Lo MEJOR y lo PEOR de la semana de la fumata naranja y la explosión de Luka Doncic
Sobre la victoria de las jugadoras en las negociaciones y el discurso alrededor de Luka Doncic.
Semana con noticias muy positivas, como el acuerdo para el nuevo convenio colectivo de la WNBA.
A altas horas de la madrugada del miércoles, bajo la tenue luz de los candelabros del hotel Langham de Manhattan, se cerró un capítulo y se abrió otro completamente nuevo en la historia del deporte profesional femenino.
Tras más de cien horas de intensas, productivas y a veces ásperas negociaciones a lo largo de ocho días ininterrumpidos, la WNBA y la Asociación de Jugadoras finalmente se estrecharon la mano. Hubo fumata naranja: hay un nuevo Convenio Colectivo de la WNBA sobre la mesa.
El acuerdo en el tiempo de descuento (la fecha límite que había puesto la liga era el 10 de marzo, ya vemos que era un ultimátum estratégico) garantiza que la temporada, programada para comenzar el 8 de mayo, arrancará sin retrasos. Pero más allá de salvar el calendario inmediato, este pacto certifica una recalibración absoluta del poder en la liga. Las jugadoras se han mantenido firmes, han resistido la presión institucional y han logrado una victoria frente a un sistema diseñado históricamente para mantenerlas a raya.
¿Podría haber sido una victoria aún mayor? Sin duda. Pero si consideramos que en estas disputas laborales los propietarios siempre parten con una inmensa ventaja estructural y financiera, este resultado solo puede tildarse de éxito monumental para todas las partes implicadas.
El nuevo acuerdo, estipulado para una duración de siete años con una cláusula de salida mutua al finalizar el sexto, reescribe por completo la arquitectura económica de la liga. Las estrellas de la WNBA y, lo que es más importante, la clase media trabajadora de la competición, están a punto de percibir, en conjunto, el salario medio más alto en la historia del deporte profesional femenino.
Las cifras que hemos conocido de momento dibujan un panorama que hace apenas un lustro habría parecido de ciencia ficción para el baloncesto femenino:
El límite salarial se dispara de 1.5 millones de dólares a la astronómica cifra de 7 millones de dólares, con la promesa de crecer a la par que los ingresos de la liga. La última propuesta de la liga superaba por poco los 5 millones, así que las jugadoras han logrado dar un último empujón de casi 2 millones.
El contrato “súper máximo” se fijará en un 20% del límite salarial, lo que se traduce en 1.4 millones de dólares anuales para empezar. Antes de las negociaciones se hablaba de que el nuevo máximo sería de alrededor de un millón.
El salario mínimo experimenta la subida más significativa para el ecosistema laboral: superará los 300.000 dólares. Para poner esto en perspectiva, la jugadora peor pagada de la liga a partir de este año ganará 50.000 dólares más que el contrato MÁXIMO permitido en la temporada pasada. Repito: el nuevo mínimo, será superior al anterior máximo.
Este último punto es quizás la victoria más importante del acuerdo, aunque pueda afectar al baloncesto europeo, porque acaba de un plumazo con la necesidad de que las jugadoras tengan que encadenar agotadores contratos en el extranjero durante el invierno o buscar segundos empleos para mantener un nivel de vida sostenible. El baloncesto femenino estadounidense se convierte, por fin, en una carrera a tiempo completo a todos los efectos.
Y lo hace con otros beneficios como que las jugadoras que están embarazadas tengan derecho a veto de traspasos, por ejemplo. En 2024 Dearica Hamby denunció a Las Vegas Aces por considerar que el año anterior la habían traspasado por estar embarazada. Ahora las jugadoras que estén embarazadas podrán decidir en caso de traspaso.
Donde la unión y la liga realmente libraron la batalla más dura, y donde cambia totalmente el paradigma económico de la liga, es en el modelo de reparto de ingresos. La WNBPA ha conseguido asegurar aproximadamente un 20% de los ingresos brutos, y no netos, de la liga. De nuevo, la última propuesta que había puesto la liga sobre la mesa no llegaba al 15% de los ingresos brutos.
