativas emocionales que conecten al público general con ellos más allá de sus estadísticas. La gente no veía a Jordan solo porque volaba, lo veían también porque querían ver si los Pistons podían detenerlo. Necesitamos esa narrativa de héroes y villanos, no solo una colección de clips de Instagram y TikTok. Y necesitamos que el periodismo NBA deje de ser un agregador de declaraciones post-partido y se convierta en un contador de historias.
La solución: seguir el camino que han iniciado en NBC y Amazon, cuidando más el producto, poniendo más énfasis en las historias, hablando de lo negativo si lo hay, pero resaltando también y dando valor a lo positivo. ESPN está en un proceso en el que parece que se quiere convertir en algo parecido a Barstool, porque esa mezcla de polémicas y masculinidad tóxica parece que genera muchas interacciones, pero, con un poco de suerte, su competencia televisiva hace que corrijan el rumbo. Necesitamos que nos cuenten historias, que nos hagan interesarnos por los protagonistas y sus narrativas positivas, no solo por el morbo.
En definitiva, más baloncesto
La NBA se encuentra en una encrucijada extraña. Económicamente es un gigante, pero culturalmente me da la sensación de que está en un punto raro. El aficionado medio siente que nada importa realmente hasta mayo. Los récords estadísticos caen como hojas en otoño y nadie se acuerda a las 72 horas. Las televisiones regionales se desmoronan, los jugadores sufren cada vez más físicamente por culpa de un calendario triturador, mientras los propietarios empiezan a planificar ya lo que van a hacer con los billetes de la expansión. Y el convenio colectivo ha creado un sistema salarial tan complejo que necesitas un casi máster en derecho contractual para entender por qué tu equipo ha decidido traspasar a uno de sus jugadores más importantes a cambio de alivio salarial.
Señor Silver, no necesitamos una aplicación que haga que el partido parezca futurista o que nos haga parecer que estamos sentados en la primera fila. No necesitamos otro formato de All-Star del que los jugadores se cansen al año siguiente. Necesitamos urgencia, tensión. Necesitamos escasez. Necesitamos que ganar un partido de temporada regular en noviembre te genere la sensación de que es algo realmente importante.
Reducir el calendario, endurecer la entrada a los Playoffs, permitir que las defensas puedan hacer su trabajo, estabilizar la identidad de las franquicias, reestructurar el sistema salarial y renunciar a los millones de la expansión para no diluir el talento son pasos difíciles. Requerirían que los propietarios sacrificaran ingresos a corto plazo y que los jugadores aceptaran un entorno más competitivo. Pero si queremos que la NBA crezca en relevancia en la próxima década por motivos positivos y no se convierta en una mera fábrica de contenido para redes sociales, hay que tomar decisiones complicadas.
Mientras tanto, yo seguiré viendo los partidos, quejándome de las camisetas y esperando a que empiecen los Playoffs. Porque si hacemos esto es porque somos frikis que amamos este juego, incluso cuando hay veces que parece que hace todo lo posible para que no lo haga.