La diferencia entre bruto y neto no es un mero tecnicismo contable, es un cambio importante. Históricamente, atar los salarios de las jugadoras a los ingresos netos permitía a los propietarios aplicar deducciones y gastos opacos, haciendo casi imposible alcanzar los umbrales necesarios para activar el reparto de ingresos. Al exigir un porcentaje sobre el bruto, la liga se verá obligada a ser transparente con sus libros de cuentas. Es una concesión importante que significa que las jugadoras serán, por primera vez, consideradas como partes interesadas reales y significativas en el negocio que ellas mismas generan.
El fantasma de David Stern y el fracaso del manual antisindical
Para entender la magnitud de la victoria de las jugadoras, es imperativo analizar a qué se enfrentaban. La actual comisionada, Cathy Engelbert, intentó navegar esta crisis utilizando un viejo manual de instrucciones, el mismo que redactó el arquitecto original de la liga: el difunto David Stern.
A finales de los 90, Stern utilizó el inmenso poder corporativo de la NBA para aplastar ligas femeninas rivales y establecer un monopolio. Su enfoque era visionario pero implacable. En 2002, ante unas arduas negociaciones del convenio colectivo y una popularidad a la baja, Stern amenazó sin contemplaciones con cancelar la temporada 2003 si las jugadoras no claudicaban. Y probablemente no iba de farol.
Hoy, la realidad financiera es exponencialmente diferente. La liga superó sus objetivos de ingresos y repartió 16 millones de dólares extra a las jugadoras el año pasado. Los propietarios se embolsarán más de mil millones de dólares en cuotas de expansión en los próximos seis años, y las valoraciones de las franquicias se han multiplicado por diez. Sin embargo, en un acto de sorprendente torpeza, durante meses la directiva de la WNBA intentó reciclar los grandes éxitos antisindicales de Stern frente a un grupo de mujeres que ya no estaban dispuestas a retroceder.
La oficina de la liga (recordemos que bajo la supervisión de Adam Silver) subestimó la inteligencia empresarial de sus jugadoras. Menospreciaron públicamente su propio producto en un burdo intento de suprimir los salarios. Retrasaron las reuniones. Y lo más cuestionable: intentaron utilizar la vivienda, el sustento básico de las jugadoras con salarios más bajos, como moneda de cambio para forzar concesiones, algo por lo que el sindicato peleó a brazo partido.
Incluso vimos filtraciones mediáticas diseñadas para dividir. Una carta firmada por Breanna Stewart y Kelsey Plum que cuestionaba la comunicación del sindicato llegó misteriosamente a la prensa, pero la táctica fracasó: una encuesta posterior reveló que el 84% de las jugadoras respaldaban plenamente la agresiva postura del sindicato. La liga impuso dos fechas límite arbitrarias amenazando con paralizar la temporada. El sindicato, inmutable, las dejó pasar de largo.
Aguantaron la mirada, y fue la liga la que finalmente parpadeó.
Nada de esto debería sorprender a quien haya estado prestando atención. El ecosistema ha mutado. La explosión del fenómeno Caitlin Clark, la llegada de los contratos NIL desde la universidad y la aparición de ligas disruptivas como Unrivaled han cambiado las reglas del juego. Las jugadoras han aprendido el negocio del baloncesto. Han entendido que el entretenimiento y la explotación suelen ir de la mano, pero que la negociación colectiva es la herramienta para romper esa dinámica. Terri Jackson, directora ejecutiva del sindicato, lo resumió en pocas palabras: es la era del “empoderamiento de las jugadoras”.
¿En qué posición queda Cathy Engelbert?
En esta nueva configuración de poder, la influencia de los propietarios de la NBA será cada vez más palpable. El aumento de los costes operativos obligará inevitablemente a algunos grupos de propietarios independientes a vender sus franquicias de la WNBA. Como ya vimos con el proceso de venta de las Connecticut Sun, esos equipos terminarán muy probablemente en manos de multimillonarios de la NBA.
A priori, esto es positivo para la liga. Cuanto más inviertan los dueños de la NBA en la WNBA, más se alinearán sus intereses y menos conflictiva será la división de la propiedad entre ambas ligas. De hecho, figuras como Clara Wu Tsai (copropietaria de las New York Liberty y los Brooklyn Nets), que estuvo presente durante los ocho días de negociación, fueron fundamentales para convencer al resto de dueños de acercarse a las cifras exigidas por las jugadoras.
Aquí es donde entra la figura de la comisionada Cathy Engelbert. Hay que reconocerle el mérito de haber logrado extraer más dinero de unos propietarios tradicionalmente reticentes, operando desde una posición sin demasiado poder coercitivo duro. Esto demuestra una mejora en sus dotes de comunicación interna y venta del producto hacia sus propios jefes.
Sin embargo, su gestión de cara al exterior y hacia el sindicato ha sido profundamente deficiente. Haber arrastrado a la liga al borde del abismo a base de tácticas condescendientes y un manual de los años 90 indica que no comprende del todo el clima laboral moderno. Sigo creyendo que Cathy Engelbert no se encuentra en una buena posición a medio plazo, y que su enfrentamiento con las jugadoras ha llegado incluso a lo personal. La WNBA necesita ahora un liderazgo diferente, un perfil mucho más ágil, colaborativo e innovador para gestionar un gigante del entretenimiento de miles de millones de dólares, que es en lo que se está convirtiendo la liga.
Todo apunta a que, una vez se estabilicen las aguas de este convenio, será reemplazada por una figura más acorde a esta nueva y colosal etapa.
El vertiginoso calendario
Habiendo esquivado el desastre de un cierre patronal, la liga se asoma ahora a un precipicio logístico: la offseason más corta e intensa de la historia de la liga. En apenas 51 días, las oficinas de los equipos deberán realizar una reestructuración completa de la competición.
Una vez que los abogados redacten y ambas partes ratifiquen el documento (probablemente antes del 1 de abril), este será el frenético calendario:
6 de abril - Draft de Expansión: Las nuevas franquicias, Portland Fire y Toronto Tempo, formarán sus primeras plantillas eligiendo jugadoras no protegidas del resto de los 13 equipos. Todo esto en pleno fin de semana de la Final Four universitaria.
7 al 11 de abril - Negociaciones de Agencia Libre: Se abren las puertas para que más de 100 jugadoras sin restricciones comiencen a negociar los contratos más lucrativos en la historia de la liga.
12 al 18 de abril - Firmas de Agencia Libre: Los acuerdos verbales se hacen oficiales.
13 de abril - Draft de la WNBA: En medio del caos de la agencia libre, las franquicias seleccionarán a la nueva camada de novatas universitarias (y no universitarias, como Awa Fam), apenas unos días después del final de su torneo. Las Dallas Wings vuelven a tener el pick 1 este año, con Azzi Fudd como favorita.
19 de abril - Inicio de los training camps: Las jugadoras deben incorporarse a la pretemporada de sus equipos, muchas de ellas en nuevas ciudades y con sistemas tácticos que aprender en tiempo récord.
8 de mayo - Tip-off: Comienza oficialmente la temporada regular.
Las jugadoras de la WNBA exigieron que se las tratara como lo que son: el motor de un negocio en plena ebullición. Han logrado transformar la estructura económica de su deporte.
Pero firmar un papel no resuelve mágicamente todos los problemas. Con las grandes cantidades de dinero también llegan expectativas gigantes. La liga aún tiene que atajar deficiencias graves, como el estado y la calidad del arbitraje, un problema que empañó demasiados partidos la temporada pasada y que dominará la agenda del comité de competición a finales de este mes. El poder estructural de la NBA ayudará a acelerar la profesionalización de las instalaciones y los estándares, mientras que las jugadoras seguirán aportando la energía y la narrativa que atraen a millones de nuevos espectadores.
Las repercusiones de este acuerdo resonarán durante décadas. Las jugadoras se han llevado un dinero que indica que ya son una gran liga, y han establecido un sistema de ingresos acorde a su estatus. Los propietarios, cada vez más ricos, también han asegurado su inversión a largo plazo.
La WNBA, tal y como la conocíamos, ha dejado de existir.
Es curioso cómo puede cambiar el discurso mediático en menos de un mes. ¿He dicho curioso? Perdonad, creo que la palabra que me quería salir era vergonzoso.
Han pasado exactamente 20 días desde que escribí esto sobre la cacería mediática que se desató sobre Luka Doncic a finales de febrero:
Chris Broussard declaró abiertamente que preferiría construir una franquicia alrededor de Cade Cunningham antes que con Luka. Colin Cowherd afirmó que el esloveno, a sus 27 años, “está envejeciendo rápidamente” y que su “atletismo está retrocediendo”, una afirmación que puede estar en lo cierto, pero que también resulta desconcertante que sea el centro de la conversación para un jugador que promedia 32 puntos, 8 rebotes y 8 asistencias. En el podcast de Bill Simmons, Max Kellerman estuvo argumentando cómo le parecía evidente que Jaylen Brown era mejor jugador que Doncic. Zach Lowe, por su parte, se cebó con su lenguaje no verbal y sus protestas a los árbitros, y llegó a decir que odiaba verle jugar por eso mismo.
Pues bien, esta ha sido la semana oficial de recogida de cable en la NBA. Zach Lowe se dedicó a hacer un repaso a todas las cosas buenas que había dicho de Luka a lo largo de la temporada. Kendrick Perkins, alguien de quien nos podemos reír todo lo que quedamos pero tiene voto para los premios de la temporada, finalmente admitió que tendrá que sacar a alguien para meter a Luka en su primer quinteto All NBA. No en la votación para el MVP, en el mejor quinteto. Lou Williams, que hace cinco días dijo que no pondría a Luka por encima de Cade Cunningham o Jaylen Brown, también pidió perdón. Lo mismo que Stephen A. Smith. Lo mismo que DeMarcus Cousins.
Claro, buena parte del problema está en los nombres. Fijaros en esos nombres. Salvo por Zach Lowe, quien ha notado el paso de los años y su BillSimmonsnización pero sigue estando por encima del resto, ¿cómo va a haber un discurso mediático sano o al menos equilibrado si esas son las voces a las que dan (damos) el altavoz? Y lo digo incluso pensando que la cosa ha mejorado esta temporada, en buena parte por la minimización del cuarteto hater de Inside The NBA, algo sobre lo que quiero escribir más en profundidad más adelante.
Con Luka Doncic, además, parece que no hay equilibrio. Siempre se va a los extremos, y eso se acentúa ahora estando en los Lakers. Cuando están bien, se le pone por las nubes. Cuando están mal, se le arrastra por el barro. Intentando apartar por un momento mi condición de fan de Luka, entiendo que sus puntos débiles pueden ser especialmente irritables, y que hay mucha gente que le ha cogido tirria desde hace tiempo por ello. Sus quejas a los árbitros. La gestión de su físico. Su esfuerzo defensivo. Son elementos que te pueden sacar de quicio, y que creo que, a la hora de la verdad, hacen que se le exija más que al resto, que se le coloque un baremo más alto.
Porque sus picos son tan altos, y empezaron tan pronto, que la exigencia siempre ha sido máxima. Su fase de luna de miel mediática terminó rápido y sin haber tocado el techo de un anillo o un MVP. Pero de ahí a tenerle durante buena parte de la temporada en comparaciones con Jaylen Brown o Cade Cunningham, en vez de con los dos principales candidatos a MVP o incluso Victor Wembanyama, va un trecho. Porque no es como si Luka hubiera irrumpido este año y no supiéramos de lo que es capaz. Ya lo habíamos visto muchas veces, pero se nos había olvidado, o pensábamos que igual ya no era capaz de llegar a tanto.
Es capaz, ya lo estamos viendo. Ahora habrá que ver durante cuánto tiempo es capaz de mantenerlo, porque lo ideal sería que este pico lo tuviera dentro de un mes, no ahora, pero como suele pasarle, sus equipos no tienen la capacidad de llegar a esta parte de la temporada sobrados, y sus “playoffs” empiezan un mes antes para intentar conseguir un buen posicionamiento y el factor cancha a favor.
En cuanto a la comparación con los dos mejores, para mí Shai ha alcanzado el nivel de mejor de la NBA tanto por capacidades como por regularidad. Es difícil ganarle en una comparación porque su techo de rendimiento quizás no llegue tan alto como el de Luka en sus noches inspiradas, pero su suelo también es muy alto, es regular, defiende bien, es un yerno perfecto… no hay un punto débil importante con el que poder rebajarle.
Nikola Jokic, por su parte, lleva cinco años siendo reconocido como el mejor del mundo, pero este año Shai incluso le ha pasado en el conjunto de estadísticas de eficiencia que siempre dominó. Ahora, si hablamos de las tres grandes críticas a Luka que mencionaba arriba, el tema de árbitros, de condición física y de defensa, creo que son tres elementos que también son muy criticables en el serbio, solo que este ya tiene detrás el reconocimiento de los MVPs, los anillos, y mantiene una efectividad de élite.
Volviendo a ponerme la camiseta de Luka, hace ya dos años que llegué al punto de que me dé igual que gane un MVP en su carrera en la NBA o no lo haga. Cuando hizo lo que hizo en la temporada 2023-24 antes de llegar a las Finales y la narrativa fue la que fue, lo di por perdido. Le ha tocado competir con una de las ternas de candidatos al MVP más buenas de la historia de la NBA, a la cual ahora se suma Victor Wembanyama, y ahora me parece muy probable que jamás lo gane.
Ahora, lo que no debería ser tanto pedir es que la conversación a su alrededor sea más equilibrada. Visto lo visto, entre las reacciones que generan él mismo y la camiseta que lleva, esto es lo que hay. Hoy son alabanzas. Y probablemente en mes y medio pasemos al otro lado del péndulo cuando los Lakers sean eliminados.
Cortesía del SofiAlertBot de La Crónica desde el Sofá, que valora cada partido disputado del 0 al 5 sin spoilers.
Los Angeles Lakers - Miami Heat 🛋 4.9/5 Sofis
Miami Heat - Houston Rockets 🛋 4.7/5 Sofis
Phoenix Suns - Boston Celtics 🛋 4.7/5 Sofis
Los Angeles Lakers - Houston Rockets 🛋 4.5/5 Sofis
LA Clippers - Dallas Mavericks 🛋 4.5/5 Sofis
Y el honor al peor partido de la semana se lo llevan…
Portland Trail Blazers - Brooklyn Nets 🛋 1.0/5 Sofis
Estos han sido los temas de la semana en NBA con Contexto:
Cason Wallace y el precio del potencial. ¿Cómo calculas el valor de una promesa?
Expansión a la vista: Adam Silver quiere iniciar ya el proceso. La NBA da el pistoletazo extraoficial de salida a la expansión.
La locura de marzo: ¿Puede Aday Mara replicar el impacto de Edey o Clingan? Aday Mara podría aprovecharse del impacto de otros gigantes que han llegado recientemente a la NBA.
Esta semana no he comentado ningún partido en DAZN, pero para la semana que viene tenemos al equipo de moda, los Charlotte Hornets, contra los Philadelphia 76rs, y a buena hora, las 23.00.
Disfrutad de la NBA.








